Miguel Ángel López Jaén, ambidiestro por convicción

El tenista español recuerda cómo una lesión de codo cuando tenía 12 años le hizo apostar por el camino más insólito: empezar a jugar con la izquierda.

Miguel Ángel López disputando Roland Garros 2008. Fuente: Getty
Miguel Ángel López disputando Roland Garros 2008. Fuente: Getty

Toda la vida se ha debatido acerca de qué perfil beneficia más en el circuito profesional: ser zurdo o ser diestro. Con el paso de los años, los jugadores y las declaraciones de los mismos, ha quedado confirmado que los tenistas zurdos, debido a su poca abundancia, se han convertido en el rival más fuerte. Al menos, en el más incómodo. Una vez asimilado este concepto, la segunda pregunta que nos invade es todavía más compleja: ¿se puede elegir con qué mano jugar? El caso de Rafa Nadal –diestro para escribir y zurdo para el tenis– tutelado bajos los consejos de su tío Toni es ya historia del deporte pero, ¿qué pasa con el resto de jugadores?

Miguel Ángel López Jaén (Elche, 1982) coge asiento en el debate gracias a una historia que sucedió hace exactamente 26 años. El que fuera tenista profesional durante quince temporadas colgó la raqueta en 2015 para dedicarse a la enseñanza y ayudar a los más jóvenes a cumplir su sueño. Dentro de esa quietud y lejanía de los focos, lo último que esperaba era que su teléfono sonara a estas alturas para refrescar el capítulo más extravagante de su trayectoria. Un contratiempo que a punto estuvo de cambiarle la vida y del que hoy nos hacemos eco en Punto de Break.

Nos trasladamos a 1994, Campeonato de España Alevín en Tarragona. Miguel Ángel tiene 12 años y ya es uno de los mejores de su categoría. Su participación en el cuadro arranca con una victoria firme, hasta que un accidente en mitad de su partido de segunda ronda trastoca todas sus opciones. “Fui a pegar un smash muy forzado, me caí para atrás de espaldas y me rompí el codo del brazo derecho. Era pista rápida, así que fue una fisura grande. Estuve casi cinco meses lesionado”, recuerda el ilicitano. El golpe había sido inclemente, imposible mover el brazo, por delante le esperaba una temporada de ver tenis por televisión junto a la escayola […] A no ser que que explorara nuevos horizontes.

Aquí es donde entra la figura de Óscar Borrás, el hombre que le entrenó desde los 7 hasta los 16 años. “Para no desconectar del tenis durante esos meses, Óscar me propuso empezar a entrenar con la izquierda. Con el tiempo, gracias a aquello, acabaría teniendo uno de los mejores reveses del circuito”, señala el ex jugador. “Al jugar todo ese tiempo con la mano izquierda, sin querer mejoré también el revés. Recuerdo tirarme la bola con el brazo escayolado para sacar o jugar el revés a una mano, pero a base de entrenar muchas horas acabé mejorando, incluso jugando torneos. Reconozco que cuando Óscar me dijo eso, me chocó, pero luego mira si salió bien. Si no crees en lo que te dice tu entrenador, da igual lo que hagas, no va a salir. Yo confié y salió bien”, subraya.

Foto: Óscar Borrás y Miguel Ángel López Jáen hace casi treinta años.

Fue casi medio año jugando con el patrón cambiado: nuevo brazo ejecutor y nuevo revés a una mano. “La gente alucinaba cada vez que me veía en un torneo: ‘¿Pero qué haces? Si tienes el brazo escayolado… ¡y además eres diestro!’. Estuve así más de cinco meses hasta que pude volver a jugar con la derecha. En un campeonato nacional que disputé durante ese período, llegué hasta la final jugando con la izquierda, pero la final decidí jugarla con la derecha. Perdí. Noté que me faltaba mucha seguridad, todavía tenía miedo de que se me rompiera el codo”, asegura Miguel Ángel.

Ahora mismo, viendo la estructura de los acontecimientos, todos os estaréis haciendo la misma pregunta. ¿Por qué no siguió jugando con la izquierda? “La verdad es que nunca se me pasó por la cabeza. Lo que sí me ocurrió es que jugar con la izquierda me ayudó después a jugar mejor con la derecha. Se dice que si juegas siempre con la misma mano, solamente ejercitas una parte del cerebro pero, si empiezas a trabajar al contrario, entonces activas la otra parte. Eso luego me ayudó a jugar mejor. Por eso ahora me gusta que los jugadores a los que entreno jueguen siempre un día a la semana con la izquierda. Algunos piensan que estoy loco, pero yo sé de qué va la cosa”, afirma el técnico desde la experiencia.

