Djokovic no tiembla ante Nadal

Victoria contundente del serbio ante el balear, que no le gana en pista rápida desde 2013. El punto de dobles decidirá quién es el primer campeón de la ATP Cup.

Novak Djokovic en modo avión. Fuente: Getty
Novak Djokovic en modo avión. Fuente: Getty

España tendrá que seguir peleando si quiere encabezar la lista de campeones de este nueva ATP Cup. Rafa Nadal era el hombre que podía haber cerrado la final hace unos minutos, pero se encontró con un Novak Djokovic inconmensurable que despejó rápidamente esta posibilidad (6-2, 7-6). Un partido donde el serbio fue superior en todo momento, demostrando que en este tipo de pistas, en estos momentos de sus carreras, tiene más armas para salir con éxito. Un regalo para el espectador (sobre todo el seguido balcánico) cargado de puntos increíbles que terminó con un empate en el marcador, el que nos lleva al último punto, el de dobles. Allí será donde se decida cuál de los dos países acaba colgándose el oro.

Era el partido que todo el mundo estaba esperando, aunque ya sabemos que esto no siempre se corresponde luego con el nivel del mismo. Entiendan nivel como un encuentro igualado donde ambos contendientes son capaces de dar lo mejor de sí y logran transmitir esa emoción de lo que pueda pasar. Es decir, todo lo contrario de lo que vimos en el primer set. Con un Djokovic tremendamente sólido y determinante ante un Nadal dubitativo que no terminaba de entrar en pista y que tampoco encontraba la manera de anular las embestidas de su rival. El serbio iba como un tiro, con la mirada de las grandes ocasiones, con la rabia y el deseo que hace falta para salir triunfador de este tipo de partidos. Todo era brillante en la raqueta del balcánico, empezando por su saque y acabando por su juego en red. Jugando sobre cemento y siendo esto así, lo más normal es que Nole se pasee cómodamente. El 6-2 no mentía.

Claro, que luego te pones a repasar los datos y ves que el español no supera a su gran archienemigo sobre cemento desde la temporada 2013, cuando le superara en la final del US Open. Más de seis años sin hacerle daño en esa superficie son muchos años, ese tipo de dato que te hace comprender el porqué de un arranque así de partido. Se acumula la manera de jugar, la confianza de tanto tiempo y ese ‘pequeño’ extra que siempre tiene el de Belgrado cada vez que juega en Australia. Hoy, además, lo hacía con toda una colonia serbia en las gradas animándole, lo cual ponía una piedra más en el camino del balear. No sería Rafa quien tirase la toalla, pero sus charlas con Francis Roig tampoco le convencían demasiado. Él lo iba a intentar, como siempre hizo, pero ningún plan le aseguraba el éxito.

La segunda manga empezó con una mayor igualdad, aunque las sensaciones eran las mismas. Si Novak no bajaba el listón, sería complicado tener opciones de triunfo. Una situación que bien conoce Rafa y ante la que solo se puede hacer una cosa: mantenerse en el partido hasta que aparezca la oportunidad. Esa puerta se abrió de par en par en el quinto juego, con 3-2 para Nadal y un 0-40 que sabía a gloria. Tres bolas de break para girar el mecanismo de aquel duelo, aunque ninguna terminaría consolidándose. Sufrió mucho Djokovic para salir vivo de aquel juego, pero no se le escapó. Ahora sí, el nivel ya era galáctico, merecedora de un cartel así. En cuanto a Novak, era normal que llegara alguna tormenta, pero se protegió a tiempo. Ahora le tocaba a él disfrutar de un contexto favorable, le llegaría en el 5-5 y un 15-40 que prácticamente le entregaba las llaves del combate. Tampoco fue la definitiva, ya que el balear resistió tan bien como lo había hecho antes el de Belgrado. El nivel seguía creciendo, era ya casi inalcanzable para el resto de los mortales, pero el Nº2 del ranking no esaba dispuesto a seguir mucho más en pista.

El tiebreak decantaría la balanza y en ella se impuso Novak, el que fue mejor jugador en líneas generales. Servicio, derecha y supervivencia. En esos tres aspectos fue mejor el serbio, un combo perfecto para tumbar por 29ª ocasión al español. Aunque aquí los únicos números que valen son los que mandaron la eliminatoria al tercer y definitivo punto. Un dobles que, seguramente, vuelva a cruzar a los dos más grandes del momento.

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