Marcelo Ríos y el camino hacia el Dorado

El chileno llegó hace 22 años a la cima del tenis mundial gracias a dos semanas portentosas. Miami vio la mejor versión del Chino, y nosotros la recordamos

Ríos celebra junto a su novia en aquel momento. Fuente: Getty
Ríos celebra junto a su novia en aquel momento. Fuente: Getty

Vayámonos a 1998. Sitúese en un entorno paradisiaco: hace una tarde de sol excelente, sin una nube en el cielo que altere tu tranquilidad. Delante de ti se encuentra una de las playas mejor conservadas de todo Estados Unidos. Agua cristalina, arena fina. Cayo Vizcaíno es el lugar donde todos querríamos estar, sobre todo en tiempos de cuarentena. Pasan las horas y, de repente, empieza a escucharse un pequeño estruendo.

Es un ruido de fondo. Poco a poco empieza a cobrar intensidad. Aguzas el oído y escuchas unos gritos distantes, pero perfectamente reconocibles. "Chi-le, Chi-le, Chiiii-Le". ¿Desde cuándo te has trasladado a Sudamérica? Los gritos prosiguen y ganan fuerza. De repente, una explosión de júbilo. Retumba por todo Miami: hay un nuevo número uno del mundo.

Entre vítores y cánticos se alza la voz de Mary Carillo, que comenta una masterclass de tenis. "Está jugando un tenis de número uno, Marcelo Ríos". Acto seguido, el Chino conecta un resto ganador sobre el servicio de Agassi. "Por favor, fíjate en eso, qué golpe. Está haciendo que Agassi parezca lento". Los winners llueven de su raqueta. Nadie lo puede parar. El contador llega a sumar 46 golpes ganadores ante uno de los jugadores más ágiles y veloces del circuito. ¿Estás loco, Marcelo?

La ocasión bien requiere un tenis de este calibre. Es curioso: sobre el protagonista de hoy se han escrito mil historias, algunas con más veracidad que otras. Sus peripecias fuera de la pista dan para un libro de aventuras. Dentro, Ríos juega para que la gente se divierta. Es un virtuoso y lo sabe, y a veces prefiere gustarse a buscar la solución más simple. Ejemplos, a montones. Recuerden aquella vez en la que se inventó una "Gillette" con retroceso ante Santoro y, una vez terminó el juego, se dirigió al umpire: "¿Es el mejor toque que has visto en tu carrera? ¿El mejor en tu carrera, no?"

Más tarde Santoro declaró que Ríos era "un genio". No había otra denominación posible. Sin embargo, el camino hacia el Dorado, hacia el número 1, se debía dar a través de la ruta más simple. A través de los derrapes y de las curvas escarpadas era imposible llegar a ningún lado. Marcelo decidió hacer un tenis mucho más pragmático, poniendo su cabeza e inteligencia al servicio de su raqueta. Todo fluyó solo. En 4 semanas, del número 7 del mundo al número 1. En Miami, ningún partido ejemplifica este cambio de actitud mejor que las semifinales ante Tim Henman. Ríos dejó que Henman firmase los juegos más espectaculares, con un tenis de muy poco margen, pero su serenidad y firmeza erosionó el juego de saque y volea del británico. Triunfó el más fuerte, y solo faltaba derrotar al Kid de las Vegas para poner a Chile en lo más alto.

Aquella final fue una verdadera exhibición de tenis. Marcelo demostró todas sus virtudes en un solo encuentro. Alejó, además, los vaivenes mentales tan presentes en su carrera. En cualquier otra situación, tras tener una bola de break para el 5-1 en el primer set, perderla y acto seguido ceder el saque hubiese significado tocar el botón de autodestrucción. Sin embargo, Ríos cerró la primera manga por 7-5, para disfrute de una grada de Copa Davis. Marcelo disfrutaba con el ritmo de bola que le daba Andre, y fue él quien se propuso adueñarse de la línea de fondo. Muy pocos pueden presumir de ello. Con el revés se defendía, con la derecha cruzada abría hueco y con la paralela finiquitaba. Cuando tienes en tu arsenal todos los golpes, construir los puntos a la perfección es mucho más fácil.

Acompañó también un saque que pilló por sorpresa a Agassi. El saque de zurdo hacia el revés, el que más daño hacía, pasó a mejor vida: las ventajas y los puntos gratis los construyó sorprendiendo por el lado de la derecha. Así lo respaldan las cifras: 13/14 puntos, incluyendo 5 aces, cuando el Chino sacó hacia la derecha de Agassi. No puedo decir que haya visto todos los partidos de su carrera, pero estoy seguro que este está entre los mejores. Marcelo fue todo seriedad, enfundido en una cara de póker que solo cambió cuando agarró la bandera chilena tras terminar la tarea.

"The Chilean Job", podríamos llamar a esa película. Ríos era número 1 del mundo y Miami pasaba a ocupar un lugar especial en su corazón. Y eso que, desde la entrevista pospartido en Crandon Park, era consciente de las posibles críticas... y también de cómo acallarlas. "Estoy jugando muy bien en todas las superficies. No he ganado un Grand Slam aún, pero juego 30 torneos al año, los Grand Slams solo son 4 y todos los jugadores juegan todos estos torneos al año. Así que si eres número 1 es porque eres lo suficientemente bueno”. Nada más que decir.

No fue el más constante, tampoco el más laureado. Sin embargo, Marcelo Ríos puede irse con la satisfacción de haber demostrado al mundo que su mejor nivel es igual de brillante que los golpes más extravagantes que pudiese imaginar. Fue esa versión la que, en aquella tarde soleada en Cayo Vizcaíno, lo llevó a la cima. El número 1 más bajito del mundo, sí, y también uno de los más talentosos. En partidos como el de Henman, o el de Agassi, lo pudimos disfrutar al máximo. Brindemos por ello.

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