Veinte años de la serie de los sillazos entre Chile y Argentina

Repasamos una eliminatoria de Davis que acabó convirtiéndose en una batalla campal. En Santiago llovieron sillas y piedras contra Argentina

Chile y Argentina, en una de las series más recordadas de Davis. Fuente: Getty
Chile y Argentina, en una de las series más recordadas de Davis. Fuente: Getty

El Parque O'Higgins de Santiago de Chile fue testigo de uno de los momentos más dantescos en la historia de la Copa Davis. Ya se sabe que los duelos entre chilenos y argentinos siempre hacen que salten chispas, fruto de una rivalidad entre países vecinos prácticamente instalada en la cultura de, por desgracia, muchos aficionados. Por desgracia, aquel día se traspasó cualquier línea ética o moral y la lluvia de sillas de madera y piedras obligó a Argentina a retirarse y dar por perdida la serie.

Aquel incidente vino precedido de la disputa de un partido de fútbol de las Eliminatorias al Mundial de Corea y Japón 2002. El 4-1 de Argentina en casa instó a los chilenos a crear el ambiente más vengativo posible, trasladando el fervor futbolístico a una cancha de tenis. Aquella eliminatoria se veía como una auténtica venganza, la forma de olvidar lo que había sido una humillación en el terreno de juego. Los códigos de respeto tenísticos, por tanto, se saltaron en repetidas ocasiones.

Argentina llegaba a la serie algo debilitada, con su capitán Franco Davin en casa debido a un problema de salud familiar. Alejandro Gattiker le sustituyó en el banquillo y transmitió calma y serenidad en todo momento (al igual que su compañero chileno, Patricio Cornejo). Ni eso fue capaz de acallar a la fanaticada chilena. Lo primero que debemos hacer, eso sí, es ubicar el contexto. Se jugaba en lo que ahora es el Movistar Arena, que en aquel momento era un estadio al que le faltaban por cerrar algunos flecos en la parte interior.

"No sé si ha habido algo tan violento en la historia de la Copa Davis. Recuerdo que se puso feo de verdad. El estadio era nuevo y no estaba terminado aún, era inmenso. La bandeja de arriba estaba a medio terminar y el día de partido estaba lleno de gente. Según dicen, y yo me lo creo, era público del fútbol, parecido a las barras bravas. También recuerdo que el supervisor no estaba a la altura de aquella eliminatoria", recordaba Sebastián Prieto en un reportaje de Tenis Sports. El doblista del equipo argentino ni tan siquiera pudo salir a pista en aquella serie. También Nico Massú confirmó esas declaraciones, alegando que "el estadio no estaba preparado, se habían puesto sillas de plástico para la ocasión. Creo también que estaban repartiendo cerveza arriba gratis, a la gente del fútbol".

Tras la victoria en 4 sets de Marcelo Ríos, líder chileno y en aquel momento número 8 del mundo ante Hernán Gumy, Mariano Zabaleta saltaba a la pista como líder de la nación albiceleste. Enfrente un jovencísimo Massú, aún lejos del top-50, con la misión de dar la gran sorpresa y dejar a su país en posición de rematar la serie en el dobles. El público chileno sabía de la, sobre el papel, desventaja tenística e hizo gala de toda clase de artimañas para desconcentrar al argentino. "El conflicto comienza porque el público de la parte de arriba, detrás de Massú, empezó a tirar monedas a la cancha. En un momento le lanzan algo a Zabala, que fue directo a agarrarlo. En ese momento el recogepelotas pasó corriendo, lo recogió y no dejó a Mariano cogerlo. El partido se puso áspero, y cuando sacaba Massú le pusieron warning de tiempo por el público, por conducta antideportiva. Le quitaron un punto y Massú se quedó parado, sin jugar. Cada vez la situación se puso más tensa, la gente se volvió loca, empezaron a tirar sillas y eso fue la catástrofe", relata el propio Prieto sobre el inicio de todo.

En aquel momento, Zabaleta caminaba firme hacia la victoria: iba break arriba en el cuarto set, a pocos juegos de cerrar el partido e igualar la serie. Ahí entra la figura del árbitro, Tony Hernández, que tardó una eternidad en tomar decisiones mientras el ambiente seguía caldeándose. Carreras hacia el vestuario, sillas de los palcos que volaban y Zabaleta, Gattiker y el equipo argentino de camino al vestuario escoltados por la policía. Y si decía que había un jugador más afectado por todo esto, ese fue Mariano: su padre, Carlos, tuvo que recibir 18 puntos de sutura al ser impactado por uno de los objetos que volaron. Ese, entre otros muchos detonantes, fue la razón por la cual el equipo argentino decidió renunciar a jugar lo que quedaba de serie, a pesar de las garantías del árbitro de reanudarlo a puerta cerrada.

"Tuvimos una charla todo el equipo y entre otros decidimos que no era el clima propicio para seguir jugando esta Copa Davis. A mí me dolió un poco porque no sabías cuándo podías volver a jugar la Copa Davis, de hecho no volví a jugar desde aquel entonces. Pero fue una decisión lógica, sobre todo por Mariano (Zabaleta). Fue quien más había sufrido: había jugado, había visto como su padre tenía la cabeza sangrando... para Mariano salir a la cancha tras lo que había pasado el día interior era ridículo, imposible. Como equipo teníamos que apoyar esa decisión. No creo que los dirigentes tampoco se retirasen para poner presión y ver si nos daban el partido por ganado, simplemente que las condiciones no nos permitían seguir jugando. Anímicamente fue un shock grande. La idea era jugar en otro momento, cancha neutral, pero creo que la ITF fue un poco injusta", declaró Mariano Hood, el otro doblista argentino que no pudo participar. Tras aquel partido, la ITF decidió castigar la retirada de Argentina.

Chile se llevó la eliminatoria por 5-0, pero el escándalo provocó que no pudiesen jugar como local durante 2 años, además de una multa económica. Lo curioso es que también Argentina se llevó otra multa, aunque de menor cuantía. Aquí, sin embargo, el dinero importa poco: aquel partido sentó un precedente. La escalada de violencia nunca se ha vuelto a repetir a tal nivel, y es algo positivo: el tenis aprendió hace 20 años cómo no comportarse.

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