Bautista es un lujo

El castellonense liquida a Nick Kyrgios con su tenis sólido, directo y sin fisuras. Si Nadal supera a De Minaur a continuación, España se verá con Serbia en la final.

Roberto Bautista sigue a un nivel incuestionable. Fuente: Getty
Roberto Bautista sigue a un nivel incuestionable. Fuente: Getty

Por momentos cerrábamos los ojos y Roberto Bautista era el mismísimo David Ferrer. Esa regularidad, esa manera de defender, esa derecha invertida a media pista, en definitiva, esa lección constante de trabajo, fe y calidad que tan bien representan los dos. El español enmudeció a todo Sydney con un nivel de tenis escandaloso ante Nick Kyrgios (6-1, 6-4), dejando así el primer punto de la eliminatoria en manos del conjunto de Francis Roig. Sufrió toda Australia viendo a su jugador ser tan inferior, aunque no todo está perdido para ellos. De momento, el lujo de contar con un tenista tan seguro como Roberto deja a un suspiro la oportunidad de ver un posible Serbia-España en la final.

Después de perder catorce juegos en cuatro partidos, después de firmar cuatro victorias sin pestañear, Nick Kyrgios tocaba a la puerta de Roberto Bautista. El reto se multiplicaba tanto que alguno incluso se preguntaba si no sería perjudicial venir de bailes tan cómodos ante Metreveli, Roncadelli y compañía. Un solo precedente entre ambos, ubicado en el torneo de Tokyo en 2015, no nos daba pie a hacer números, ya que la carrera de estos dos hombres se han transformado de manera crucial en estos últimos cinco años. El español no ha parado de escalar, mientras que el australiano sigue en ese viaje sensorial donde no termina de llegar al lugar que le pertenece.

Con todo eso, ni mucho menos podíamos esperar un repaso tan descomunal como el que se vio en la primera manga. Viendo la cara de Roberto era imposible pensar que de su raqueta acabase de salir un 6-1 estando enfrente uno de los mejores tenistas del circuito, el gran ídolo local en Sydney, un perfil irregular pero capaz de todo. ¿Cómo desconectarlo? Con pelotas firmes, profundas, un ritmo muy alto de pelota y un cero en el casillero de errores no forzados. Si hay que pasar 50 bolas pues se pasan, pero siempre con la intención de fundir y desgastar al de Canberra, sobre todo mentalmente, hasta que llegue a tirarse de los pelos. Fue la fórmula sobre la que se sostuvo el español en esa primera media hora de fantasía, añadiendo además un tremenda fortaleza con el saque, suficiente para que Nick se fuera al banquillo con cara de no saber muy bien dónde estaba.

Una vez superado lo peor, Kyrgios volvió a pista algo más tranquilo. No había una solución clara para cambiar aquel panorama, así que decidió inspirarse en Hewitt. No era su carta favorita, pero entrar en el juego de Bautista era la opción opuesta a lo que estaba haciendo, quizá lo que nunca imaginó plantearse dentro de la pista. Pisando fuerte desde el fondo, el aussie fue ganando en confianza, sintiendo mejor la bola, disparando alguna bomba de vez en cuando, pero en cuanto a movilidad no había color. Cada vez que el de Castellón cogía la iniciativa, Kyrgios sufría detrás de la bola. Aquello sí que era agotador y no el verano australiano.

El cambio de registro de Nick duró hasta que Bautista volvió a meter el cuchillo en el marcador, un break en el quinto juego que le hizo recuperar su esencia. Es decir, ir a tumba descubierta en cada bola. Puede que fuera lo correcto, pero ya era tarde. El Nº10 del mundo tenía ya la mesa puesta y solo faltaba sentarse a comerla. Fue tan claro el triunfo que apenas lo celebró, aunque ya sabemos lo reservado que suele ser Roberto para estas cosas. Un partido para enmarcar y para creer que todavía nos falta por ver lo mejor de su carrera, desde luego este inicio de 2020 invita a pensar en ello. España domina la serie y Nadal la puede cerrar a continuación.

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