David Marrero: “Me daría mucha pena retirarme de esta forma”

El canario lucha contra las lesiones y la falta de victorias a sus 39 años. “Desconozco mi futuro a corto plazo, estoy haciendo todo lo posible para curarme”.

David Marrero en el Challenger de Alicante, esta temporada. Fuente: Fernando Murciego
David Marrero en el Challenger de Alicante, esta temporada. Fuente: Fernando Murciego

Dice el refrán que cualquier tiempo pasado fue mejor. En el deporte, cuando ves los años pasar por el retrovisor, se suele cumplir esta oración. David Marrero (Las Palmas de Gran Canaria, 1980) cumplirá 40 años el próximo mes de abril con más dudas que nunca en su cabeza. Tras una temporada donde las lesiones le impidieron cumplir con lo programado, el palmense reflexiona con Punto de Break acerca del sacrificio que supone seguir viajando por el mundo dejando en casa a su mujer y sus tres hijos. La palabra retirada no le asusta, pero tampoco tiene prisa. Antes quiere dar un último baile entre los grandes, despedirse en los torneos importantes y entonces ya decir adiós. Un desenlace por el que lucha desde hace meses, con la incógnita diaria de si todavía está a tiempo de lograrlo.

¿Cómo estás?

Digamos que he estado mejor. Físicamente la edad pasa factura, pero es verdad que cada día sientes molestias. Tener tres niños también influye, de hecho, noto que desde que soy padre me salen más dolores, pero no lo cambio por nada del mundo.

En abril cumples 40 años, ¿qué te pide el cuerpo?

Ahora mismo estoy debatiéndome entre seguir o no seguir, tengo muchas cosas en la cabeza y el ranking ya no es el de antes. Llevo tiempo sin ganar partidos, la confianza tampoco es la misma, la motivación me cuesta encontrarla, hasta me cuesta salir de casa porque dejo atrás a mi familia. Es una situación complicada, me he llegado a plantear seriamente el dejarlo, pero mi mujer es la que me ha concienciado para que lo intente al menos una temporada más.

Arrastras una lesión de rodilla desde hace un año, ¿cómo se convive con eso?

En diciembre de 2018, durante la pretemporada, me sobrecargué mucho la rodilla derecha, hasta el punto que cogí una tendopatía del rotuliano, pero eso lo supe más adelante. Al no haber tenido nunca dolores, pensé que ese dolorcito se pasaría en unos días, pero seguí jugando y lo que hice fue empeorarlo más. Sin embargo, la causa que me ha hecho parar tanto tiempo este año no fue esa, sino la rotura parcial que tengo en el cubital del brazo derecho.

Doble ración de dolor.

Y ésta tampoco la sabía, me lo dijeron hace poco tras una resonancia magnética. En el pasado Conde de Godó me empezó a molestar la rodilla pero, en vez de parar, fui poniendo parches, sin tratar de raíz la lesión. Más tarde, en un Challenger en Italia, fue donde noté el problema del brazo, un pinchazo severo cuando sacaba. Estuve todo el verano afectado por esto, jugando una semana y descansando tres. Y la semana que jugaba, lo hacía al 40% de mis posibilidades.

¿Cómo va la recuperación?

Con el brazo estoy haciendo varios tratamientos, en el 90% de los casos se recuperan sin problema con el tiempo. De no ser así, tendría que operarme, el problema es que la operación no me garantiza que se me vaya el dolor. Ahora mismo no sabría decirte mi futuro a corto plazo, estoy haciendo todo lo posible para curarme, pero de ranking estoy 250 y existe el riesgo de que pierda los pocos puntos que me quedan del año pasado.

Has dicho antes que llegaste a pensar en retirarte.

Obviamente, se me ha pasado por la cabeza, pero siempre te queda esa melancolía de intentarlo un año más, por mi familia y por mis hijos. Me daría mucha pena retirarme de esta forma, no me gustaría dejar de jugar así, pero el futuro está en el aire dependiendo de cómo evolucionen las lesiones. Tengo claro que solo volveré cuando esté al 100%, ya sea en enero, febrero, incluso en marzo. Voy a intentar acabar el próximo año lo más cerca del top100 para buscar un jugador con el que afrontar juntos el 2021.

¿Qué idea tenías en tu cabeza para este 2019?

Ahora mismo solo puedo jugar Challengers, así que el objetivo era ganar muchos puntos para ver si en 2020 podía volver a jugar torneos grandes.

