Peter Lundgren: “La relación jugador-entrenador se está convirtiendo en un negocio”

El técnico sueco analiza cómo ha cambiado el circuito desde su etapa como jugador. “Cada vez hay menos trato personal, cada tenista se cierra a su entorno”.

Peter Lundgren en su etapa en los banquillos. Fuente: Getty
Peter Lundgren en su etapa en los banquillos. Fuente: Getty

No suele dar muchas entrevistas, los más jóvenes quizá ni le recuerden, ni siquiera como entrenador, pero el peso de Peter Lundgren en el devenir del circuito masculino debería ser reconocido más a menudo. ¿Cuántas personas pueden decir que han trabajado con Ríos, Federer y Safin en su vida en los banquillos? Posiblemente, los tres jugadores con más talento natural de la época moderna, pues con los tres estuvo el sueco trabajando. En una entrevista con Tenis Brasil, el coach de 55 años repasa las etapas con cada uno de ellos, además de hacer balance de cómo ha cambiado el circuito en las últimas tres décadas.

Pero antes de nada hay una pregunta que resolver: ¿a qué se dedica Peter Lundgren en estos momentos? “Todavía hago algunos viajes aquí y allá, pero ser entrenador a tiempo completo está fuera de mi discusión, especialmente después de haberme pasado 35 años de mi vida viajando por el circuito. Mi experiencia como full time coach ya pasó, sinceramente. Por otro lado, sí estaría dispuesto a viajar unas 10-12 semanas al año, aunque tampoco estoy buscando ese tipo de trabajo. Para llevarlo a cabo, necesitaría recibir la invitación del jugador correcto”, confiesa el de Gudmundra.

Como bien dice, esos tiempos de volar por todo el mundo cada semana ya quedaron atrás. Primero como jugador, donde llegó a estar entre los 25 mejores del ranking, levantar tres títulos ATP y sumar más de cien victorias oficiales. Más tarde, le vendría un período mucho más agradecido como entrenador, viendo cómo sus pupilos levantaban Grand Slams o se metían en el top10 como si algo fácil se tratara. “La mejor parte de ser entrenador es, sin duda, observar el desarrollo de tu jugador, darte cuenta de que escucha y lo hace bien. Por supuesto, también es muy reconfortante ver los resultados de cada entrenamiento a través de los partidos y los torneos que va ganando”, valora el sueco.

Marcelo Ríos, Roger Federer y Marat Safin. Ya solo con ese triplete daría para escribir varios libros de aventuras. “Con Marcelo trabajamos muy duro el servicio, cómo ser agresivo y cómo hacerle avanzar correctamente en la formación de su revés. De todos modos, él nunca necesitó mucha ayuda, ya tenía un golpe increíble. Con Roger fue algo similar, no tuve que trabajar tanto el golpe de derecha, sino cómo atacar con ese golpe. Quizá haría más hincapié en la mejora física que hicimos gracias al gran Pierre Paganini, quien se unió al equipo y nos ayudó mucho. Con Marat el problema era la volea, no sabía cubrir la red porque nunca lo había hecho antes, pero la mejora terminó siendo notable. Recuerdo verle subir 85 veces a la red en la temporada que ganó el Open de Australia, de todas esas subidas ganó el 80% de los puntos”.

Más tarde, Lundgren seguiría ampliando su historial de entrenamientos uniéndose a proyectos tan interesantes como Grigor Dimitrov o Stan Wawrinka, aunque con el búlgaro y el suizo los resultados no fueron tan espectaculares. “Desde los 18 años, Grigor ya tenía una buena base en cuanto a golpes, por lo que básicamente nos centramos en perfeccionar todo su juego. Tuvimos que prestar algo más de atención con el servicio, también él tuvo que empezar a trabajar más duro. Con Stan le echamos muchas horas al golpe de derecha, buscando que su bola penetrara más de lo que él estaba acostumbrado. Dimos también un gran paso con la mecánica de servicio y con la ejecución de las voleas”, recuerda un Peter que, como buen clásico, echa de menos cómo funcionaba el vestuario en los 80.

“La relación entre jugador y entrenador funcionará siempre y cuando haya buena química entre ellos. Actualmente, creo que esta relación se está convirtiendo cada vez más en un negocio. Los jugadores tienen su propio entorno, por lo que hay mucho menos trato personal y cercanía entre jugadores y entrenadores. Cuando yo jugaba, los tenistas salíamos a cenar en grupos grandes, estábamos todos en la misma mesa, sin importar si al día siguiente íbamos a jugar el uno contra el otro”, compara el sueco desde la nostalgia. Quizá por eso prefiera ver ahora mismo el circuito por televisión.

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