El día que un Nadal de 18 años puso en jaque al número uno

Analizamos exhaustivamente la final de Miami 2005, en la que Federer se alzó con el título tras remontar dos sets a cero ante Nadal.

Federer y Nadal en la final de Miami 2005. Fuente: Getty
Federer y Nadal en la final de Miami 2005. Fuente: Getty

La rivalidad que ha marcado a toda una generación. Así podrían definirse los duelos entre Roger Federer y Rafael Nadal. Las dos personas que, podrían decirse, trajeron el fenómeno de masas a un producto que empezaba a estar plenamente globalizado. Nunca antes una rivalidad había exacerbado tanto el fanatismo entre seguidores, ya que eran los enfrentamientos perfectos. En cada aspecto tenístico Federer y Nadal eran absolutamente antagónicos. Tras un duelo de resultado y desarrollo extraño el año anterior, 2005 brindó el primer gran clásico entre Federer y Nadal. Fue en Crandon Park y ocurrió hace justamente 15 años. Hoy analizamos lo que fue aquella final de Miami, el segundo Fedal.

El contexto: Nadal llegaba a Miami como un auténtico tiro. Había conquistado los títulos de Costa do Sauipe y Acapulco y se había establecido entre los 30 primeros del ranking en lo que sería la previa de su primera gran gira de tierra batida (incluyendo, cómo no, el primer Roland Garros). Aquel joven balear de camisetas sin mangas que no fallaba ni una pelota empezaba a mostrarse como una fuerza a tener en cuenta en el circuito. Por su parte, Federer era el indiscutible rey del mundo. Solo un Safin en estado de gracia le había apartado de otro Grand Slam, pero el suizo se había recompuesto sin ningún tipo de problema, ganando consecutivamente en Rotterdam, Dubai e Indian Wells (en este último sin ceder ni un solo set). Salvo algún partido excepcional de alguno de sus coetáneos no parecía que Roger conociese una verdadera amenaza con la consistencia suficiente para hacer temblar su reinado. Aquel partido en Miami acabaría siendo todo un aviso a navegantes.

El primer set de este duelo fue una muestra muy rica en matices de una rivalidad aún en pañales. En la memoria colectiva quedó como un parcial horroroso de Roger. Lo fue, no cabe duda, pero Federer empezaba a darse cuenta de la realidad que le esperaba contra Nadal: la presencia de un zurdo sin apenas fallos en su sistema le obligaba a alterar sus patrones de juego más mimetizados. ¿Subir con la derecha inside-out? Riesgo demasiado alto, ya que por ahí esperaba la derecha de Nadal. Donde antes podía arrinconar el revés de sus rivales, ahora Roger encontraba un muro al que no se podía acudir de forma acelerada.

Así pues, el suizo decidió subir a la red sin piedad atacando el revés de Rafa. Y esa táctica fue un auténtico desastre por la forma en la que se ejecutó: sin ningún tipo de construcción del punto previa. A la mínima que veía la oportunidad, Roger decidía buscarle las cosquillas a Rafa, pero nunca estaba en condiciones de conectar un golpe definitivo: pegaba quieto desde el fondo, sin haberse labrado una ventaja previa. En el quinto juego de ese primer set, Federer pierde dos puntos exactamente iguales en los que Nadal no tiene problemas en aplacar sus subidas con su revés cruzado. Con 2-4, 15-30, Nadal conecta otro passing de revés directo. Roger cede el segundo break con una doble falta y tras media hora, Nadal se ve con el primer set en el zurrón: 6-2.

(Uno de los muchos ejemplos que ilustran cómo Roger dejaba siempre la puerta abierta al revés de Nadal).

El resto de claves que explican este marcador tan desnivelado se hallan en el saque de Federer, incapaz de conseguir prácticamente ninguna ventaja (paupérrimo 25% de puntos ganados con su segundo servicio). La fiabilidad del revés de Nadal había dejado KO al suizo, que acabó conectado 20 errores no forzados. Daba la sensación de que Roger no podía creerse lo que estaba viendo: no sabía qué hacer para desbordar a su oponente.

