La generación mágica del tenis marroquí

En la semana en la cual debería estar disputándose el torneo ATP en Marruecos, hacemos un repaso de los protagonistas de una generación de ensueño

Hicham Arazi y Younes El Aynaoui. Fuente: Getty
Hicham Arazi y Younes El Aynaoui. Fuente: Getty

Lo crean o no, hubo un momento en el cual Marruecos sentía absoluto fervor por el tenis. En torno a la segunda mitad de la década de los 90 y principios de la década del 2000, una pequeña nación del norte de África (el continente con menos tradición tenística) tenía a tres espadas establecidos en los puestos nobles de la clasificación ATP. Younes El Aynaoui, Hicham Arazi y Karim Alami daban brío a Marruecos, eran las estrellas de un deporte que empezaba a mover masas y los principales reclamos del torneo ATP que allí se disputaba.

En aquel momento se jugaba en Casablanca, estos últimos años en Marrakech. Lo que no cambiaba era el patriotismo de los aficionados, ávidos de ver a sus estrellas tratar de ganar el título. La más conocida probablemente sea Younes El Aynaoui, un tipo carismático con un juego equilibrado que llegó a ocupar el top-15 de la clasificación mundial. Ganador de 5 títulos ATP, el mejor jugador del país africano se ganó su plaza en base a 18 años en el circuito, coincidiendo el año de su debut con el del torneo marroquí en el circuito (ambos comenzaron su andadura en 1990). Casablanca, de hecho, le sirvió a Younes como rampa de lanzamiento, como admite en una charla con la ATP:

"Siempre disfruté jugando en Casablanca. Uno de los mejores recuerdos que tengo fue cuando era 400 o 500 del mundo y me dieron una invitación para jugar allí. Le gané a Thomas Muster en una de las pistas exteriores. No hay nada mejor que jugar en casa, siempre fue una semana especial para mí". Una de las primeras grandes victorias de El Aynaoui se dio en 1992; sin embargo, el marroquí no alcanzó sus mejores resultados hasta el inicio de la década de los 2000, rozando la treintena. Como tantos otros tenistas, necesitó alcanzar la madurez mental para que su tenis por fin despegase, algo que explica tomando el ejemplo de la primera final que perdió en casa.

"En la final de 1993 perdí ante Guillermo Pérez Roldán. Estaba nerviosísimo y eso es algo que siempre me ha ocurrido; lo puedo decir ahora, sufría mucho en los grandes partidos, en las finales. Pero di un gran salto a finales de mi carrera. Tardé mucho tiempo en organizarme, rodearme de la gente correcta: un preparador físico, un fisio y mi familia que viajaba conmigo. Esos años fueron una recompensa a todo lo que había luchado desde que tenía 16 o 17 años". Fue en 1999 cuando Younes consiguió su primer título como profesional en Amsterdam, pero probablemente la gente lo recuerde por otro episodio en su dilatada carrera.

Este se dio en 2003, con un El Aynaoui con cierto bagaje en la élite. Entonces alcanzó los cuartos de final del Open de Australia, su mejor resultado en un Grand Slam, y enfrente tenía a un joven Andy Roddick. Aquel duelo acabó convirtiéndose en el partido con el quinto set más largo de la historia del tenis (hasta ser superado por el Isner-Mahut). Fue épico, uno de esos thrillers nocturnos en Melbourne que tanto enganchan. Un duelo de poder a poder en el que, sin embargo, la moneda le dio cruz a Younes. Roddick se llevó el gato al agua por 21-19 y no permitió a El Aynaoui alcanzar sus primeras semifinales de Grand Slam. Eso sí, un año antes el marroquí se había quitado una de sus espinitas clavadas: vencer en casa. Tras derrotar a Guillermo Cañas en la final, con más de 7,000 espectadores en las gradas, el tenista de Rabat fue el segundo profeta en su tierra.

Porque sí, El Aynaoui (que acabó su carrera condecorado con la Medalla de Oro, máximo honor para un marroquí, entregada por el Rey Mohamed VI) no fue el único local que hizo las delicias de su público. Años antes, un menudo zurdo de técnica exquisita ya había conquistado el título en Casablanca. Hicham Arazi era número 56 del mundo cuando dejó el campeonato en casa por primera vez. La final de 1997, ante Franco Squillari, aún alberga un lugar especial en el corazón del que ahora es el Director del torneo. "Fue una semana mágica, increíble. Había muchísima gente fuera del estadio esperando a entrar, no había espacio. Cuando gané el partido con una derecha ganadora, mandé un beso al cielo. Tenía 23 años, era el inicio de mi carrera, pero me sentí aliviado, porque lo más complicado es ser capaz de cerrar un partido, justo cuando más presión existe".

Aquella victoria no solo fue un punto de inflexión en la carrera de Hicham; también en el apoyo que la gente empezó a darle al tenis. Consolidó la afición por el deporte en una nación apasionada por los suyos. "Cuando gané aquel partido la gente se volvió loca. Me reconocían por la calle, esa noche acabé de fiesta con mis amigos. Tenía sensaciones encontradas, porque era conocido, pero pensaban que no era lo suficientemente bueno como para ganar el título. Aquel título lo cambió todo y desde aquel entonces el apoyo de los marroquíes no ha cesado. Hasta el día de hoy, de hecho, en memoria de Younes, Karim (Alami) y mía. Aún lo recuerdan".

Arazi nunca más conquistó un título ATP, pero sí tuvo tiempo para hacer historia, convirtiéndose en el primer y único marroquí en alcanzar una final de un Masters. Perdió ante Gustavo Kuerten (Monte-Carlo 2001), pero aquella fue una semana que el talentoso zurdo nunca olvidará. Ahora, Hachim ayuda a los suyos desde el puesto de director del único torneo ATP disputado en África. "Ser director del torneo es genial. Cuando juegas no te das cuenta del trabajo del director del torneo y de su equipo. El tenis es un deporte individual, donde necesitas tener una mentalidad egoísta. Un tenista debe disfrutar del tiempo, porque pasa volando y eres afortunado de viajar alrededor del mundo. Cuando me retiré, empecé a pensar en lo afortunado que había sido. Aquella semana en Casablanca fue mágica".

Nuestros dos protagonistas, junto a Karim Alami (que no pudo conquistar el título en casa, pero sí llegó a la final en 1994), llegaron a estar de forma simultánea en el top-30 ATP. Fue una época mágica de un tenis marroquí que se aferra a ella, en un momento desértico en cuanto a grandes estrellas. Aún así, el recuerdo de esos tres mosqueteros siempre estará en la memoria.

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