Gavrilova: “El tenista profesional es demasiado competitivo”

La australiana defiende en este escrito algunas ideas a reforzar dentro del vestuario. Además, explica por qué lleva sin jugar desde agosto de 2019.

Daria Gavrilova jugando por Australia. Fuente: Getty
Daria Gavrilova jugando por Australia. Fuente: Getty

¿Qué fue de Daria Gavrilova? Una pregunta recurrente que solemos hacer sobre un tenista al que llevamos tiempo sin ver en la pista. La australiana de origen ruso no está pasando por su mejor momento, ni en el apartado físico, ni en el apartado anímico. Así lo explica en otra carta expansiva en el blog Behind the racquet, anotando todas las lesiones por las que tuvo que pasar la temporada pasada y desarrollando una idea que lleva tiempo en su cabeza. La percepción de que el tenista profesional todavía tiene muchas etapas que quemar en lo que se refiere a su relación con los demás.

Lo cierto es que la historia de Dasha no se entendería sin esos apagones puntuales por motivos físicos, desde el principio. “Me mudé a Australia a finales de 2013, cuando tenía 18 años. Obtuve mi residencia poco tiempo después, más adelante conseguí mi pasaporte como ciudadana. Empecé a jugar oficialmente como australiana en 2016. La primera vez que llegué a Australia tenía la rodilla rota, justo después de haber salido de otra lesión. La primera cosa que hice al llegar fue operarme. Mis padres estaban muy preocupados porque en ese momento estaba sola, en un lugar nuevo y a punto de afrontar una cirugía, pero allí encontré una segunda familia con mis nuevos amigos y mi prometido”, recuerda la moscovita.

Pero aquello solo fue el principio de su historia con Australia. Ahora mismo, lo más preocupante es ver los cuadros WTA ausentes de su garra y su personalidad. Una duda que se despeja rápidamente al escuchar de su propia voz todos los males que arrastra. “El año pasado estuve luchando con una tendinitis, una lesión en el tendón de Aquiles y una fascitis plantar. El punto fuerte de mi tenis es mi movimiento, pero sentía dolor en cada paso que daba. Recuerdo en Wimbledon hace un año perdiendo mi primer partido, básicamente, convenciéndome de que no merecía la pena luchar por la victoria, no la merecía. Me desmoroné por completo en el segundo set, así que estuve allí plantada hasta el momento final, donde salí corriendo de la escena. Me fui directa hacia casa, pero rápidamente supe que esa no era la decisión correcta”, confiesa la de 26 años.

Pero esa huida no era la solución, así que rectificó. “Mi equipo me estaba esperando. Volví llorando, no en mis mejores condiciones. Me senté, quería tranquilizarme, mi entrenador llegó y me dijo que no me preocupara, que no hiciera caso a las preguntas de la prensa, que no me viera abrumada por los sentimientos. Yo no hice mucho caso, lo que necesitaba era un tiempo libre”, pensó Gavrilova, herida por todos los costados y necesitada más que nunca de una desconexión. Su cabeza le iba a pedir un último intento para luego hacer el análisis final.

“Pese a tener todas esas emociones dentro de mí, las ignoré y decidí jugar la temporada de arcilla y el US Open. Con un poco de suerte, podría volver a amar mi tenis. Pero no pasó y, lo peor de todo, mi dolor empeoró. Después del US Open me senté con mi equipo y decidimos que la salud iba a ser nuestra prioridad, sometiéndome a una intervención para sanar mi talón de Aquiles y mi fascitis plantar. Por delante serían seis meses de descanso, algo que realmente me motivó mucho para volver a la cancha”, apunta tras cerrar el 2019 con un balance de 7-20. “Creo que todo el mundo tiene problemas fuera de la pista, aunque no hablamos de ellos, así que mucha gente no los conoce. A veces no compartimos esos secretos ni con nuestros amigos más cercanos del vestuario. Como jugadores de tenis, estamos acostumbrados a protegernos y no abrirnos con los demás, pero lo que comencé a hacer en este último tiempo me ha sido de gran utilidad”, incide una vez más.

Para terminar, Daria nos regala un último pensamiento acerca de lo que ella piensa que necesita el tenista profesional para adaptarse al circuito. “Todavía somos muy competitivos, aunque poco a poco estamos cambiando nuestra mentalidad. Cuando era niña me dijeron que podía ser amiga de mis rivales y que eso es algo que debes mantener, aunque luego no lo cumpliera del todo. Siempre fui una persona amigable, hice amigos donde fui, es algo que necesitas para no sentirte solo, ya que tu equipo no siempre te entenderá. Hay riesgo de que no encuentres empatía en tus sentimientos, por eso es importante hablar con otros jugadores. Recientemente me he abierto a algunos de ellos, también he dado más entrevistas, todo eso ayuda. Creo que los tenistas todavía somos extremadamente competitivos, pero espero que podamos seguir alejándonos aún más de esta mentalidad”.

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