El segundo set parecía que seguía la misma tónica, con Federer regalando el break inicial. Sin embargo, el suizo renació de sus cenizas gracias a un golpe que cambió la dinámica de este duelo: la derecha paralela. En el segundo juego del segundo set, dos winners con este golpe y el primer resto directo del partido marcaban la pauta a seguir para Roger y le daban su primera rotura en este duelo. Con 2-1 y 0:30 apreciamos la táctica con la que Federer recupera el control: atacar con esa derecha inside-out para tener a Nadal en movimiento y, ya sí, subir por su lado del revés con un Rafa mucho más forzado. Roger empezó a cambiar direcciones mucho más y a aprovechar dejadas y pelotas a mitad de pista para subir sorpresivamente. Con 3-1 en el electrónico, Federer conecta dos aces y esprinta a una ventaja de 5-2 con un plan de juego completamente renovado: Nadal aún no había ganado ni un punto con su segundo saque en el segundo set.

La realidad es que Roger tuvo aquel parcial en el bolsillo. “Es zurdo y me debo acostumbrar a ello. ¡Y no era capaz! Quizás jugase muy agresivo de entrada. Cuando pude entender su juego ya estaba set y break abajo. La reacción posterior fue buena. Perdí muchas oportunidades pero sobrevivir a todo esto fue increíble”.

¿A qué oportunidades se refiere Roger? Quizás, que con 5-2 y 15-30 falló dos restos de segundo saque seguidos; que, con deuce en ese mismo juego, se come un remate en el fallo más atípico de todo el partido, y que con 5-3 y 30 iguales Federer le enseña la puerta al manacorí. Aquí viene el ejemplo de que el tenis es un deporte mental y de que en un partido existen varios “minipartidos” que se juegan sin que seamos conscientes. Roger saca abierto y tiene una pelota que, en todo ese segundo set, había pegado paralela para ahí cerrar el punto. En esta ocasión, esa bola a mitad de pista se convierte en un golpe de control. Nadal, determinado, ataca y abre la pista por el lado de la derecha de Roger, para finalizar clavando un ganador y consiguiendo un punto después el ansiado break. Federer había dudado por enésima vez y Nadal, aún a sus 18 años, ya sabía qué hacer cuando olía sangre.

(El smash fallido de Federer. Como vemos, no es capaz ni tan siquiera de impactar la bola de forma firme).

La historia se volvería a repetir, con Federer gozando esta vez de 2 bolas de break. 15-40, Nadal le invita a subir con una bola cortísima y el suizo se aproxima a la red con un golpe que le deja vendido. Rafa acabó cerrando aquel juego con un grito que provocó el estallido de la grada. El golpe psicológico que el manacorí acababa de asestar era tremendo: por primera vez en mucho tiempo Federer había desconfiado de su patrón de juego en los momentos clave, y por primera vez en mucho tiempo veía que no era él quien enganchaba a la grada.

Con 3-2 en el tiebreak a favor de Nadal, el manacorí juega el mejor punto del partido en un rally muy largo que cierra con un revés corto paralelo de bella factura. Aquel 7-6 fue una demostración de raza, supervivencia y corazón, pero también de cómo desde el minuto 1 de esta rivalidad Nadal llevaba a Roger al límite de lo tenístico… y de lo mental. Federer había ganado más puntos en aquel set… y aún así lo había perdido.

Roger dio el pistoletazo de salida al tercer parcial totalmente desenfocado con su drive, cometiendo errores por doquier, como si no confiase más en ese golpe. Nadal concretaría el break y pondría el 4-1 en el marcador, creciendo en base a una derecha que empezaba a soltarse y conectar varios winners. El saque era una rémora para el suizo, que empezaba a atisbar su mayor némesis en años venideros: la brutal cantidad de spin que Rafa imprimía a su resto y que, despojado de toda confianza en su derecha, le hacía perder la iniciativa tras su segundo golpe. Aquello era toda anomalía en el circuito (ver foto). Todo parecía encaminar a una victoria cómoda en tres sets para el mallorquín y su primer título de categoría Masters.

Dos horas de partido en el marcador. 4-1 y 15:15 para Nadal. El grito de una señora interrumpe la moción de saque de Federer. Mirada gélida como el hielo. En el siguiente punto, Roger conecta un passing de revés cruzado casi imposible y a continuación hace saque volea con éxito. Espoleado, empieza a subir el nivel de agresividad con su drive. Nadal duda, con 15:15 comete un error de derecha y un revés largo en su golpe después del saque. Por primera vez Federer tiene un resquicio al resto y lo aprovecha.