Ahora estás 254º del mundo, todo se complica.

Con el ranking que tengo ahora mismo es imposible. Normalmente, los ATP suelen cerrar en el 140º, 150º, 180º como mucho, rara vez cierra tan alto. Ni firmando con Federer o Rafa me daría para entrar.

Tu última victoria ATP fue en Hamburgo de 2018.

Sí, estas son las cosas que te dan que pensar: ¿Estoy haciendo las cosas bien… o ya me llegó la hora? Independientemente de los resultados, luego hay partidos como el de este año en Buenos Aires, que perdimos con match ball arriba. O en Córdoba, donde perdimos en el supertiebreak, por lo que quizá no estoy tan lejos de lo que pienso.

En dobles es todo más difícil.

Hay muchos factores. Lo primero es encontrar una pareja estable, algo que no tengo desde que dejé de jugar con Fernando (Verdasco). Normalmente juego dos torneos con uno, otros dos con otro, pero esta dinámica no es positiva para el dobles. Tampoco tengo un calendario fijo, por haber perdido ranking. La gente ya no quiere jugar contigo, por mucho que hayas sido Nº5 del mundo y, obviamente, porque ya no entras en los torneos buenos.

Este año has jugado 22 torneos con 17 parejas distintas.

Por el ranking, lo que te decía. Si quiero jugar los ATP tengo que buscarme compañeros con buen ranking; ahora estando con este ranking, ya ni eso. Luego puedes encontrar un top10 o un top20 como pareja, pero asegúrate que lo vaya a jugar a full, lo normal es que cuando caiga en individuales se marche al próximo evento o se vaya a su casa.

Después de veinte años jugando, ¿cómo tienes la cabeza?

Son muchos años viajando, estando lejos de casa, lejos de tus amigos, ahora lejos de tu familia… se te pasan muchas cosas por la mente. Sobre todo cuando ya no obtienes los mismos resultados que antes, cuando ya no facturas igual, ahí es cuando pones una balanza para ver si te compensa lo que ganas a cambio de estar lejos de tu familia. Incluso me he llegado a plantear dejar de jugar y empezar como sparring de algún jugador/a, viajando doce semanitas al año y el resto quedarme en casa.

Tienes 39 ahora, pero los doblistas tenéis más cuerda.

Ahí estaba Nestor, jugando hasta los 44. O Paes, aunque ahora ha perdido algo de ranking. Zimonjic o Mirnyi, tres cuartos de lo mismo. El dobles no te requiere tanto sacrificio, la clave está en la prevención de lesiones y los entrenamientos, ahí es donde empieza uno a alargar su carrera.

Tengo mucho interés en cómo se reparte una pareja el trabajo dentro de la pista.

Depende de la pareja. Con Fernando, por ejemplo, lo que siempre nos marcábamos era que el que estuviera jugando desde el fondo, sí o sí tenía que jugar con la derecha. Ambos tenemos muy buena derecha. Aquí correr se corre poco, los puntos son rápidos, pocas veces se pasan más de 8-9 bolas. Digamos que no hay un esquema exacto, cada uno intenta hacerlo lo mejor posible, buscando la manera de hacer daño al rival.

¿Por qué decidiste especializarte en dobles?

Nunca fui lo serio que podía haber sido en el individual. Una vez en Umag, cuando Juan Carlos Ferrero estaba en sus últimos torneos, recuerdo estar calentando con él y, al acabar, me dijo unas palabras que nunca olvidaré. “David, jamás entenderé cómo nunca pudiste meterte top100 de singles con el tenis que tienes”. Eso lo piensas ahora y te da pena, pero en aquel momento era un chaval muy joven, inconsciente, solo quería vivir y disfrutar. Luego por suerte lo arreglé con el dobles, nunca pensé que me llegaría a dar tanto este circuito.

¿Cuándo tomaste la decisión?

En 2010, estando 70 en el ranking de dobles y 150 en individual. Marc López me dio la oportunidad de jugar juntos el ATP de Estoril y lo ganamos. A partir de ahí empecé a jugar cuadros más grandes como Roland Garros o el Mutua Madrid Open. En Hamburgo volví a jugar con Marc y volvimos a ganar. En esos cuatro meses había hecho mucho más dinero que a lo mejor en un año entero jugando individual. Tenía 30 años, momento donde decidí que el dobles sería mi relevo.

