Soderling y el desgarrador relato del final de su carrera por mononucleosis

"Mi mayor problema fue que en mi mente, no tenía botón de encendido y apagado", cuenta el sueco, que explica qué le llevó a enfermar en 2011.

Soderling y el desgarrador relato del final de su carrera por mononucleosis. Foto: Tennis Time
Soderling y el desgarrador relato del final de su carrera por mononucleosis. Foto: Tennis Time

La historia de Robin Soderling no puede escribirse sin recordar lo que pasó aquel 31 de mayo de 2009 en París. Rafa Nadal, dueño y señor de la tierra batida de Roland Garros, cayó de manera sorpresiva ante el sueco en octavos de final. Aún a día de hoy, en pleno año 2020, solo un hombre más ha podido repetir tal hazaña y ése no es otro que Novak Djokovic. A partir de entonces, Soderling empezó a ganarse un nombre en el circuito y a pisar finales de Grand Slam. Sus golpes planos (planísimos) y su potencia desde el fondo de pista metían miedo a cualquiera pero en 2011, una enfermedad le frenó en seco, la mononucleosis.

Solo tenía 27 años, pero nadie podía imaginar que ahí estaría el fin de la carrera del sueco. Estaba en el mejor momento de su carrera y ya nunca podremos saber qué habría sido de Robin si la mononucleosis le hubiera dejado poder competir. Hablando para Behind the racquet, Soderling cuenta cómo vivió todo ese proceso y lo duro que fue para él pasar de tocar el cielo con los dedos tras ganar a Rafa en París, a no poder ni siquiera moverse de la cama y preguntarse qué sería de su futuro. Un relato desgarrador.

"Retirarme fue una decisión extremadamente difícil. Jugué mi último partido cuando solo tenía 27 años. Aún me quedaban muchos años de tenis y estaba en el mejor momento de mi carrera cuando tuve la mononucleosis. Me diagnosticaron que estaba estresado, cansado y agotado. A pesar de esto, seguí jugando pero enfermaba en todo momento porque mi sistema inmune estaba débil. Dentro de mi mente, sabía que algo no iba bien. Aunque jugaba bien, tenía muchos altibajos, hasta que contraje la mono. Siento que la combinación de los entrenos con mi mal sistema inmunitario, me afectó. La mono fue lo último que mi cuerpo podía soportar.

Los doctores dicen que primero la contraje en Indian Wells 2011. No iba mal al principio, pero empeoró tras mi último torneo en Bastad. No pude salir de casa en seis meses. Solo después de un año empecé a sentirme mejor. Podía entrenar un poco pero al aumentar la intensidad, los síntomas regresaban. Me volvía el cansancio y la fiebre. Intenté volver en tres años distintos, pero no pude lograrlo. Fue muy frustrante. Pagué un peaje en mi mente y acepté que quizá nunca podría volver a regresar al tenis.

Cuando finalmente acepté la decisión de parar, fue difícil, pero también fue un alivio. Ya no tenía que luchar para volver y vivir en esta incertidumbre. Fue entonces cuando pude pensar cómo iba a vivir mi vida de nuevo. Al principio fue raro, porque ya no tenía que pensar en el tenis. Ya no me importaba regresar. Cuando estás muy enfermo, te das cuenta que tu salud es lo más importante. Es curioso, porque durante mi carrera, el tenis era lo único que me importaba. En aquel momento, solo quería ponerme bien.

Tiempo después, empecé a ver tenis en la tele y veía a los jugadores contra los que jugaba entonces. Empecé a desear el estar en la pista de nuevo, compitiendo. Mentalmente fue furo. Me tomó cinco años poder volver a entrenar de la forma en la que quería. Después de tanto tiempo, ya sentía que había pasado demasiado tiempo como para regresar y tampoco tenía la energía necesaria para hacerlo.

Hay momentos en los que me culpo a mí mismo, en los que desearía poder dar un paso atrás y no haberme tomado las cosas tan en serio. Vivía en esa burbuja donde todo era tenis. Ahora, lo veo solo como un deporte. Mi problema fue que no tenía ese botón de encendido y apagado. No podía cambiar mi mentalidad entre partidos, entrenamientos y tiempo fuera de la pista. En el tenis no existen tiempos fuera de temporada. Es un deporte que no te permite desconectar e incluso en vacaciones tienes que cuidar de tu cuerpo.

Si ahora miro atrás, desearía haber pensado en algo más que tenis. Desearía haber estudiado algo con 20 o 21 años, cuando ya empecé a pensar qué haría tras dejar el tenis. Las carreras en el tenis no son largas y el final llega más rápido de lo que crees. Tener algo en lo que pensar fuera del tenis, te permite quitarte un poco de presión. Pensaba que solo debía pensar en el tenis, respirar tenis todo el rato. Creo que esta no es la fórmula correcta.

La gente siempre se acuerda cuando gané a Nadal en Roland Garros 2009. Fue una gran sensación. Creo que nadie en el mundo esperaba que yo ganara ese partido. Fue extraño, porque justo después del apretón de manos, me di cuenta que no era la final. Pensé para mí mismo: 'No estés muy feliz, no te relajes'. No quería ser ese tío que ganó a Rafa pero que luego perdió en la final. Quería estar concentrado porque si te relajas, pierdes un partido de forma fácil.

En ese momento, no me di cuenta de lo que había logrado. Cuando llegué al vestuario, tenía como 350 mensajes y fue ahí cuando empecé a darme cuenta que aquello era grande. Aprecio el apoyo que tuve aquel día y que sigo teniendo por ganar ese partido pero la verdadera historia es Nadal. Nunca veremos a nadie ganar 12 Roland Garros de nuevo".

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