¿Hasta dónde, Nole?

Novak Djokovic salva tres bolas de partido y un choque donde fue claramente inferior hasta mediado el segundo set para vencer a Monfils en tres mangas.

Novak Djokovic. Foto: Getty
Novak Djokovic. Foto: Getty

"No tengo ni idea de cómo puedo ganar a Novak Djokovic". Son palabras de Gael Monfils, un hombre que hasta hoy había perdido los 16 partidos que le han medido a Novak Djokovic. Pues hoy pudo haber sentido la sensación de haberlo logrado, cuando tuvo tres bolas de partido consecutivas para hacerlo realidad. Pero el tenis y Djokovic van de la mano en situaciones de este tipo, influenciando y condicionando de tal forma que Monfils seguirá preguntándose en los próximos días. El número 1 del mundo fue claramente dominado durante set y medio, hasta el punto de sentir la cercanía de la derrota inevitable. Pero mañana jugará la final de Dubai y seguirá invicto a un partido más en este 2020.

Cómo explicarlo. De entrada habrá que explicar lo que se pueda, que es ese 6-2 y 3-1 que se razona desde lo puramente tenístico. Sobre todo por el ritmo, la movilidad y las sensaciones que van a desplegar y ofrecer cada uno de los dos, juntos y por separado. El francés, que viene jugando a un nivel extraordinario, muy muy superior a sus rivales, arranca la noche imponente. Desde todos sus golpes y sobre todo por la potencia que despliega con los pies parados, característica de su juego, casi sin transmitir esfuerzo, y a su vez defender y contragolpear como si la pista fuera muchísimo más pequeña de lo que realmente es. Todas las ventajas son producto de su nivel, independiente y demoledor.

Es también compatible que Djokovic no está cómodo, tanto por el perfil de su rival, el ritmo de golpeo y la calidad de su tenis como por ahogarse sin poder interpretar y actuar para salir de ahí. Es como si no tuviera tiempo en ningún aspecto o circunstancia del juego. Al resto, al saque, desde el fondo o desde el cuerpo a cuerpo en la red, todo se sucede muy rápido y siempre a favor del galo. Y poco va a importar que Nole se vaya al 76% de primeros saques en la primera manga, es simplemente que su rival está desbordando la defensa de Nole. La pelota de Gael y el propio Gael son más robustos, veloces y elásticas que las que es capaz de dar su oponente.

Es, sin embargo, el arranque de la segunda manga lo que va a convertir esas primeras pistas en una más que posible derrota. Monfils no especula y cuela un break para ponerse 3-1, una ventaja que va a invertir los papeles de favorito y dominado, y que a su vez va a mezclar el vértigo por ganar 16 partidos después al número 1. Monfils, que siempre ha sentido ese mal de altura cuando tiene cerca la sorpresa o la gran victoria, tiene delante a un tipo que mentalmente está a otro nivel, por el margen de mejora propia y por lo que influye e intimida en el rival. El serbio se para y se tranquiliza, porque en esa situación ya ha estado muchas veces y el umbral del miedo es mucho menor para él que para el resto.

Rápidamente rompe e iguala, pero la cosa no se va a encallar de momento para Monfils, que aume la pérdida del saque y sigue adelante. Djokovic ha recuperado terreno, y de hecho va a tener hasta siete bolas de set. Las primeras van a ser con 5-4 y con 6-5, pero Gael se juega una dejada absolutamente alucinante en uno de ellos para destensarse entre las llamas. Y no solo va a forzar el tie break sino que va a tener un 6-3 a favor en el que van a saltar todas las costuras competitivas. Se juega un primer latigazo paralelo sin ánimo de jugar más, y después de un tira y afloja, regala con una doble falta que iguala el partido y derrumba toda su resistencia física y mental.

Djokovic se gira hacia el lugar donde está su equipo, su madre y Goran Ivanisevic, con esa mirada de 'cazador'. Ahí no sabe uno cómo explicar lo que tantas veces viene pasando en la carrera de Djokovic. Un intangible mental, una relación en mitad de la sabana donde el miedo del rival se corta con cuchillo. Ya nada va a ser igual. Monfils se desinfla, después de un esfuerzo físico descomunal y un stress emocional radical, que lo va a condenar irremediablemente. El marcador habla por sí solo: 2-6 7-6 y 6-1 para Nole, que jugará otra final, ante Tsitsipas, acostumbrado a una situación que debería darse una vez en la vida.

Comentarios recientes