Federer 2006 vs Federer 2017

Federer 2006 vs Federer 2017. No fueron sólo dos grandes temporadas, sino las mejores versiones tenísticas del suizo. ¿Quién ganaría entre ellas?

Roger Federer. Foto: Getty
Roger Federer. Foto: Getty

Es un ejercicio de ficción, una de esas piezas poco justificadas que de alguna forma permite una situación de confinamiento como la actual. La cuenta de Tennis TV compartió hace unos días un video que mezclaba jugadas de un mismo jugador, con intercambios y puntos de su año 2006 y otros tantos de 2017. ¿Qué versión ha sido la mejor de su carrera? Sí, ese tenista es Roger Federer y están muy bien elegidas las dos temporadas, aunque en 2007 y 2004 sumara más Grand Slams que hace tres temporadas. ¿Who would win?

Como nunca obtendremos la respuesta, lo interesante de intentar proyectar un enfrentamiento entre dos tenistas a los que les separa 11 años es ver la evolución de determinados aspectos de su juego con el ánimo de averiguar o imaginar cuál de los dos estaría más preparado para todos los retos que afrontó desde el principio hasta el final de su carrera, desde rivales concretos a problemas surgidos con el paso del tiempo. ¿Cuál de los dos resolvería más problemas por sí mismo?

En no pocas ocasiones, Federer ha hecho gala, abanderando, la máxima de jugar su propio partido. Si bien siempre hay ajustes que hacer con respecto al rival, el juego dependía en gran medida de observar con qué grado de sometimiento iba a Federer a lograr la victoria. Desde declaraciones en su máximo esplendor (2004-2007) hasta el 'play the ball, not the opponent' de 2017, el suizo ha dibujado su lugar en el mundo del tenis desde un juego ofensivo -por momentos, ultraofensivo-, más enfocado a generar golpes ganadores que a reducir errores propios. El ataque por derribo en lugar del ataque por desgaste.

En la versión de 2006, si comparamos con la de 2017 y no ninguna otra, hay que introducir, aunque no sea ese el principio de todo, la diferencia de edad, con la plenitud del primero y el reciclaje del segundo, así como la utilización de raquetas enormemente diferentes. Sobre estas dos cuestiones, puede decirse que el mejor golpe del helvético, el drive, es sensiblemente mejor en la versión más antigua. Tanto para el impacto y la movilidad para dirigirse a su lado diestro, como para invertirse y cruzar la cancha hacía las líneas. Su juego de pies y su capacidad de encontrarlas con una raqueta más ligera y afilada se lo permitían.

Entrando en superficies de juego, es también posible que esa velocidad de movimientos de 2006 para retorcer su cuerpo y ponerlo al servicio del ritmo y la voracidad le confiera más capacidad de anticipación para tomar rápido la pelota en pista dura y hierba, de hecho así fue; Federer era un tenista irreal en la conjunción de explosividad, agilidad y tiempos de reacción de un golpe a otro, una cuestión que por contra convierte en igual o mayor virtud la versión de 2017 porque a falta de vigor sumó un mayor nivel de interpretación para tocar la pelota antes. Recordemos: Roger 2017 ya ha pasado por la etapa de 2014 y 2015 junto a Stefan Edberg, en pos de recortar tiempo a la pelota y ganar fracciones en base al conocimiento del juego y la excelencia técnica.

Más. El revés. Aquí entramos en una zona claramente desnivelada hacia la de 2017. Influyendo el factor técnico y de rendimiento del golpe, no descubrimos nada diciendo que el mejor revés de la carrera de Federer brota hace tres temporadas, apoyado por una raqueta que le concede una actitud y un impacto como si tuviera otra derecha: puede montarse sobre él, puede incrementar la potencia, falla mucho menos, conecta muchos más paralelos y, sobre todas las cosas, puede finalizar el punto cuando le apetezca. Se convierte en un golpe de definición, por momentos a la altura de su saque y por encima de su derecha. Poca discusión habría en ese sentido. Es interesante apuntar un uso y seguramente rendimiento y nivel de mayor calidad del revés cortado en 2006 con respecto a 2017. Por aquel entonces, Roger lo utilizaba no solo mucho más sino con una calidad extraordinaria.

Un punto más a favor del Roger de 2017 tendría que ver con el resto, donde a través de su revés plano y bloqueado restó mejor que nunca en su carrera, mejorando todos los parámetros y restando mucho más delante que la gran mayoría de etapas, quizás con excepción de 2014 y 2015, cuando activó un juego al resto tremendamente frontal y directo (el famoso 'SABR').

Por otro lado, a nivel mental, la conversación gana en interés. En 2006 Roger goza de un dominio y una jerarquía mental sobre todo el circuito incuestionable, sobre todo porque todavía no ha sufrido la fase más angustiante de su trayectoria, cuando Nadal, además de acribillarle en tierra batida, va a comenzar a dominar táctica y psicológicamente la rivalidad más importante de la historia del tenis. En aquel momento, Federer no tiene ninguna losa emocional; está en plena efervescencia competitiva, mientras con su máximo rival mantiene las distancias en hierba y pista indoor, con victorias de evidente superioridad.

Sin embargo, si nos vamos a 2017, quizás nos encontremos a la mayor reinvención psicológica del de Basilea. Tras una lesión de gravedad, la primera de su carrera, y al borde de los 36 años, su vida deportiva parecía completamente amortizada. Ya había experimentado con Edberg un maravilloso canto de cisne y reformulación táctica y mental, con tres finales de Grand Slam en dos años. Pero contra todo pronóstico, la lesión invoca una versión emocional desconocida de Federer a la hora de solventar problemas. Más todavía cuando se encuentra con marcador en contra en el quinto set de Australia, ante Nadal. Mentalmente, Federer luce al mismo nivel que su juego: inabordable. Fresco, implacable, sin lagunas.

Es esa última versión la que le ve venciendo hasta cinco veces seguidas a Rafa, aunque sin la posibilidad de medirse al español a tres o cinco mangas sobre tierra batida y coincidiendo con una versión muy alejada de Djokovic, inmerso en una crisis de juego, físico y confianza, sobre quien haber podido calibrar su frescura mental a la hora de medirse en momentos comprometidos con el serbio, su asignatura pendiente desde 2012 en partidos a cinco sets.

Por último, y para decantarse por una u otra versión, está la razón más importante de todas. Ninguno de esos dos jugadores ha podido medirse a un tenista ni remotamente parecido en forma, no ya en nivel, a su contrario. Sobre la teoría, parece haber más puntos a favor del Roger de 2017, por golpes, posibilidades, experiencia y frescura mental, pero la clave es el juego en su conjunto, el techo de ambos jugadores, la variedad de las jugadas, la dinámica del mismo. Y aquí no se puede minusvalorar la originalidad del tenista en su plenitud como fue 2006.



¿Te atreves a decantarte por una versión sobre otra?¿Qué versión ganaría de enfrentarse a la contraria?

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