Con Rafa hasta el final

De Miñaur tuvo contra las cuerdas al balear pero su resistencia tuvo recompensa tras anotarse el segundo set. Serbia-España, final de la ATP Cup.

Rafa Nadal y una victoria que vale el pase a la final. Fuente: Getty
Rafa Nadal y una victoria que vale el pase a la final. Fuente: Getty

Australia rozó por momentos el milagro en las manos de un Alex De Miñaur pletórico durante las dos primeras horas de partido, pero una desconexión mental provocada por la resiliencia de Rafa Nadal terminaron por resolver una eliminatoria que coloca a España en la gran final de la ATP Cup ante Serbia. El pase definitivo lo logró el manacorense tras un combate que no hubiera ganado a los puntos (4-6, 7-5, 6-1), pero esto es tenis y a veces aguantar las peores tempestades te otorga un salvavidas cuando ya vas río abajo. Con Serbia en el horizonte, el conjunto de Francis Roig buscará mañana encadenar su segundo título como equipo tras el conquistado hace mes y medio en la Copa Davis de Madrid.

Después de ver cómo Bautista jugaba al ratón y al gato con Kyrgios, la eliminatoria entre España y Australia amenazaba con no ser lo que esperábamos. Al menos, en cuanto a evolución de los hechos. Las apuestas daban por favoritos a Kyrgios y a Nadal, pero puede que hoy no fuera el mejor día para hacer vaticinios. Siendo una eliminatoria al mejor de tres puntos, salir a pista con 1-0 o 0-1 cambia todo, o eso es lo que dice la teoría mental deportiva. Rafa tenía colchón para fallar, pero De Miñaur jugaba con todo el país encima: si caía él, caían todos. Pero nada de esto representó un factor importante en la segunda gran batalla de la jornada. Un duelo de máxima intensidad donde pudimos ver las primeras grietas generacionales entre los que sostienen este circuito y los que muy pronto cogerán su testigo.

¿Qué pasó exactamente para que el australiano se mostrara por momentos tan superior al español? No hablemos en términos generales, hablemos del día de hoy. Hoy, sábado 11 de enero de 2020, la frescura de Alex fue superior a la de Rafa. Esta frase, que en un principio puede asustar, fue una realidad durante buena parte del encuentro. Y es normal teniendo en cuenta que hay trece años de diferencia entre ambos, pero esto no siempre se cumple. Por ejemplo, no se cumplió en sus dos precedentes, donde el manacorense barrió a su adversario sin problemas. Pero hoy todo fue diferente, ya sea por la madurez de De Miñaur, por estar jugando en casa, por el cansancio acumulado de Rafa o porque todas las anteriores son correctas.

De Miñaur salió a jugar con el alma y por poco se le sale del pecho. Dejando a un lado las banderas, es precioso cuando un tenista le pega con esa libertad, esa seguridad y esa confianza de que cualquier cosa que se te pase por la mente será desarrollada a continuación por tu raqueta. Sin ningún tipo de miedo, pero con todo el respeto del mundo, Alex dio una lección física y mental durante toda la primera manga. Llegando a cada bola, sí, pero no solo eso. En el momento que podía pegar un winner, no se lo pensaba. Cada punto significaba un puñetazo sobre la mesa, llenando su cartera de todo el crédito que algunos ponían en duda antes del partido. ¿Estará preparado para dar su máximo nivel en un choque de tanta exigencia? ¿Con toda Australia detrás? Definitivamente, sí. Hoy el partido acabaría como acabaría, pero la sensación de jugarle de tú a tú al número 1 del mundo ya no se la iba a quitar nadie.

Por momentos hasta recordaba al Nadal más tierno, aquel diablo de 20 años que no daba una bola por perdida, que volvía loco a sus rivales por su condición física. Hoy era Rafa el que tenía que lidiar con un perfil así y, por su rostro, ya pudimos observar que no debe ser grato. La contienda estuvo más igualada en la asegunda manga, aunque el español seguía en busca de una oportunidad de break que no terminaba de llegar. Y mientras esperaba, el 5-5 llegó a nuestras pantallas. El 6-6 ya no lo llegamos a ver. Restando para ganar el set, el español por fin aterrizó en la marca deseada. Un 30-40 donde tuvo algo de suerte –pelotas mal tocadas y algún toque de la cinta– y que le llevó a cumplir su primer objetivo. Por primera vez tenia pelota de quiebre, por primera vez le rompía el saque a su rival, una combinación que le daba el segundo parcial.

De repente, De Miñaur se acordó de todo lo que estaba intentando olvidar. Recordó la derrota de Kyrgios, recordó que una derrota suya significaba la eliminación y, por si faltaba algo, alzó la vista y se topó con el mayor competidor de todos los tiempos, un número 1 que no tira la toalla jamás. Nadal había superado los peores momentos del encuentro, resistiendo a la mejor versión del australiano, así que ahora le tocaba a él escribir las últimas páginas a su antojo. Dio hasta un poco de lástima ver a un Alex completamente superado por los hechos, pero dentro de unas horas tendrá motivos de sobra para estar orgulloso. Eso sí, el título mañana lo pelearán los de siempre. Los países representados por los dos mejores jugadores del ranking.

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