Me dijo Marc en una entrevista que todo el que juega dobles lleva dentro un singlista frustrado.

Tiene algo de razón, aunque igual exageró un poco. Hay muchos casos de jugadores frustrados, seguro, gente que no triunfa en individual y busca el éxito por otro camino. Simplemente no están hechos para el singles y por eso se van al dobles, como puede pasar perfectamente al revés.

Pero nadie nace soñando con ser doblista.

Eso es cierto. Yo no conozco a ningún jugador que con 20-22 años ya te juegue automáticamente el dobles. Primero lo intentan en el individual y ven hasta donde pueden llegar. A partir de ahí ya deciden si continúan o no, el singles también es muy sacrificado.

Lo que sigue sin tener el dobles es mucho tirón, pese a los grandes jugadores que se pueden ver.

Y partidos muy buenos. El año pasado en las semifinales del US Open (Kubot/Melo contra Jaziri/Albot) igual había 40 personas… ¡en semifinales de un Grand Slam! Coincidía seguro con algún partido importante en la Artur Ashe pero, ¿40 personas? ¿En un estadio como la Louis Armstrong? Eso te dice mucho de lo que importa el dobles en los torneos.

Hablemos de tu palmarés. De los 14 títulos ATP que has ganado en tu carrera, la mitad fueron con Verdasco a tu lado.

A Fernando le debo mucho, tanto dentro como fuera de la pista. Recuerdo muchos partidos en los que a él le interesaba no jugar, podría haber estado descansando en el hotel, pero se quedaba en el club, calentaba y entraba a jugar. Por mucho que sea un dobles, aunque fuera un partido de 70 minutos, es tiempo de descanso que te quitas. Hemos compartido muchísimas cosas juntos, debuté con él en la Copa Davis, nos clasificamos para el Masters de Londres y lo ganamos, el 50% de mis títulos han sido con él. Ha sido el compañero y el amigo más importante que he tenido en el circuito.

¿Dónde nace esa amistad?

De pequeños. Aunque yo estaba en Barcelona y él en Madrid, ya teníamos una buena relación de los torneos donde coincidíamos. Nos cogimos cariño, tuvimos una buena conexión desde jóvenes, hasta que decidimos empezar a jugar dobles. En 2010 estábamos en el torneo de Valencia todos juntos haciendo estiramientos y, de repente, su padre (José) me suelta: “Marri, a ver si el año que viene nos das alguna semanita para jugar juntos”.

Y te la dio.

En Acapulco, un desastre (risas). Fácilmente, aquel pudo ser el partido donde jugué con más nervios, todo por tener a Fernando al lado, claro. El peor partido de mi vida, pero me dieron una segunda oportunidad y poco a poco fuimos conectando, ganando partidos, ganando torneos…

En 2013 os proclamáis maestros en Londres, derrotando a los Bryan en la final. Imposible mejorar este guion.

Además nos habían ganado las siete últimas veces, siempre nos ganaban. Vengarnos en una final como esa, en el último torneo del año, pues imagínate…

¿Qué recuerdas de ese partido?

Íbamos 5-4, 0-40 sacando Fernando. Yo había fallado tres voleas importantes, sabía la gravedad de ese momento, pero Fernando me cogió por el cuello y me dijo: “No pasa nada, anímate, esto se saca”. Forzamos el deuce, ganamos el punto de oro, hicimos break y luego cerramos 7-5. Ya en el tercer set, el supertiebreak empezó con minibreak para nosotros. Es un partido que lo tengo en la memoria como si fuese ayer.

¿Sueles ver tus propios partidos?

Sí. De hecho, hablando con Marc hace unas semanas, contándole que me estaba faltando la confianza, me decía que me pusiera en Youtube los partidos de aquella Copa de Maestros (risas). De vez en cuando sí que me pongo algún partido, me da nostalgia.

Sobresaliente en la Copa de Maestros, ¿qué nota te pones en los Grand Slams?

Nunca pasé de cuartos de final. En Roland Garros perdimos con los Bryan, en el US Open también con los Bryan, en Australia caímos con Fognini/Bolelli y en Wimbledon nunca pasé de tercera ronda. En Grand Slam las primeras rondas ya son duras, imagínate en cuartos de final. Obviamente, me hubiera gustado pasar de cuartos, tengo ahí una espinita, pero por encima de eso tengo la espina de no haber podido ganar nunca un partido en Copa Davis.

