Jan-Lennard Struff, una historia de ambición y paciencia

El coronavirus ha parado la progresión de un tenista que es ya una amenaza para cualquiera. Struff se abre para hablar sobre su difícil camino hasta la actualidad

Jan-Lennard Struff celebra. Fuente: Getty
Jan-Lennard Struff celebra. Fuente: Getty

Jan-Lennard Struff siempre ha sido considerado como el tipo de jugador capaz de dar un susto ocasional... y poco más. A sus 29 años, el tenista alemán se encuentra en su madurez física y personal, pero siempre parece que su tenis entra dentro del perfil de esos hit and miss players: tan peligroso como inestable, tan letal como irregular. Y son etiquetas que lleva intentando quitarse durante casi toda su carrera.

Sin embargo, su progresión en el ranking es uno de esos ascensos lentos pero seguros, dignos de un auténtico trabajador, un obrero del circuito. Para un tipo que entró al top-100 hace tan solo 4 años (es decir, entrado ya en los 25 años), la paciencia es una de las virtudes principales. Struff da fe de ello en su última entrevista con la ATP, pero no es su única virtud: para él, la ambición es lo que le ha llevado a estar donde está, a tan solo 4 puestos de entrar de una vez por todas en el top-30: "Siempre que voy a un torneo o me preparo para una temporada me marco unos objetivos, unas metas. Creo que vivir una vida sin metas es aburrido. Quizás no siempre las alcances, pero puedes trabajar para alcanzarlas. Si te pones barreras no eres fiel contigo mismo. Yo sé a dónde quiero llegar, lo que quiero hacer y es por eso que me meto mucha presión a mí mismo a veces".

Esos objetivos y metas no se alcanzan sin un buen equipo detrás. Que Struff se haya convertido en un jugador reconocible en el circuito es mérito también de su entrenador, el extenista Carsten Arriens, con quien Jan-Lennard empezó a trabajar en 2015 y a quien le debe mucho. "Cuando empecé a trabajar con él en 2015, mejoré como persona y mi juego creció. Me encantaría haber llegado al top-100 antes, pero no soy uno de esos jugadores que rebosa talento, he tenido que trabajar mucho más duro para ello. Acercarme a la red, mi juego de transición, mi saque y mi estado físico son algunos de los factores que me ayudaron a entrar al top-100. Derrotar a mi primer top-10 (Wawrinka en París-Bercy 2016) también me dio muchísima confianza. A veces estás cerca de ganarlos, y cuando lo consigues es una sensación increíble".

Así pues, cimentando su ascensión en buenos torneos a nivel Challengers y algunas grandes victorias a nivel ATP, Struff llegó a la élite del circuito y para quedarse. Estando número 34 del mundo, sin embargo, nunca ha llegado a la final de ningún torneo ATP, uno de los principales retos que Carsten y él han de plantearse. Arriens no duda en deshacerse en elogios hacia la figura de Struff, el pupilo que todo el mundo querría tener: "Antes solo seguía, no preguntaba nada. Ahora dice, "¿por qué hacemos este ejercicio de esta forma y no de aquella? Debería ser así". Cuando lo tiene claro, juega de esa forma. Si pierde su plan de juego durante dos juegos, en algún momento vuelve a él", señala Arriens.

Esa es una de las claves, también, del por qué Struff asoma la cabeza en los puestos de privilegio: el haber ordenado sus ideas y no ser un jugador imprevisible en pista. Ahora el alemán lo tiene claro: debe acortar los puntos, acercarse a la red y evitar ser movido a lo largo y ancho del fondo de la pista. Todo esto le ha ayudado en su desarrollo, pero hay un objetivo que no ha cumplido aún: pisar el top-30. A punto estuvo el año pasado: hubiese bastado con derrotar a Kukushkin en Wimbledon. No sucedió. "El tenis es un deporte en el cual pierdes casi todas las semanas, y tienes que aceptar que puedes jugar muy bien y aún así perder. Es muy duro mantener la confianza y la concentración. El año pasado fue mi mejor año, pero me gusta marcarme objetivos ambiciosos. Lo peor que existe es poner el listón muy bajo, alcanzarlo y pensar que está todo bien. Yo empecé más tarde que otros y no era lo suficientemente bueno al principio, así que he ido paso a paso, trabajando duro siempre. Creo que mis golpes de fondo son cada vez más sólidos, estoy mejorando mi servicio, sé que tengo que seguir así pero estoy muy feliz con todo".

El coronavirus ha parado en seco la progresión de alguien que, por tenis, puede perfectamente abordar el top-20 pronto. Pero Jan-Lennard lo tiene claro... y su ambición no tiene límites.

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