El día que Nadal hizo pareja... con Bernard Tomic

Rememoramos aquel torneo en Indian Wells donde balear y australiano formaron una de las parejas más extrañas del circuito

El día que Nadal y Tomic formaron pareja de dobles.
El día que Nadal y Tomic formaron pareja de dobles.

Hagamos un ejercicio de abstracción mental por un momento. Ahora que estamos en cuarentena y confinamiento, hay tiempo para ello. Olvidémonos de darle demasiadas vueltas a la cabeza y pensemos rápidamente, casi de forma instintiva. ¿Qué tenistas se nos vienen a la cabeza si nos hablan de ética de trabajo, cultura del esfuerzo, resistencia o perseverencia? Aquí entran en juego nuestros gustos y preferencias, no lo vamos a negar. Algunos mencionarán a Rafael Nadal; otros a Djokovic. Algunos pensarán en Federer, y más allá del big-3, a nombres como Murray, David Ferrer o del Potro. Lo que sí parece bastante claro es que Bernard Tomic está lejos de esos parámetros.

Ahora pensemos en todo lo contrario: tenistas que hayan destacado en algún momento por su falta de esfuerzo, por alimentar la polémica, no dar el 100% o actuar de forma poco profesional. El nombre de Tomic viene a la cabeza, al igual que el de muchos bad boys del circuito. ¿El de Nadal? Seguramente ni en un 5% de casos. Así pues, en el tablero tenemos a dos nombres que se encuentran en las Antípodas en lo que a carácter, personalidad y forma de estar en la pista se refieren. Dos nombres que, a pesar de todo ello, se juntaron en una pista de tenis durante una semana.

La historia comienza de cara al espectador en Nueva Delhi, diciembre de 2015. Hay una boyante competición de exhibición que congrega a los mejores tenistas del mundo; se llama IPTL y se juega en un ambiente distendido, además de ofrecer cuantiosas ganancias para que los jugadores cierren el año con una nueva alegría. Nadal es uno de ellos, y se entera por sus compañeros que el bueno de Bernard le acompañará en sus próximas aventuras como miembro de su equipo. A Rafa la idea parece hacerle bastante gracia. "¡Cerrad el bar esa noche!", exclamaba el mallorquín echándose las manos a la cabeza.

La pregunta es clara: ¿de dónde viene ese extraño buenrollismo entre Rafa y Bernie? No son compañeros generacionales y lo máximo que han compartido ha sido la marca de ropa que les patrocina. A veces el universo nos deja binomios extraños, polos opuestos que se atraen. De entre todas las parejas de dobles que el manacorí ha tenido, pocas tan random como la de Tomic. Y sin embargo, dos años después, los dos compartirían el mismo lado de la pista.

Indian Wells, 2017. Ese torneo que tanto hemos echado de menos este año. Se anuncia la pareja española-australiana y la noticia se difunde rápidamente. Twitter reclama memes y quiere ver cuál es la verdadera relación entre Nadal y Tomic, ese vínculo que no sabemos de donde viene. La realidad es que antes del torneo, Rafa encumbró las cualidades de Tomic, calificándole como "un jugador carismático para el circuito" y diciendo que "puede estar en el top-10". La predicción, desde luego, parece una quimera.

Si hablamos estrictamente de química y compenetración lo cierto es que, de la misma forma que la pareja resulta extraña, en pista funcionó a las mil maravillas. En primera ronda derrotaron con solvencia a Joao Sousa y Pablo Carreño, una dupla con mucho más recorrido en el circuito ATP. Especialmente reseñable resulta su segundo partido, ante dos especialistas de primer nivel como Rajeev Ram (reciente ganador del Open de Australia) y Raven Klaasen.

Entre risas, aplausos de reconocimiento a los golpes de su compañero y algún que otro golpe imposible, Nadal y Tomic firmaron un primer set prácticamente inmaculado. Parecía que los hermanos Bryan acababan de bajar al desierto: 100% de puntos ganados con el segundo servicio, 79% con el primero, 100% en break points y una sensación de imbatibilidad embrujante. Bernard mezclaba su aparente pasividad con ángulos deliciosos y derechas a los pies de sus rivales. Resulta hipnotizante ver cómo fluye el tenis de alguien con tanto talento cuando está centrado... incluso cuando parece que no se esfuerza. Si a eso lo acompaña un Nadal cruzándose a la perfección en la red (se nota su mayor rodaje en la disciplina), serio y con el saque a buen nivel, tienes como resultado un binomio de primer nivel.

Desafortunadamente, aquella aventura acabó ese mismo día. Después de estar set y break arriba, un duro super tie-break alejaba a Rafa y Bernard de seguir con esa extraña aventura. Era como si todo fuese demasiado hipnótico como para mantenerse en el tiempo. Dicen que todo lo bueno termina en algún momento, ¿no?

Si esto fuese una serie de televisión, la siguiente temporada empezaría con uno de esos fundidos en blanco que muestran cómo un protagonista ha seguido con su vida de lujo mientras que el otro acaba lejos de lo que pudo haber sido. Un año y medio después de esa bonita historia, imagínense a Bernard en bermudas, gafas de sol y gorrito por la isla de Mallorca. Su caída ha sido dura. Antes jugaba Grand Slams, pero acaba de perder en fase previa de uno. Mientras, Nadal afronta con ganas sus cuartos de final del Us Open ante Dominic Thiem.

Como si solo fuese por cerrar el círculo, Bernard deja el daikiri, se pone el mono de trabajo y gana el Challenger de Manacor... en la Academia de su buen amigo y compañero. "Estuve hablando con él aquí, en Nueva York, en el vestuario antes de que jugara su partido de fase previa. Me dijo: "bueno, si pierdo al menos me iré a Mallorca a conocer tu Academia y a jugar al Challenger ahí". Se fue para allá y ahora ha ganado el torneo. Lo conozco desde hace años y es un gran ganador para el torneo". Los roles, por un momento, se acababan de voltear. Puedo visualizar a Bernard dejando Nueva York, la ciudad de los sueños, dirigiéndose a un pequeño rincón de España y convenciéndose a sí mismo de que él, igual que su buen amigo Rafa, también pertenece a la élite.

Quizá en algún momento sí, como aquel día en el que compartieron pista. Porque, a veces, el Universo nos deja eventos que solo pasan una vez en la vida.

Comentarios recientes