Tipsarevic confiesa que sufrió depresión durante su carrera

El serbio, retirado desde final de la pasada temporada, desvela en un ejercicio de reflexión algunos de los momentos de mayor aprendizaje de su carrera.

Janko Tipsarevic en su último torneo. Fuente: Getty
Janko Tipsarevic en su último torneo. Fuente: Getty

Cualquiera de nosotros hubiera firmado tener la carrera que tuvo el serbio Janko Tipsarevic. Jugador cargado de talento, de carisma, llegó a la élite, cuartofinalista de Grand Slam, campeón de cuatro títulos ATP, campeón de Copa Davis, ex Nº8 mundial, presencia en unos Juegos Olímpicos… en fin, nada que reprocharle. Sin embargo, el camino del tenista no siempre es fácil, como tampoco lo fueron los últimos años del balcánico en el circuito. En una carta abierta publicada en el blog Behind the racquet, Janko explica los fantasmas que tuvo que apartar en la etapa donde las lesiones hicieron tambalear su castillo. Aunque también hubo otros fantasmas a la hora de dar sus primeros pasos en el circuito. Para no interferir en el mensaje, lo mejor es reproducir tal cual el artículo del jugador. Palabra por palabra.

“Me retiré del tenis profesional al final de la pasada temporada. Recientemente he podido expandir mi Academia hacia cuatro nuevas ciudades a lo largo del mundo, al mismo tiempo que cumplo mis funciones de entrenador en el circuito. Después de tantos años activo e el tour, lo más importante que aprendí es a ser persistente. La persistencia me salvó en numerosas ocasiones de una cantidad tremenda de emociones combinadas que me llegaron en las etapas donde estuve lesionado. Digamos que no he sido el más afortunado del vestuario, teniendo que hacer frente a siete operaciones en los últimos cinco años. Ha sido una montaña rusa psicológica”

“Aunque es difícil pasar por esos momentos, también me han permitido ser un mejor padre, un mejor esposo, dueño de un negocio, un buen amigo y un buen hijo. He aprendido que para crecer como persona necesitas aprender a lidiar ante la adversidad, además de ser humilde en tiempo de esperanza. Durante mis lesiones, definitivamente tuve algunos problemas mentales graves con los que estuve batallando, incluso se puede utilizar el término depresión para describir exactamente cómo me sentí. Al lidiar con todos estos altibajos, tanto médicos como de opiniones, uno se vuelve loco por no saber qué hacer”

“Al final, el clásico consejo de mantenerte positivo no creo que sea de mucha utilidad. Hubo muchas veces que luché para recuperarme de una lesión, volví a competir en el circuito Challenger, me reprimí de nuevo, me volví a lesionar y así comenzó todo de nuevo. Generalmente no soy una persona demasiado optimista, tampoco soy fanático de las personas que lo son. No creo que los optimistas puedan realmente evaluar una situación en cuestión, ya que siempre intentan extraer el lado positivo de cada cosa. Prefiero mirarme a mí mismo y ser realista. Ver tu situación actual y entender que es una auténtica mierda, sabiendo que eres lo suficientemente fuerte, sabio y valiente como para enfrentarla porque no hay otra opción, es la es única manera de vivir, en mi opinión”

“Antes de alcanzar mi máximo potencial puedo decir que era un cobarde, honestamente. No terminaba de aceptar quién era. Me tomó un tiempo darme cuenta, escapar de mi etapa junior, ver que ya no estaba jugando con niños y que los días de tratar de ser genial y los días de no dar el 110% habían terminado. Recuerdo ver a Nadal enfrentarse a una estrella prometedora en aquel Open de Australia 2008, era Tsonga. Nadal había perdido los dos primeros sets fácilmente y perdía 4-1 en el tercero cuando, de repente, tras un punto insignificante donde conecta un winner de derecha, grita un ‘¡Vamos!’ tan fuerte como puede. Se podía ver en sus ojos la confianza de que todavía podía ganar. Terminó perdiendo el set por 6-1 y, por ende, el partido, pero fue ahí cuando me di cuenta de lo cobarde que era yo. Mientras tanto, Rafa Nadal no se sentía nada avergonzado de mostrarle a las 15.000 personas de la Rod Laver Arena, al mundo entero si hacía falta, que está dispuesto a dar su máximo esfuerzo aunque esté prácticamente muerto. Me demostró que no tiene miedo al fracaso”

“Trabajar con el piloto automático, haciendo lo mínimo en cada reto, no te ayudará a cumplir tus sueños. Mirando hacia atrás en mi carrera, de no haber llegado al top10 o no haber alcanzado otros logros que obtuve, creo que no hubiera sido feliz. No hubiera sido feliz porque no hubiera dejado nada sobre la mesa. De haberme dado cuenta antes de todo esto, estoy seguro de que habría estado mucho más tiempo entre los diez mejores del mundo. Ahora estoy en una posición realmente buena, trabajando seguramente más horas que nunca, y sin escuchar a todos esos amigos que me dicen: ‘Ahora que estás jubilado puedes disfrutar de la vida y relajarte’. Estoy demasiado emocionado de cara al próximo capítulo de mi vida: convertirme en padre de mi segundo hijo”.

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