Federer, mermado e interminable, derrota a Sandgren en cinco mangas

El número 3 del mundo puede con Tennys Sandgren en cinco mangas después de caer lesionado en la tercera manga y salvar siete bolas de partido.

Roger Federer. Foto: Getty
Roger Federer. Foto: Getty

Cada partido, que son siete en un Grand Slam, es una vida para Roger Federer en este Open de Australia. Rodeado de adversidades hasta los cuartos de final, peleado con su juego y frenado por una falta evidente de intensidad y claridad en todo su juego, el tenista suizo vio como al cocktail se añadía una lesión que le dejó visto para sentencia ante Tennys Sandgren, quien tuvo siete bolas de partido y cayó en cinco mangas (6-3 2-6 2-6 7-6 6-3). Fue un partido deslucido en su mayor parte pero que puso de manifiesto lo que significa ganar a un 'Big3' cuando careces de experiencia y una lesión te nubla la mente hasta el apagón.

Es indudable que la diferencia de calidad y experiencia es lo suficientemente importante como para pensar que lo que sucede a partir del segundo set solo es fruto del juego. Sandgren llegaba con enormes dosis de confianza pero hay algo en Federer que comienza a llamar la atención. Incluso la primera manga no es obra de un arranque potente del suizo, sino más bien un comienzo errático de su oponente, que siente la presión del escenario y el rival. Sandgren comete tres errores no forzados y una doble falta para ofrecerle a Federer un break que no desaprovecha.

Desde ahí, todo comienza a enrarecerse. Federer no está jugando bien en este Open de Australia, a excepción de su choque ante Filip Krajinovic. Su intensidad, su flexión, movilidad y la tensión de su juego han evidenciado algún déficit en la preparación o una incomodidad continuada en sus sensaciones personales. Y así fue como poco a poco Sandgren fue ganando terreno. El estadounidense, que tampoco planifica su juego para alargar los puntos o castigar la zona del revés del helvético, varía direcciones, improvisa aceleraciones y se apoya, paradójicamente, en pegar saltos con los que generar potencia. Brillante al servicio, el norteamericano se hace con el segundo set ante un Federer cabizbajo.

Pero las sensaciones se convierten en incertidumbres físicas cuando con 0-3, después de que su juego se paralizara y Sandgren mordiera desde el resto, Federer pide la presencia del fisioterapeuta. Roger comenta brevemente la dolencia y abandona la pista camino de los vestuarios junto al personal médico, lo que parece indicar que la zona baja de su espalda -se confirma después problemas en el aductor- es lo que está limitando todo su juego, carente de timing en los golpes y ofuscando su claridad mental para elegir y construir bien sus puntos. La vuelta no solo no produce un cambio sino que acentúa su movilidad.

Sandgren continúa, por su parte, enfocado en servir realmente bien, estando muy cómodo metiéndole intensidad a su revés y a sus piernas, siempre bien posicionado por detrás de la pelota cuando Federer intenta variar desde el fondo. El partido, juego a juego, se acerca irremediablemente a su zona de definición, cuando con 5-4 y saque, Federer salva tres bolas de partido, ya resignado a cortar más la pelota y a seleccionar esfuerzos para tensar su cuerpo y producir potencia. No en vano, el suizo se tira dos sets sacando a 150 km/h, cuando en el primero se acercaba de media a los 190.

Pero es en ese terreno donde los rivales de estas leyendas, más todavía si no tienen la experiencia necesaria para manejar tales variables, ven cada vez más pequeña la pelota y menos claro su plan. Sandgren se vuelve a ver con un 6-3 a favor en el tie break, y tendrá otra más con 7-6, pero el destino le va a impedir tirar abajo a Federer en un Grand Slam. Siete bolas de partido que Federer, como haría con Millman en el 4-8 del supertiebreak, va a salvar para forzar una quinta manga. Destensando el juego, cortando la pelota, descentrando tácticamente a Sandgren, Federer encuentra el hueco.

Ya nada volvería a ser igual en la cabeza de Sandgren, afectado por múltiples sentimientos, habiendo desperdiciado, y sintiéndolo en vivo, una oportunidad única para derrotar a un tenista semejante. Perdidas sus referencias, compitiendo sin la fuerza del inicio, Sandgren asiste a su caída, que es el ascenso de un Federer que sigue de pie. Mermado, lesionado, con 38 años, con dudas en su juego, pero de pie. Interminable.

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