Cristian Garín, una historia de expectativas y madurez

Tras años en los que muchos dejaron de creer en él, el tenista chileno ha alcanzado la madurez tenística y mental. Su historia solo acaba de comenzar

Cristian Garín celebra en Río. Fuente: Getty Images
Cristian Garín celebra en Río. Fuente: Getty Images

8 de junio de 2013. El tenis chileno atraviesa una acuciante sequía de jugadores. La cuna de Marcelo Ríos, de Fernando González o de Nicolas Massú encuentra en su mejor espada a Paul Capdeville, en el puesto número 155 del mundo. Ese mismo día, sin embargo, parece que los chilenos empiezan a ver la luz al final del túnel. En las pistas de Roland Garros, un joven e inocente Cristian Garín consigue alzarse con el título de campeón junior tras derrotar en la final a Alexander Zverev. Sasha, uno de los mayores talentos de su generación, se veía empequeñecido ante el empuje de un Garín que, meses atrás, había conseguido en Viña del Mar su primera victoria ATP ante Lajovic. Empezaban los brotes verdes, y nada mejor que la precocidad y la ternura para ilusionar a una afición que necesitaba desesperadamente alguien en el que creer.

Sin embargo, la trayectoria en el circuito junior no siempre se traslada al profesionalismo. Millones de factores influyen, factores que pueden cortar de raíz al más precoz de los talentos, al más prometedor de los jóvenes. Desde aquel momento, Gago tuvo que colgarse la capa de heredero de una Generación Dorada casi imposible de superar, en el peor momento posible y en unas circunstancias para las cuales no estaba aún preparado. Ese clima de urgencia y rabia ante la falta de tenistas competitivos en Chile hacía mella en un chico aún lejos de lidiar con la fama. Los años venideros fueron duros. Cristian alternaba resultados meritorios con una inestabilidad que lo alejaba de las plazas altas del ranking, en lo que era todo un reflejo de su tenis: en ocasiones un vendaval ofensivo, otras una máquina de desperdiciar ventajas con una falta clara de esquema de juego. 4 años después de aquella hazaña, Chile dejó de tener fe en Garín. El chileno tocó fondo y, tras un 2016 que parecía su rampa de lanzamiento, cuajó una temporada mediocre, sin llegar a ninguna final de Challenger y terminando su travesía fuera del top-300. Cristian necesitaba un respiro, replantearse su rumbo alejado de los focos y sin que una región con tanto fervor hacia el tenis tuviese plantado los ojos en él.

La madurez de un tenista, en muchas ocasiones, llega tras tocar fondo. A base de palos, aprendiendo a las malas qué hacer y qué no. Para Garín, 2018 fue una clase avanzada de cómo sobrevivir en el circuito ATP y reflotar una carrera que muchos daban por perdida. El chileno empezaba a mostrar signos de madurez y, ayudado por Larry Stefanki, confeccionó un calendario cargado de torneos en tierra batida, su hábitat natural. Tenía solo 22 años, pero tras varias temporadas en el limbo, la oportunidad, con una cara nueva, parecía ser un “ahora o nunca”. Así comenzaba una nueva época para Cristian, que enseguida empezó a encadenar victorias, renaciendo cual Ave Fénix de sus cenizas y cerrando un año espectacular con 3 títulos consecutivos (Campinas, Santo Domingo y Lima). Los mismos que le tildaban como fracaso empezaron a darse cuenta de que la receta al éxito siempre estuvo ahí, pero que tener una hoja de ruta clara y esclarecer lo que ocurría dentro de su cabeza era el primer paso para alcanzarlo.

El resto es historia. Garín se consagró en el circuito el año pasado y su último título en Río lo ha llevado hacia el top-20, cotas que el tenis chileno no saboreaba desde el mejor Fernando González. El Gringo Schneiter, que tomó las riendas del chileno hacia finales de aquel año, es otro gran culpable de que Cristian diese el salto desde los Challengers a los torneos ATP sin dificultades ninguna, remarcando en numerosas ocasiones la fe que tiene en su pupilo. Siempre supe que Christian tenía un potencial enorme. Para mí era un jugador que, si se ordenaba dentro y fuera de la cancha, tenía un gran tenis para empezar a jugar en las grandes ligas, en los torneos ATP. Pero no esperaba que del 160 que estaba cuando comenzamos a trabajar, llegara a una final y ganara otra“, declaraba a mediados del año pasado en ESPN.

¿Cuál es el motivo detrás de tal cambio? La madurez mental de Garín se plasma en las pistas en forma de una entereza mental en momentos bajo presión que pocos podían imaginar años atrás. Lejos quedan ya los arrebatos de locura si el tenis no fluía, además de los muchos sets desperdiciados al mínimo obstáculo con el que toparse. Ahora, el tenista de Arica se muestra templado en estas situaciones, como muestra su balance en los tie-breaks del tercer set en 2019 (balance positivo de 5-2, siendo una de sus dos derrotas en hierba, su peor superficie). No solo a la hora de dar el paso adelante en los momentos de presión ha crecido Garín; tambié lo ha hecho en la gestión de desventajas en el marcador, algo que sin ir más lejos pudimos comprobar en la final de ayer ante Mager. El tenis del italiano carburaba, siendo el mejor jugador en el segundo set y gozando de la dinámica positiva del partido… hasta que tocó cerrar con 5-4 en el electrónico. Ahí, donde antes se ponía nervioso, Garín mostró su jerarquía, se puso el mono de trabajo y encadenó tres juegos prácticamente sin fallo para cerrar por 7-5 el set, el partido y el campeonato.

Donde antes había dudas, ahora hay oportunidades. La historia de Cristian Garín nos muestra que los tiempos de maduración en cada tenista son diferentes, y que colocar una carga tan bestial desde los inicios de una carrera puede tener efectos catastróficos. A pesar de todo, lejos de los focos, el chileno se redimió, encontró su camino y ahora solo se focaliza en lo que pase en la cancha. “Recibir el trofeo de las manos de Kuerten significa muchísimo para mí, es por momentos como estos por los que hago sacrificios diarios. Creo que todo esto es un regalo tras tantos años trabajando duro y sufriendo. Este es mi sueño, y lo estoy disfrutando”.

Gozando ya el respeto y la confianza de todo Chile, Garín se ha hecho un todo un hombre en el circuito. Y el mundo del tenis lo agradece, pues suma un exponente en tierra que muchos creían perdido. Solo el tiempo dirá cuál es su límite.

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