Al menos fuiste convocado, cuántos quisieran…

Jugar por tu país es de las cosas más bonitas que hay. Ir convocado en su momento para mí ya era un premio, pero ayudar al equipo a ganar una eliminatoria poniendo tu granito de arena… ahí tengo una gran espina.

Tuviste tres intentos.

En Alemania (w/Verdasco) perdimos en cuatro sets, ante Kohlschreiber y Haas. En Brasil (w/Marc) también en tres mangas, con Melo y Soares. En Rusia (w/Marc) íbamos 2-1 arriba, pero perdimos en el quinto. Ojalá pueda tener otra oportunidad y poder culminarla.

Antes me has dicho que tu cabeza ya estaba pensando en otras cosas. ¿Te ves volviendo a la élite?

Si estuviera pensando en otras cosas, no habría estado jugando Challengers durante todo un año. Si sigo aquí es porque quiero cumplir un margen, quemar los últimos cartuchos y subir el ranking. Todavía mantengo la ilusión de ganar partidos, volver al top50, engancharme a los ATP y competir en los grandes torneos. Una vez estás arriba te cambia la mentalidad, ahora toca el trabajo sucio.

Para alguien que has sido Nº5 del mundo, ¿cuán duro es tener que jugar el circuito Challenger?

La motivación influye mucho. En un Challenger, por ejemplo, el campeón se lleva 80 puntos, necesitas llegar hasta la final para sumar, alcanzar las rondas donde se juegan los puntos. Sabes que tienes que ganar mínimo tres partidos para sumar 45 puntos, partidos que a veces son igual de difíciles que en un ATP. Luego están los extras, como el hotel que ya no es tan bueno, o que no te vayan a recoger al aeropuerto, que te paguen las cenas, que te den obsequios, etc. Cositas que suman y que marcan la diferencia. No es que los Challenger sean mejor o peor, pero cambia la situación. Lo que yo veo es que aquí la gente no disfruta, la gente no se siente tenista. Esto es como un trampolín para salir del barro y volver a disfrutar en los ATP.

Un circuito de urgencia que nadie quiere jugar.

Algo así. Los que están aquí y son muy buenos tardan un mes y medio en salir. Todos quieren escapar de los Challengers, pero está el riesgo de entrar en una rueda, acostumbrarte a ese nivel, los hábitos de estos torneos, hasta que un día ves que no mejoras, no prosperas y puedes incluso quedarte ahí para siempre. También te digo que hay muchos Challenger que no le tienen nada que envidiar a ciertos ATP 250, hay grandes torneos de categoría 80k o 120k que da gusto jugarlos.

Es la parte que no se ve del tenis, no todos los jugadores viven entre lujos.

Incluso dentro del top100 hay jugadores que, viajando con su entrenador y su preparador físico, no pierden dinero pero tampoco ganan lo que uno se piensa. Ponte que un tipo gane 300.000€ en un año, parece mucha pasta pero, suma billetes de vuelo del entrenador y el preparador físico, más el sueldo de cada uno de ellos, gastos de comida, días de hoteles, los impuestos que te quitan de lo que ganas…

… impuestos, desconozco ese tema.

Lo más barato que te pueden quitar está entre un 15% y un 18%. Luego hay ciudades que te quitan el 20%, el 25% o incluso el 30%. Después vienes a España y te quitan otro porcentaje más, dependiendo de lo que cotices. Un tipo que gane 300.000€ y que cotice el 40% en España, estamos hablando de una resta de 120.000€. Te quedan 180.000€. Luego ponle que te gastas otros 70.000€ en billetes, más el sueldo de tu entrenador. Al final, igual te quedan 40.000€ o 30.000€, ya no es tan bonito, aunque estés 80º del mundo.

Ahí es donde aparecen los Interclubes para que salgan las cuentas.

La mayoría los juegan, sí. Ahora ya no pagan tanto como antes, pero pon que juegas 5-6 partidos, a 4.000€ cada partido. Con eso por lo menos ya te aseguras cubrir el sueldo de tu entrenador. Es un extra que viene muy bien.

¿Qué tal ha sido tu relación con la prensa durante tu carrera?