Foto: Miguel Ángel disputando un torneo con el brazo escayolado.

Sin embargo, esta idea que parece innovadora venía ya de años atrás. El que fuera su entrenador, Óscar Borrás, fue quien se la inculcó. “Nosotros trabajábamos con Leo Pruimboom, uno de los mejores neurofisiólogos del circuito. Mucho antes de que ocurriera aquel accidente, él siempre me había comentado una idea que a mí me parecía revolucionaria. Me pedía, si fuera posible, que mis jugadores jugaran unos diez minutos al día con la mano contraria, sobre todo al comienzo del entrenamiento. Según él, esto ayudaba a compensar un poco al cuerpo pero, fundamentalmente, me lo pedía porque, según un estudio, con esta práctica un jugador era capaz de mejorar su tenis en un 16% más. Eso a mí me encantó y rápidamente lo puse en práctica”, manifiesta Óscar acerca del plan.

“Todavía recuerdo aquella tarde camino del hospital. Me puse en contacto con Leo y me dijo que, por favor, no le escayolaran allí. ‘Que le pongan una venda, le hagan una radiografía y le pongan el brazo a 120 grados’, me rogó por teléfono. Yo me fiaba de Leo completamente, el brazo de un tenista no lo puede tocar cualquiera, así que al día siguiente le llevamos a Jávea para que el propio Leo le escayolara. Ya no tenía el mismo dolor pero la preocupación seguía siendo grande. Allí fue cuando le escayoló y le dio un tiempo mínimo de 3-4 semanas con ella. Por suerte, nosotros llevábamos ya unos años entrenando con la izquierda, así que decidimos seguir practicando con normalidad, buscando esa mejora del 16%”, avala Borrás.

Foto: Miguel Ángel en su partido de Roland Garros 2008 ante Novak Djokovic.

Miguel Ángel López Jaén, teniendo ya los 12 años cumplidos, demostró que nunca es tarde para darle un giro de 180º a tu tenis. “Cuando empiezas a jugar con la izquierda es difícil, te cuesta, pero si empiezas a entrenar todos los días, en poco tiempo coges nivel. No es tan difícil como la gente se piensa. Hablamos siempre de un jugador avanzado, por supuesto, alguien que compita. Entrenando una semana entera con la izquierda estoy seguro de que ya tendría un 50% de nivel con esa mano. Nadal es diestro, por ejemplo, cuando su entorno le puso la raqueta en la izquierda sabían lo que hacían. Está claro que no todo el mundo tiene esa habilidad, si se pudiera elegir todo el mundo elegiría ser zurdo, pero no todo el mundo puede hacerlo”, ratifica el español.

“El experimento solo duró unos meses, pero aquello fue algo único, algo increíble, no sé por qué nunca lo habíamos compartido con nadie”, se pregunta Óscar 26 años después. En cuanto a Miguel Ángel, el protagonista de la historia, le sirvió para recolectar otras muchas anécdotas durante el viaje. “Recuerdo un día entrenando con Andy Roddick, estábamos jugando unos puntos en Doha y el tío quiso vacilarme durante un momento: se puso a jugar con la izquierda. Claro, él no se esperaba que yo jugara tan bien con la mano cambiada. Se quedó muerto, pensó que se iba a echar unas risas y luego no me hizo un solo punto”, rememora el ilicitano con una sonrisa.

Foto: Óscar y Miguel Ángel en febrero de 2020. Una amistad para siempre.

Ya con el patrón de diestro recuperada, Miguel Ángel hizo carrera en el circuito alcanzando el 171º del ranking en 2009 como mejor clasificación. Llegó a segunda ronda de Roland Garros en 2008, donde cayó ante Novak Djokovic. “Todavía tengo la espinita clavada de ese partido”. También se enfrentó a Rafa Nadal en el ITF de Gandía en 2002, año de eclosión del balear. “La expectación era tremenda, todo el mundo iba a verlo a él. Acabó ganándome 2-6, 6-2 y 6-3, me pegó una paliza, ya se veía que era buenísimo”. En su palmarés nunca pudo levantar un título ATP, pero sí derrotó a compañeros como Verdasco, Ferrer, Almagro, García López, Bautista, Ramos, Granollers o Carreño. Y lo más especial, estuvo a punto de levantar un trofeo jugando con la izquierda, aunque solo fuera porque no tenía más remedio. Constatado queda que no siempre es peor el remedio que la enfermedad.

Comentarios recientes