Las 5 mayores sorpresas en Monte-Carlo

Repasamos los resultados más inesperados en el primer Masters sobre tierra batida de la temporada, con finales inesperadas y números uno derrotados.

Fognini y Lajovic se abrazan tras la final de Monte Carlo 2019. Fuente: Getty
Fognini y Lajovic se abrazan tras la final de Monte Carlo 2019. Fuente: Getty

En tiempos de confinamiento el aficionado al tenis tiene la oportunidad perfecta para darse una vuelta por la videoteca y rescatar grandes momentos o partidos. En este caso, en Puntodebreak también divagamos y nos topamos con encuentros que, en dicho momento, fueron auténticos bombazos. Semanas inesperadas que se convirtieron en un título, partidos de resultado inexplicable... todo vale con tal de saciar nuestra sed de tenis. Tal y como hicimos en Indian Wells y en Miami, esta semana, en la cual se estaría disputando el Masters 1000 de Monte Carlo, repasamos las cinco mayores sorpresas que han tenido lugar en el torneo bañado por el Mar Mediterráneo.

1974. Andrew Pattison, campeón: ¿Alguien se atreve a recordar este nombre? Pattison llegó al número 24 del mundo, su mejor resultado en un Grand Slam fueron los cuartos de final del Us Open y "solo" ganó cuatro títulos a lo largo de su carrera. No es un palmarés tan distinguido como el de otros nombres que se coronaron en el Monte Carlo Country Club... y, sin embargo, Andrew batió a todo un número uno del mundo para ganar el mayor entorchado de su carrera. Este espigado jugador tiene una historia curiosa tras de sí: nació en Pretoria, Sudáfrica, pero su nacionalidad pertenecía a la República de Rodesia. Rodesia formaba parte del batiburrillo postcolonial en África, un Estado no reconocido que descendía de la colonia que allí estableció el Imperio Británico. Hoy día, Zimbabue ocupa lo que fue Rodesia del Sur, mientras que Zambia toma el territorio de Rodesia del Norte; mientras tanto, Pattison posee la nacionalidad zimbabuense a pesar de vivir en Estados Unidos. Sí, todo un lío. De todos modos, con respecto a lo que nos ocupa, el ex24 del mundo derrotó a Ilie Nastase en la final de aquella edición del 74. En aquel momento, el rumano era el número uno del mundo... él, el 49. Cabe recordar que en aquella era había dos circuitos que coexistían en el panorama tenístico: el WCT (World Championship Tennis), disputado de enero a abril, y el Grand Prix (predecesor del actual circuito ATP), que se disputaba de mayo en adelante y encuadraba a los cuatro Grand Slams (Australia se jugaba a finales de diciembre). Monte Carlo estaba encuadrado en el primero, y compartía fecha con otros dos torneos: Tokyo y Orlando. Aquella semana, a la vez que Pattison tocaba metal en Mónaco, Rod Laver y John Newcombe también alzaron un título. No es mala compañía, desde luego. Pattison nunca volvió a conquistar un torneo de tal calibre, pero puede presumir de ver su nombre junto al de otros grandes de este deporte.

2001. Arazi llega a la final en el Principado: De Hicham Arazi hablamos hace poquito como uno de los "Tres mosqueteros" del tenis marroquí. El zurdo de Casablanca entraba dentro del perfil de tenista con talento a raudales, pero algo e irregular y quizás falto de un pelín de potencia para llegar a cotas mayores. Su juego, cuando encontraba sus golpes, era una delicia, enroscando la bola a la perfección con su drive y tirando mucho de dejadas para confundir a su rival. Eso intentó ante Gustavo Kuerten en la final de Monte Carlo 2001, pero no fue suficiente. "Fue una gran semana para mí, espectacular. ¿La final? Pensé que iba a tener alguna posibilidad al principio, pero Kuerten no me dejó hacer nada", dijo el marroquí al reflexionar sobre aquella mágica semana, prueba irrefutable de la solvencia de Guga, que no perdía un partido en tierra desde el año anterior. Antes de llegar al Principado, Arazi solo había ganado cinco partidos en todo el año y estaba fuera del top-50, pero dejó Monte Carlo con la mejor semana de su carrera a sus espaldas y una forma de dejar su nombre en el recuerdo colectivo.

2016. Vesely se carga al número uno del mundo: Probablemente uno de los resultados más inesperados de la pasada década. Doha, Australia, Indian Wells y Miami: ese era el bagaje que traía consigo un Novak Djokovic en modo apisonadora, aplastando a todo lo que se ponía en su camino y enfilado hacia el principal objetivo de la temporada: alzar el trofeo en la Philippe Chatrier, ese que le había esquivado toda su carrera. El serbio había ganado todo lo ganable en los últimos meses, y por un momento dudó. Jiri se encargó de hacerlo humano ante el aluvión de grandes saques, su condición de zurdo y un temple exquisito para descolocar el ritmo de crucero de Novak gracias a numerosas dejadas. A día de hoy es la mejor victoria en la carrera del checo, que durante un tiempo fue una de las mayores promesas a nivel junior, pero que nunca acabó por colmar las expectativas que sobre él se pusieron. Eso sí, puede presumir de tener un H2H positivo ante Djokovic, algo que otros compatriotas suyos no (ejem, Berdych, ejem).

2017. Albert Ramos y el mejor resultado de su carrera: A río revuelto, ganancia de pescadores. Aquella semana de 2017 fue una forma de retrotraernos a un pasado en el cual los especialistas de tierra batida también tenían su hueco en los partidos por el título, donde la variedad se apoderaba del circuito. Murray era número uno del mundo, pero estaba en grandes dificultades para sostener la excelencia que lo había llevado ahí; Federer había decidido no llenarse las zapatillas de arcilla, y Djokovic ya había caído. Solo Nadal fue mejor que un Ramos que brilló más que nunca con su derecha y que se convirtió en un experto en llevar el partido a la extenuación física y mental. Así se impuso en el tercer set, decisivo, ante raquetas como la del propio Murray, Marin Cilic y Lucas Pouille. "He mejorado mi tenis, también mi revés. He mejorado mi condición física, también mi mentalidad. Tengo más confianza y por ello estoy consiguiendo mejores resultados que antes", declaró Albert, que jugó el mejor tenis de su carrera aquella semana.

2019. Fognini, Lajovic y la final más sorprendente de la historia de Monte Carlo: no se me caen los anillos si, repasando el historial de este torneo, catalogo a esta final de la más inesperada de la historia. Le añade épica, además, la trayectoria que llevó a Fognini a su primera final de Masters 1000: estuvo set y break abajo ante Rublev y Coric para luego barrer de la pista a un Nadal inmerso, todavía, en un pequeño periodo de dudas. Ver a Fabio en una final, considerando que hasta aquella semana llevaba un año mediocre, era sorprendente, pero sabíamos que por tenis podía dar el campanazo en cualquier momento. Sin embargo, la presencia de Dusan Lajovic sí que sorprendió a propios y extraños y fue fruto de una evolución en la que José Perlas puso su granito de arena. Campeón en Umag en 2018, el serbio dejó por el camino a Dominic Thiem y Daniil Medvedev, haciendo gala de un revés a una mano exquisito y mostrando un tenis sutil, con facilidad para montarse encima de la pelota; en definitiva, muy adaptable a la superficie donde ha cosechado los mejores resultados de su carrera. Fue Fabio el encargado de triunfar el domingo, pero probablemente aquella final fue un premio simbólico a esos jugadores que a veces están lejos de gozar del reconocimiento general pero que esconden una enorme calidad en su raqueta.

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