Belinda Bencic, el ejemplo de cómo superar el éxito

La suiza señala su temprana irrupción en el top10 y sus múltiples lesiones como el puente que la han llevado a convertirse en la persona que es actualmente.

Puño arriba de Belinda Bencic. Fuente: Getty
Puño arriba de Belinda Bencic. Fuente: Getty

Hoy Belinda Bencic aparece como la octava mejor raqueta del mundo a sus 23 años de edad y nos parece un resultado increíble, pero la historia de la tenista suiza nos mostró páginas de oro desde sus primeras escrituras. Antes de alcanzar la mayoría de edad, la de Flawil ya tenía los pies insertados en la élite, aunque los problemas físicos y la presión mental la empujaron de nuevo fuera del tablero. Ahora todo aquello forma parte del recuerdo, un aprendizaje que le sirvió para remar con la misma intensidad hasta recuperar el lugar que merecía. En otro gran ejercicio de reflexión e intimidad a través de Behind the racquet, el mundo del tenis disfruta de una narración de superación y madurez que todavía se reserva sus mejores cartas para el futuro.

“Supuso una gran lucha lidiar con la presión de alcanzar el top10 desde el inicio de mi carrera. Realmente, creo que una vez llegué allí, mi cuerpo empezó a mandarme mensajes obligándome a tomar un tiempo libre, como si algo no estuviera bien, por eso acabé lesionándome”, asegura la helvética sobre su llegada a la cima. “Creo que todo esto sucedió por alguna razón. Aprendí mucho sobre mí misma en aquella etapa, descubrí que en este deporte siempre se trata de regresar. Ahora aprecio más el tenis. Creo que si no me hubiera lesionado, estaría exhausta en un par de años, hubiera sido solo cuestión de tiempo hasta que me sintiera agotada, así que estoy feliz de cómo han ido saliendo las cosas”.

La estrella de Bencic comenzó a brillar antes que el resto y eso, inevitablemente, se acaba pagando en algún momento si no se trabaja con antelación. “Tuve la suerte de obtener esta experiencia cuando aún era extremadamente joven y estaba lista para luchar. Entré en el top10 por primera vez en San Petesbugo 2016. Luego llegó Miami, donde tuve mi primera lesión grave, la cual terminó provocando muchas otras. Sufrí un problema grave en la muñeca y traté de evitar el quirófano mientras seguí jugando durante nueve meses. Finalmente, en abril de 2017 decidí aceptar la cirugía. Estuve fuera otros seis meses y mi clasificación bajó hasta el 350 del ranking. En el tenis todo es muy difícil porque nunca estás en el mismo lugar, o subes o bajas”, asegura cuatro años después.

“Cuando eres junior solo juegas, todo es nuevo y emocionante, no tienes nada que perder y, por lo tanto, no piensas demasiado. Mientras me movía en la cima del deporte, me sentía demasiado joven para todo. Por ejemplo. la atención de los medios es algo para lo que nunca te puedes preparar, especialmente si no tienes una mentalidad abierta, como yo. Antes nunca tuve que lidiar con cosas externas a mi carrera, pero ahora cualquier cosa llamaba la atención. Ya no disfrutaba jugando al tenis, mi objetivo nunca fue ser el centro de atención”, subraya la mujer que se encontró, de la noche a la mañana, con toda la prensa a sus espaldas.

Pero el destino le tenía guardada una segunda oportunidad a Belinda. “Fue un alivio poder empezar de cero después de la cirugía. Empecé de nuevo, jugando sin público, ninguna persona me juzgaba y eso me encantaba. Podría haber pedido unas WC o utilizar el ranking protegido, pero quería reconstruir mi confianza y mi amor desde abajo. Comencé a recordar lo que era apreciar cada victoria, cada minuto en la cancha. Recordé por un segundo lo duro que había trabajado para llegar allí y competir ante jugadoras que antes veía solo por televisión. El tenis a veces impide a los jugadores recordar esa pasión que sentimos por él, se enfoca en otras cosas, como en si puedes o no llegar al top100 y pagarte un entrenador y un fisioterapeuta para viajar por todo el mundo”, apunta desde su experiencia.

Ahora, a sus 23 años, todo es distinto. “Estoy haciendo todo lo posible para tratar de marcar diferencias en el tenis para las próximas generaciones. Hoy miro hacia atrás a cada sacrificios que hice y los aprecio por la vida que tengo. Los medios siempre han dicho que fue mi padre quien me empujó hacia todo esto, pero fui yo quien le dije que quería jugar al tenis. Me llegué a sentir culpable cuando no fui capaz de dar lo mejor de mí cada vez que estaba en la pista, sobre todo después de todo el trabajo que habíamos hecho, pero ahora estoy en un lugar mejor y me doy cuenta de siempre hay algo con lo que todos estamos lidiando”, concluye.

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