Guillermo Cañas, un ‘villano’ inesperado

Era el año 2007, Roger Federer acumulaba 41 victorias consecutivas, hasta que se cruzó con el argentino, quien le derrotó dos veces en menos de un mes.

Guillermo Cañas, protagonista en la gira de marzo 2007. Fuente. Getty
Guillermo Cañas, protagonista en la gira de marzo 2007. Fuente. Getty

Nada es para siempre. Solemos utilizar esta frase en numerosas situaciones de la vida y la verdad es que siempre se cumple. También ocurre en el deporte. Cada partido que pierdes significa estar más cerca de ese ansiado triunfo. Cada victoria que sumas te acerca peligrosamente a un doloroso tropiezo. Aunque esto último hubo un momento en que lo llegamos a poner en duda. Roger Federer, amo y señor del circuito ATP durante la temporada 2007, aterrizó aquel mes de marzo en Indian Wells con la friolera de 41 victorias consecutivas a su espalda. Imposible verle fallar, al menos hasta que llegara la gira de tierra batida, ese era el guion esperado. En California, sin embargo, no pasaría de la primera ronda. La profecía se cumplía de nuevo, con el héroe demostrando ser humano y un villano inesperado ocupando el escenario. Ese ‘villano’ vendría desde Buenos Aires y se hacía llamar Guillermo Cañas.

Antes de seguir, hagamos un pequeño contexto de la fotografía. Nos enfrentamos al mejor Federer de siempre, al suizo en su máxima expresión, un tenista que castigaba a sus rivales sin piedad y que solamente se tambaleaba cuando la arcilla se abría paso en el calendario. Mejor dicho, cuando Nadal aparecía al otro lado de la red. Era marzo y al helvético le costaba recordar la sensación que se tiene después de una derrota, ya que en la temporada 2006 solo dejó escapar cinco compromisos (92-5). Perdió cuatro veces ante Rafa (Dubai, Montecarlo, Roma, Roland Garros) y una con Andy Murray (Cincinnati). Disputó 17 torneos y llegó a la final en 16 de ellos. Solo se le escapó el de Cincinnati, precisamente, el último traspiés antes de empezar a escribir una racha legendaria.

La derrota ante el británico desata la tormenta. Campeón del US Open, Tokyo, Madrid, Basilea, la Copa de Maestros [vacaciones] Open de Australia y Dubái. En total, siete títulos consecutivos, una racha de 41-0 que le acercaban al récord de 46 triunfos seguidos de Guillermo Vilas. Curiosa paradoja que fuera a ser otro argentino, otro Guillermo, el que bloqueara de un zarpazo este dulce sueño. En 1h45min tiraría el bonaerense todo el castillo de Roger (7-5, 6-2), provocando en Indian Wells el primera fracaso del suizo en los últimos siete meses. Había que remontarse hasta otro Cincinnati, el del año 2004, para ver al de Basilea marcharse de un torneo sin lograr ninguna victoria.

“Cañas ha jugado muy bien, un segundo set perfecto. Yo hoy no estaba muy fino y he desperdiciado varias oportunidades, sobre todo el punto de set que he tenido en la primera manga. Esto tenía que suceder tarde o temprano”, respondió Federer en rueda de prensa con un tono más serio de lo normal. “Sois vosotros, los periodistas, quienes os preocupáis por los récords. La verdad es que yo pienso en un partido cada vez, me preocupo hasta cuando tengo que enfrentarme a un lucky loser en la primera ronda”, añadió el helvético con cierto oportunismo. Y es que Cañas había entrado en el cuadro final de Indan Wells como perdedor afortunado, tras caer días atrás en la última ronda de la fase previa frente a Alexander Waske. Pero la historia del argentino guardaba muchos más matices por aquellos tiempos.

