Federer sobrevive ante Millman en un final agónico

El suizo levanta un 4-8 en contra en el supertiebreak del quinto set y levanta un partido que tenía casi perdido ante un Millman excelso.

Federer sobrevive ante Millman en un final agónico. Foto: Getty
Federer sobrevive ante Millman en un final agónico. Foto: Getty

Agónico. No hay otra palabra que pueda definir el final de partido que hemos vivido en la Rod Laver Arena entre Roger Federer y John Millman. 4-6 7-6 6-4 4-6 7-6 (8) en cuatro horas de encuentro fue el marcador en un día donde el suizo estuvo totalmente desconocido, cometiendo excesivos errores (sobre todo con su derecha) y donde el australiano acarició la victoria en el supertiebreak cuando estuvo 8-4 arriba. Roger le dio la vuelta y sobrevivió una vez más cuando muchos ya lo veían todo negro.

Hasta llegar ahí, el camino fue largo. El primer set de Federer es como para olvidar. Sobre todo al saque. Solo un 63% de primeros ante un rival que presiona tanto como Millman le hizo sufrir desde el primer juego a su servicio. Si a esto le sumas un malísimo porcentaje de puntos con su segundo saque (30%), muchas papeletas para perderlo, como así fue. Sufrió un break al inicio y su cara, con gesto torcido, lo decía todo. Estaba incómodo y se le notaba. El australiano le presionaba al resto con bolas profundas y solo eso le bastaba para ponerle nervioso. Aunque Roger desplegó un juego tácticamente perfecto con 5-3 para salvar el break, a continuación tuvo un juego horrible, con varios errores y una doble falta que entregaba la primera manga a Millman.

Tampoco despertó Roger en el segundo, aunque sí es cierto que mejoró un poco sus números al saque, tampoco lo hizo en demasía y seguía sufriendo ante el australiano, que continuaba animándose en cada punto y viendo su oportunidad ante el mal momento por el que pasaba el suizo. Sí que se mostró más serio con sus segundos saques pero ese 68% de primeros le seguía poniendo en problemas. Eso, además de los 32 errores no forzados que sumó en estos dos primeros sets.

Millman llevó el set al desempate, aguantando las embestidas del helvético que aprovechaba para jugarse un winner o buscar la red de forma desesperada si tenía un marcador apretado al resto. Ahí se lo jugó todo al tiebreak, con la opción de ponerse dos sets a cero arriba y decantar prácticamente el partido a su favor. Roger tragaba saliva y sus fans en la grada se comían las uñas ante lo que podía pasar en ese tiebreak y lo cierto es que Federer sacó su mejor versión para llevárselo de forma clara. Parece que necesitara verse al fondo del abismo para centrarse y elegir los golpes y las direcciones adecuadas en todo momento.

En el tercer set se pudo comprobar, por si hacía falta corroborarlo, que Roger no estaba teniendo su mejor día. Continuó por los mismos derroteros que en los dos primeros sets, desesperado en ocasiones y sin ideas. La táctica de Millman era aguantarle en todo momento desde el fondo sin perder demasiada pista y eso desesperaba a un Federer no demasiado boyante de confianza. Lo del australiano era un arma de doble filo porque dejaba todo demasiado en manos de Roger que aun sin estar bien, podía aumentar su nivel como en el tiebreak anterior e imponer su superioridad. Así fue con 5-4 para el de Basilea, que al resto empezó a ahogar a Millman con varios reveses cortados cerca de la red (su mejor golpe hoy) y finalmente logró el break en el momento justo que le daba la tercera manga.

Pero verse contra las cuerdas hizo despertar a Millman, que apretó el acelerador y empezó a tirar más hacia adelante, siendo menos contemplativo y lo hizo con tremendo acierto. Roger seguía perdido con su derecha, con la que no dejaba de cometer errores uno tras otro con el timing completamente perdido. Eso lo vio el australiano que por ahí encontró la fuente de una gran cantidad de puntos, lo que le permitió lograr un break que le haría llevar el partido al quinto set.

Parado de piernas, la derecha no le funcionaba, el saque a trompicones, tremendamente fallón (60 errores no forzados en los primeros cuatro sets)... así, viendo esto, no es de extrañar que el partido estuviera donde estaba. La preocupación en el box de Federer era máxima. Resultaba vital para él salvar un día tan malo como estaba teniendo pero el suizo peca de testarudo en ocasiones. A pesar de que el drive no le iba hoy, no dejó de intentar el mismo golpe que solo le llevaba a cometer un error tras otro. Ahogado en su propia herida, no dejó de provocar que la hemorragia no frenara y entregó su saque al inicio para complicar aún más la situación.

Por suerte para él, en el siguiente juego Millman estuvo un poco más contenido, quizá pensando que tenía medio trabajo hecho y eso lo aprovechó Roger para romper acto seguido y regresar al partido. Desde ahí, el partido caminó en la línea entre ganar y perder, que estaba más fina que nunca. Rozó la rotura el australiano con dos break points pero Federer las salvó de forma agónica. La tensión se podía tocar con las manos y más aún cuando el encuentro se iba a decidir en el supertiebreak.

Millman caminaba por la Rod Laver Arena como si fuera el dueño del lugar. Su lenguaje corporal contrastaba con el de Federer, siempre cabizbajo. Si en el tiebreak del segundo set fue Roger el que dio el paso adelante, en esta ocasión fue Millman. El australiano no dejó de castigar la derecha de Federer a base de paralelos y todo parecía sentenciado con 8-4 para el australiano. Pero Roger no le perdió la fe nunca. Se vio tan cerca John de la victoria que se olvidó de seguir presionando y abriendo campo y un par de errores hizo el trabajo para un Federer que a la primera que vio un hueco, se metió de cabeza y se llevó el partido de forma agónica cuando todo parecía perdido.

Desde el Open de Australia 2015, Roger no perdía en la primera semana de un Slam. Hoy, el fantasma de Seppi sobrevoló la Rod Laver Arena de nuevo pero Federer se salvó en el último momento. Se mete así en octavos, donde se medirá ante Fucsovics y con la tarea de analizar qué le ha sucedido hoy para ver ese nivel en ciertas áreas de su juego. Desde luego, si no quiere volver a pasarlo tan mal, tendrá que mejorar mucho para el siguiente partido y es que si en aquella fatídica noche en Nueva York ante Millman dejó 77 errores no forzados, hoy superó esa cifra hasta llegar a los 82 en una noche más que sufrida.

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