“Es imposible entrenar a esta niña, está demasiado gorda”

Taylor Townsend relata algunos de los capítulos más duros de su infancia. “La gente se fijaba mucho en mi físico, me juzgaban antes de verme jugar”.

Taylor Townsend durante el torneo de Wimbledon. Fuente: Getty
Taylor Townsend durante el torneo de Wimbledon. Fuente: Getty

Una vez más acudimos al blog Behind the racquet, un portal que abre invita a los tenistas profesionales a contar sus historias hasta llegar a la élite, la mayoría de ellas protagonizadas por un instinto de superación que merece la pena subrayar. En este caso acudimos a la llamada de Taylor Townsend, una de las mejores juniors en su momento y una de las chicas más azotadas por la crítica debido a su genética. La estadounidense, actualmente entre las 80 mejores del ranking, explica con crudeza cómo fueron sus primeras experiencias en el tenis y cómo la vida le fue enseñando lecciones que le todavía le sirven a día de hoy.

“Desde que tengo memoria, he sido excluida de la conversación”, comienza la norteamericana, dando a entender que su relato no está cargado precisamente de chistes y sonrisas. “Ya con dos años me expulsaron de un programa de tenis, los directores le dijeron a mis padres que estaba gorda, que era perezosa, una niña imposible de entrenar. ¿Cómo la gente puede determinar esto en un niño? Me parece increíble. Desde el principio la gente se fijaba mucho en mi físico, automáticamente juzgaban mis habilidades, incluso antes de que empezara a caminar por la cancha y comenzara a jugar. Pero la pista de tenis era donde yo me sentía feliz, donde me sentía libre, donde las opiniones no me importaban”, reconoce la de 23 años.

Su trayectoria siguió avanzando y con ella, los primeros obstáculos. “Tuve un avance rápido hasta los 14 años, donde la USTA me abrió sus brazos. Me mudé a Florida con la esperanza de mejorar mi carrera y mi tenis, algo que no sabía qué futuro tendría. Recuerdo que perdí un partido en un evento ITF y allí estaba precisamente Noah (el creador de este blog). Le dije: ‘No creo que esté hecha para ser una jugadora de singles. No soy capaz de ganar un partido, pero en dobles los estoy ganando todos. Tal vez este sea mi camino’. Rápidamente, Noah me contestó: ‘Tranquila, Taylor. Todo sucederá con el tiempo’. La semana siguiente gané mi primer título junior en Tulsa y luego gané el Open de Australia Junior. A partir de ese momento mi vida cambió, me llegó el éxito que anhelaba, ese que parecía tan lejano y que estuvo siempre frente a mí”, recuerda la oriunda de Chicago.

Cuando todo parecía estar ya encaminado, la vida volvió a darle un nuevo revés a Townsend, aunque esta vez no tendría nada que ver con el tenis. “Me convertí en profesional con tan solo 15 años, pero poco después tuve que enfrentarme a unos problemas que jamás hubiera imaginado. Descubrí que mi madre me estaba robando dinero, el dinero que yo estaba ganando en premios, para luego desviarlo a su beneficio personal. Esto me sacudió durante un tiempo, me sentí traicionada y perdida, pero me enseñó lecciones valiosas. También aprendí a nunca bajar la guardia cuando se tratara de asuntos personales o de mi profesión. Mirando atrás, ahora veo que fue un proceso de refinación, tanto para mí como para mi círculo”, valora tras los años.

Un camino muy complicado de recorrer que ha terminado fortaleciendo a Taylor de cara a cómo afrontar los problemas. Por suerte, el talento y la ilusión siempre se imponen al resto de factores. “Me mudé de regreso a Atlanta y me rodeé de gente que sabía que me cubriría las espaldas. Ha sido un camino difícil hasta llegar aquí, pero no lo cambiaría por nada del mundo. Todas las experiencias en las que fui rechazada, cada situación donde no encajé por mi imagen, los días en los que me sentí avergonzada por mi cuerpo, la lucha contra la depresión interna y los problemas de confianza personal… todo eso me ha dado fuerza para mantenerme firme y ser dueña de mi trasero. Esto es lo que soy, o lo tomas o lo dejas. Estoy orgullosa de la persona que soy, de la persona en la que me he convertido, y estoy emocionada por ver todo lo que me deparará el futuro. Son simples niveles en esta cosa llamada vida”, sintetiza la estadounidense con su clásica sonrisa.

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