El segundo saque, el bastión del Big-3

Las estadísticas corroboran que Federer, Nadal y Djokovic poseen el mejor segundo saque del circuito por encima de los grandes sacadores

Federer y Djokovic tras las semifinales del Open de Australia. Fuente: Getty
Federer y Djokovic tras las semifinales del Open de Australia. Fuente: Getty

Cuando hay tantísimas estadísticas monopolizadas por Roger Federer, Rafael Nadal y Novak Djokovic, las conversaciones sobre quién de los tres es el mejor de la historia se empiezan a agitar. Sin embargo, hay otras tantas en las que coinciden, lo que no deja de ser un indicador de la grandeza y el nivel de dominio que han ejercido desde que entraron de lleno en el circuito.

Pocas muestras de dominio más claras que poder proteger tu segundo servicio como si de una muralla se tratase. Es un dato muy a tener en cuenta y probablemente más complejo de lo que pueda parecer. Muchos factores se ponen en juego, pues no solo influye la calidad, potencia y precisión de tu segundo saque: también el cómo lo varías para que el rival no pueda identificar ningún patrón, tu rapidez de piernas para resguardarte del resto del rival (que, probablemente, busque atacar con el primer golpe para hacerse con el control del punto) y, una vez pasadas estas fases, la capacidad de poner el rally a tu favor y mostrarte contundente desde el fondo. En definitiva, los puntos ganados con el segundo saque acaban siendo una mezcla de casi todas las áreas en las que un tenista debe brillar para llegar a lo más alto.

Por ello no sorprende ver a los tres de siempre liderando esta tabla, aún por delante de los mejores sacadores del circuito. La pericia tras el segundo saque influye y de qué forma, aunque el rey a la hora de ganar puntos con su segundo saque (debemos apuntar que la muestra con la que se trabaja comienza en 2015) es probablemente quien "cubre todas las casillas" de la forma más completa posible: Roger Federer, que tras el último estudio de la ATP se coloca con un 58,61% de puntos ganados con su segundo servicio. No solo lidera la estadística en general; también ocupa la primera posición en dos de las tres superficies del circuito, consolidando su dominio en hierba (donde pasa de la barrera del 60% con un 60,16%) y en pista dura (58,10%). El segundo en la lista es un Rafa Nadal cuyo porcentaje en ciertas superficies podría sorprender a más de varios lectores, siendo el segundo jugador más eficiente con su segundo saque en pistas de hierba (60,03%), a la par que lidera en tierra batida con un 58,65%. Su porcentaje en todas las superficies sube hasta el 57,86%, fruto de una mejora progresiva en los últimos años a la hora de proteger su servicio, buscando soluciones constantes para reinventarse y dotar de más dinamismo al golpe con el que comienza los puntos.

Por otro lado, Novak Djokovic cierra el podio con un nada desdeñable 56,92%, pero es en 2020 donde el serbio parece haber subido una marcha más con su saque. Para muestra un botón: en el Open de Australia disputado en enero fue el jugador de los tres que menos segundos saques restados recibió, con un porcentaje del 22%, ciertamente por encima del 18% de Nadal y del 17% de Federer (la media de segundos saques sin restar en el primer Grand Slam de la temporada fue precisamente del 17%). Teniendo en cuenta la velocidad de las pistas, este dato es ciertamente halagador para el serbio y una clara muestra de cómo sus golpes se van puliendo a medida que la edad acecha.

Y si el dominio del Big-3 es abrumador se demuestra en estadísticas como esta, puesto que detrás de Federer, Nadal y Djokovic encontramos a la pléyade de grandes sacadores que pobla el circuito: Isner se coloca en cuarto lugar con 56,54%, Raonic en quinto con un 56,17% e Ivo Karlovic en el sexto con un 55,63%. Completan el top-10 algunos nombres sorprendentes: Stan Wawrinka, Reilly Opelka, Juan Ignacio Londero y Miomir Kecmanovic.

Una vez más, el Big-3 está por delante de todos en una estadística que demuestra su superioridad global. Ni tan siquiera el empuje de los jóvenes o de los sacadores los desbanca en un dato que cubre los últimos cinco años. Por algo, al fin y al cabo, están donde están.

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