La suerte le sonreía al suizo. En un guiño del destino, Federer se recompuso de un 0-30 en el siguiente juego tras una derecha larga… que se cantó como buena. Nadal no daba crédito a la decisión del juez de línea. En esa situación comprometida, Federer mostró calma y jerarquía, conectó dos primeros saques seguidos y salió nuevamente del hoyo. Es aquí cuando el partido empieza a entrar en ebullición, con ambos tenistas sacando su mejor nivel. Es un intercambio de golpes constante, en el que Federer trata de hacer valer una derecha que volvió a tener vida ante los golpes liftados de Rafa. Con 4-4, Nadal salva una bola de break con una decisión que demostraba la inteligencia y valentía de aquel chaval: un saque pegado a la T que se alejó de un Roger que se invertía para cubrir el revés. Entre idas y venidas, momentos de tensión y un tenis que crecía por momentos llegamos a un nuevo tie-break decisivo.

El desempate lo empezó Nadal con un saque abierto perfecto y lo siguió Federer con una doble falta para poner el 0-2. Nadal estuvo dos veces minibreak arriba por los errores de Roger, pero siempre que tuvo ventaja jugó corto, tensionado, como si fuese el rival quien tuviese que entregarle el partido. Una milimétrica derecha a la carrera de Federer le salvó de dar a Rafa dos pelotas de partido, y bombardear con diferentes alturas el revés de Nadal le dio un tercer set envuelto en drama. La máxima de que Rafa juega mejor estando por detrás en el marcador y no con una clara ventaja en aquellos momentos definía muy bien el carácter guerrero del balear. Con un renovado 55% de puntos ganados con el segundo saque y recobrada, al menos, la seguridad desde el lado de su derecha, Federer daba el primer paso hacia una de las mayores remontadas de su carrera deportiva.

El cuarto set fue una historia totalmente distinta. La dinámica del partido había cambiado por completo. Esto queda demostrado en los porcentajes al servicio del suizo: después de un mediocre 50% de primeros servicios conectados en la montaña rusa que fue el tercer set, su primer golpe subió casi al 69%. Roger empezó a encontrar las esquinas con su servicio, a abrir la pista con su segundo golpe de derecha y a hacer suyo el partido quitándole tiempo para golpear a un Rafa que moralmente sabía que había tenido el partido en su mano. En aquel parcial, Roger no enfrentó ninguna bola de rotura y eso le dio la tranquilidad suficiente para soltarse al resto, empezar a ser creativo sabiendo que su saque le daba un colchón de tranquilidad amplio.

La derecha paralela volvió a revivir para conseguir un break que el suizo nunca soltó. Nadal empezaba a mostrar síntomas de agotamiento, llegando un paso más tarde a las derechas del suizo y bajando sensiblemente su velocidad al servicio. Las tornas, definitivamente, habían cambiado, y la sensación era que Nadal no había podido concretar su mejor oportunidad para cerrar el duelo. Merced a un incontestable 89% de puntos ganados con el primer saque, 6-3 y al quinto set.

Que el parcial definitivo se iniciase con una volea de Nadal a la red con toda la pista abierta sería una premonición de lo que estaba por venir. Eso sí, con 1-0 y 40 iguales Nadal tuvo una pequeña oportunidad para poner la velocidad de crucero. Tras un resto de segundo saque muy corto y otro que directamente se estampó contra la red, no concretar el break fue la puntilla para Nadal a nivel psicológico (el marcador, realmente, decía que el partido estaba muy igualado. Las sensaciones, no). Roger puso la directa y una vez concretó el break, aquel primer golpe fue definitivo ante un Rafa absolutamente desfondado. Los 15 errores no forzados en el último parcial rubricaron las sensaciones y el juego. Federer era campeón de Miami en el primer gran partido de una rivalidad legendaria.

La estampa de los dos protagonistas sonriendo, esperando juntos la ceremonia oficial fue la prueba del enorme respeto que empezaba a gestarse entre los dos titanes del deporte. También de que este partido lleno de matices dejaba conclusiones positivas para ambos. Por un lado, Federer completó una de las mayores remontadas de su carrera y mostró su espíritu de lucha, sabiendo sacar soluciones concretas y saliendo de situaciones muy muy complicadas. Por otro lado, Nadal dio buena cuenta de su determinación y asentó las bases de lo que iba a ser el estilo que desmontase en repetidas ocasiones las estructuras tenísticas de Federer, haciéndole modificar patrones… y todo esto, claro, en canchas duras y con 18 años.

Aquel 2-6, 6-7, 7-6, 6-3 y 6-1 fue solo una pequeña muestra de lo que estaba por venir: dos tenistas que trascendieron su deporte frente a frente, en la misma pista. Este fue su análisis, hoy, 15 años después.

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