Federer: “Como estudiante era mediocre”

El suizo repasa el éxito cosechado en la sexta edición del Match for Africa y respalda su idea de servir de soporte en educación para los más necesitados.

Roger Federer. Fuente: Getty
Roger Federer. Fuente: Getty

La sexta edición del Match for Africa desarrollada la semana pasada en Ciudad del Cabo pasará a la historia como la más especial de todas. Ya no solo por contar con la presencia de Roger Federer y Rafa Nadal, ni siquiera por el récord de 52.000 personas en las gradas, sino porque fue la primera de todas que por fin pudo celebrarse en Sudáfrica, un objetivo que el suizo tenía marcado en su programa desde hace tiempo. En una entrevista para Schweizer Illustrierte, el tenista de 38 años confiesa el valor que tiene haber cumplido su palabra, aunque todavía queda mucho trabajo por delante en su sueño de darle a los más necesitados una mejor educación.

“Se me hizo corto, pero intenso”, recuerda el de Basilea días después. “Esa noche di varias vueltas en la cama, me costó dormirme, estaba realmente conmovido. No sé de qué manera hubiera podido ir mejor de lo que fue. El momento en el que mi madre entró al estadio, sabiendo que estaba en su país de origen, fue cuando más tuve que luchar para que las emociones no me abrumaran”, incide un Roger al que se le soltó una lágrima en ese preciso instante. “Pienso mucho en la gente de aquí, escuché muchas veces que era “uno de ellos”, ahora después de este evento puedo confirmar que así es. Esto ha significado un momento extremadamente importante en mi vida, también porque regresé a mi infancia, a un lugar donde pasé muchas vacaciones con mis padres y mi hermana”, rememora.

Lo cierto es que habían pasado muchos años desde la última vez de Federer en Sudáfrica, aunque no porque él no quisiera. “Recuerdo fotos mías en pijama en la playa, horas de viaje en un coche de alquiler por un safari, esperas interminables y preguntas constantes acerca de cuándo veríamos a las cebras, etc. Hacía mucho tiempo que no estaba por aquí, se puede decir que el ritmo frenético del circuito tampoco me lo permitió. Por un lado, a menudo me arrepiento de eso. Por otro lado, ahora se vuelve todavía más agradable mi aparición en este ‘Match for Africa’, hizo que fuera más especial para todos. De lo contrario, no habrían venido 52.000 personas al estadio”, presume el helvético con orgullo.

Entre los múltiples actos que llevaron a cabo durante su estancia en Ciudad del Cabo, uno de los favoritos del suizo son todos aquellos donde los niños estén presentes, aunque no todos lo llevan igual. “Cuando los colegas profesionales se toman fotos con niños, los que no tienen hijos propios se les suele ver más rígidos, aunque tengo que decir que Rafa trató a los pequeños con mucho cariño durante todos los actos. Él está acostumbrado a ello por la labor que hace con su propia fundación. Para mí es realmente fácil, en lugar de mis cuatro hijos ahora tengo cien, no hay problema”, comenta entre risas el padre de familia. “Mis dos hijos cumplirán seis años en mayo, así que tienen exactamente la misma edad que los niños que jugaron con Rafa y conmigo. Sé muy bien cómo reaccionar en ciertas ocasiones, como cuando se caen de rodillas o no entienden algún ejercicio concreto”.

Por supuesto, nada de esto hubiera sido posible sin la figura de su madre, sudafricana de nacimiento. “No sabría decirte hasta qué punto es influyente, pero es lógico que hayamos ido a este continente con la Fundación debido a su origen sudafricano. Cuando estaba haciendo la transición de junior a profesional, tuve la suerte de estar rodeados de las personas adecuadas que me mostraron el camino correcto: Marc Rosset, Peter Lundgren, Peter Carter, todos ellos me ayudaron como un hermano pequeño, pero mis padres también estaban ahí. Era obvio que en algún momento mostraría este compromiso con África”, reconoce el campeón de 20 grandes.

Es en la intención de la Fundación donde ya entra en juego la personalidad de Roger, apostando siempre por la educación. “Eso lo decidí yo. En mi vida siempre supe que quería hacer algo bueno por los niños, y no solo algo a distancia, sino mediante encuentros directos, así que me decidí por la educación. Creo que junto a la salud, es todo en la vida. En mi caso fui muy feliz yendo a la escuela, me permitía jugar al tenis y además tuve la suerte de tener buenos maestros detrás. Eso sí, fui un estudiante mediocre (risas), aunque siempre lo intenté. A veces me cansaba de estar ahí sentado, escuchando, tenían que usar todos los trucos de motivación para captar mi atención”, detalla sobre sus años en la escuela.

Con la meta superada con matrícula de honor, el helvético empieza ya a pensar en su próximo reto. “Ha sido como cumplir un sueño, aunque también tuvo su riesgo. ¿Realmente seríamos capaces de llenar un estadio así de gigante? Honestamente, me hubiera gustado hacerlo en un estado más pequeño, pero cuando vimos las entradas agotarse en cuestión de minutos sentimos también mucho alivio y un orgullo enorme. Me hubiera encantado organizar un segundo partido de inmediato al día siguiente para que todos los africanos interesados pudieran obtener una entrada, pero eso habría sido demasiado bueno. Guardamos la ilusión de ofrecer aquí una segunda edición del evento muy pronto”, concluye.

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