Pierre Bacchi, de los fogones a la silla

El juez de silla francés trabajó de cocinero en un restaurante hasta los 35 años. Hoy tiene en su poder la insignia de oro y es uno de los referentes en el circuito WTA.

Pierre Bacchi. Fuente: Getty
Pierre Bacchi. Fuente: Getty

No sabemos si forma parte de un trabajo previo o viene de serie, pero todos los jueces de silla del circuito suelen imponer un respeto casi intrínseco al verles ahí arriba funcionando. Desprenden esa confianza, ese aroma tradicional como si llevaran toda la vida haciéndolo, como si hubieran sido diseñados para el cargo, pero no siempre es así. Pierre Bacchi es un claro ejemplo de cómo puede cambiarte la vida siempre que uno se lo proponga. El francés dirigía su propio restaurante hasta una edad avanzada debido a la tradición familiar, hasta que un punto de inflexión le hizo cambiar su futuro.

“En cada generación de mi familia existe un chico que dirige un restaurante. Tuve un tío que dirigía uno de los mejores restaurantes de Francia, era muy famoso, pero siempre me repetía lo duro que trabajaba, siete días a la semana y solamente una semana de vacaciones al año. Una vez me dijo que su sueño era jubilarse a los 60 y empezar a disfrutar de la vida, pero murió seis meses después de cumplirlos. Ahí fue donde comencé a pensar en trabajar en este negocio… pero solo durante un tiempo. Era demasiado exigente y agotador”, explica en un reportaje para la WTA.

Ese click lo cambió todo. “Cuando cumplí los 35 años me puse a buscar algo diferente, algo que me sirviera para disfrutar de la vida desde ya mismo. Yo solía jugar a tenis pero no era muy bueno, solo era un fanático, aunque no realmente. Nunca seguí muy de cerca de ningún jugador, simplemente me gustaba el juego. Hasta que un día, hablando con Christian Bimes (ex presidente de la FFT), me preguntó por qué no me animaba a arbitrar, que estaban buscando personal. Me dio un contacto y lo dejó en mis manos”, confiesa el parisino sobre un momento crucial en su camino.

Aquel diálogo generó tal adrenalina en la mente de Bacchi que decidió romper con todo y empezar una nueva aventura. “Vendimos el restaurante en junio de 2002 y en julio ya estaba trabajando de juez de silla a nivel amateur. No tenía expectativas reales en cuanto al nivel de los eventos, de hecho, cuando comencé a través de la Federación Francesa me preguntaron si no era demasiado mayor para empezar esta carrera. Yo quería hacerlo lo mejor posible y ellos decidieron que la edad no sería un problema, así que apostaron por mí y me enviaron a las escuelas, pero nunca pensé nada más allá. Fue algo que llegó de manera natural”, recuerda con cariño el mismo que hoy presume de tener la insignia de otro dentro del circuito profesional.

Esa insignia llegó en 2016 cuando formaba parte del segundo equipo de árbitros en el circuito ATP, un grupo que dejó atrás cuando fichó en 2018 por el equipo titular en WTA. “El primer año fue un período de adaptación, nunca antes había trabajado con este equipo, pero me sentí muy aceptado por todos, era como si llevara con ellos toda la vida. Nos ayudamos mucho mutuamente, es algo necesario, si no eres paciente al principio entonces no funcionará. Obtener la insignia de oro puede ayudarte a tomar las decisiones correctas y saber qué debes hacer para ser un buen árbitro”, define el de 53 años.

Pierre cambió de vida gracias a la inspiración de su tío, a la conversación con Bimes y a un amor latente por el tenis que siempre había estado ahí. Hoy es más feliz que nunca con su trabajo y su familia, aunque no se olvida de su pasado. “Cuando estoy en casa trato que cada jornada sea un gran día. Todavía me gusta cocinar para mis amigos, organizo noches y cenas para ellos. Además, tengo la suerte de tener una esposa muy solidaria que me ayuda mucho y que acepta cuando tengo que irme seis meses fuera por trabajo. Me siento muy afortunado de tener un trabajo apasionante y una vida privada exitosa”. No hace falta pedir el ojo de halcón para confirmar que la decisión de Pierre fue más que acertada.

Comentarios recientes