Meses atrás, mientras Roger levantaba su tercer US Open consecutivo, Cañas regresaba al circuito tras afrontar una suspensión de quince meses por haber dado positivo en un control antidopaje. Un ITF 25K en Belem (septiembre 2006) fue su primera parada, de la cual se marchó con el título en sus brazos. El argentino no tardaría en recuperar el ritmo de competición, algo que iba a confirmar en su tercera prueba del año 2007. En Costa do Sauipe, Willy capturaba el séptimo trofeo individual de su carrera derrotando a Juan Carlos Ferrero en la final. Él no lo sabía, pero aquel sería el último entorchado que sumaría a sus vitrinas. Tampoco sabía lo que esperaba por delante un mes después, en California, donde su triunfo ante Federer le daría tanto o más foco que el que te otorga un título. Volviendo a aquella rueda de prensa, el suizo no se libró de ser cuestionado acerca de los valores y la credibilidad de su rival, señalado todavía por muchos tras estar apartado del tour. “Todos aquellos a los que pillan juran que son inocentes y les rebajan la suspensión, no me parece justo”. Como pueden observar, aquella derrota no le hizo nada de gracia al suizo.

El viaje de Cañas en Indian Wells llegó hasta la tercera ronda, donde chocó con Carlos Moyá, aunque su papel en aquel torneo sería recordado para siempre. “Federer se vuelve humano”, titularon algunos tras ver cortada la racha del helvético. Pero la pregunta que se hacían muchos era si aquel triunfo había sido casualidad o realmente había un plan de juego detrás. Caprichoso el destino, los quiso volver a juntar dos semanas más tarde. En Miami, lugar donde Roger no perdía un partido desde 2004. Allí el Nº1 supera las dos primeras rondas cómodamente ante Sam Querry y Nicolás Almagro, pero en tercera ronda esperaba la bestia. Guillermo Cañas, otra vez. Ante sí tenía la oportunidad deseada, la venganza perfecta con la herida todavía reciente, la posibilidad de demostrar que lo ocurrido en Indian Wells días atrás tan solo era un tropiezo, un motivo para volver a sacar el mazo. Pero quien llevaba el mazo era Willy, el mazo de cartas. Concretamente, la carta del Joker.

En 2h39min, Cañas se lleva la victoria por 7-6, 2-6 y 7-6. Federer compite mejor que en Indian Wells, ya no regala 30 errores no forzados con su derecha, pero perdona 12 de las 16 bolas de break que le entrega su rival. Al final, lo acaba pagando y dice adiós a los dos primeros Masters 1000 del año con un balance de dos victorias y dos derrotas. Las dos derrotas ante el mismo hombre, SúperCañas. Más tarde, el preparador físico de Roger propondría el cansancio físico como la solución a esta incógnita, el motivo por el que su pupilo no pudo ofrecer su mejor versión durante aquella gira de marzo. Un agotamiento que llegaba tras haber aumentado los ritmos de entrenamiento de cara a la gira de tierra batida, donde el suizo tenía varias cuentas pendientes. Ese incremento de intensidad, según Paganini, desconectó al gran campeón en los momentos críticos. Mientras tanto, el argentino avanzaba hasta la final de Miami tras vencer a Robredo y Ljubicic, pero allí se vería arrollado por un colosal Novak Djokovic, campeón por primera vez de un torneo de esta categoría a sus 20 años.

Si le llegan a decir a Guillermo que sería él quien iba a poner freno a la racha de Federer, que le iba a tumbar dos veces en dos torneos consecutivos, seguramente no lo se lo hubiera creído. Si además le dicen que aquello no le serviría para ganar ninguno de los dos títulos, entonces se hubiese vuelto loco. Fue el papel que le tocó interpretar en aquella gira inolvidable, una quincena donde se vistió de mago para eclipsar con sus trucos al mejor hechicero del circuito. Nunca más le volvió a ganar, pero colgó la raqueta presumiendo de un H2H parejo (3-3) ante el mejor jugador de todos los tiempos. De hecho, en la mayor conquista del argentino en su carrera (Masters Canadá 2002), donde superó a cinco tenistas del top15, el primero de todos ellos fue Roger, en primera ronda. Para Federer, el apellido Cañas no representará más que otro rival complicado de tantos que tuvo que enfrentar en su camino. Para Guillermo, el nombre de Roger significará por siempre aquel desafío de máxima dificultad que le hizo multiplicar su nivel hasta convertirle en villano. Un villano con el talento necesario para robarle todo el protagonismo al héroe.

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