La prensa te puede subir y te puede bajar, ellos mandan. En mi caso no tengo ninguna queja del trato que tuve con ustedes, de hecho lo sigo teniendo. Quitando ciertos momentos puntuales, no he tenido queja. Me han ayudado muchísimo, cuando me han llamado siempre estuve disponible, siempre estuvieron ahí cuando gané torneos o llegué a rondas importantes. Se agradece mucho ver que tu trabajo está siendo reconocido en tu país, que se cuente que hay un doblista que está dando guerra por el mundo.

¿Cómo fue el día después de ganar la Copa Masters?

Fue más de lo que yo pensaba, mucho más. La semana después de ganar el torneo fue espectacular, salí hasta en periódicos y radios que no conocía. Las redes sociales también sumaron mucho. Creo que era una gran noticia para el deporte español que dos españoles ganen un torneo como la Copa Masters, ¡y eso que el año anterior ya lo habían ganado Marcel y Marc!

Aun así, la guerra con el fútbol la tenemos perdida.

También se habla más de fútbol que de baloncesto. Y más de baloncesto que de tenis. Hay que ser realista, el fútbol es el deporte mundial, quien piense lo contrario se está engañando. Ahora mismo vende más que un jugador del Real Madrid o el Barcelona se lesione a que un top50 español gane un torneo ATP. Y mira que para ganar un torneo ATP hay que correr…

Pero nos pasa también dentro del tenis. ¿Qué se leerá más, una entrevista con Andújar o el nuevo barco de Nadal?

¿Pero no crees que eso lo habéis creado un poco los medios de comunicación? Igual la entrevista con Andújar la ponen abajo, en pequeñito, y la noticia del barco la ponen en grande, ocupando toda una página.

Por suerte, en web no tenemos problemas con el espacio.

Igual tampoco es el mejor ejemplo, Rafa es Rafa. Sin querer desprestigiar a Andújar, que es un héroe después de lo que ha conseguido. Siempre venderá más lo que tenga más volumen de movimiento, eso nunca va a cambiar.

En tu caso, siempre has sido un tipo muy sincero con la prensa, con alguna que otra polémica.

Uno tiene que ser uno mismo, aunque no siempre puedes decir todo lo que piensas, porque te comen. Uno tiene su carácter, su forma de ser, no debes cambiarla por miedo a lo que pueda pensar la gente. Al final, por muy bien que diga las cosas, o por muchas veces que las repita, siempre habrá gente que te apruebe y gente que te rechace. La esencia es lo más importante que tiene una persona, aunque el mensaje siempre ha de ser respetuoso y acorde a lo que uno piensa.

¿Algún declaración que te diera muchos dolores de cabeza?

Seguramente. Ahora mismo se me viene a la cabeza el tweet que pusimos Marc y yo el día que perdimos en la Copa Davis, en Rusia. Nos metimos con algunos tuiteros.

La jungla de Twitter.

A ver, yo puedo aceptar que opinen: “Joder, Marrero, qué derecha más mala tienes” o “Marrero, ves a entrenar un poco, eres más malo que el hambre”. Pero otra cosa es que te insulten. Ese día, con ese tweet mandé a cagar a unos cuantos y luego Marc puso otra cosa. Al final acabamos pidiendo perdón.

Sé que no quieres tocar el tema de las apuestas, un delito del que se te acusó alguna vez.

No quiero volver a remover la mierda. Lo que tenía que decir, lo dije en su día. Aparte, se ha demostrado que no pasó absolutamente nada, poca importancia tiene ese tema para mí, no tengo nada más que añadir.

Entonces volvamos al dobles. ¿Qué te parece que un top10 como Tsitsipas haya jugado este año los Masters 1000 en ambas modalidades?

Al dobles eso le da una vida espectacular. Y a él, personalmente, creo que le habrá venido muy bien para el singles. Golpes como el resto, la volea, los reflejos, todo eso es muy positivo para mejorar, aunque te quite tiempo de descanso. Es una gran iniciativa, ojalá pueda atraer mucho más a los medios de comunicación para que se retransmitan más partidos de dobles. No es lo mismo que el partido lo jueguen Pepito Grillo y Perico el de los Palotes, a que te lo juegue un Wawrinka, un Kyrgios o un Goffin.

¿No lo veis como una especie de intrusismo?

Lo que yo no veo bien es que los top te jueguen uno o dos partidos y luego se centren solamente en el individual. Lo puedo llegar a entender, pero no lo veo del todo bien. Es cierto que no pueden jugar todas las semanas ambos circuitos, sería el doble de trabajo, así que me parece perfecto lo que ha hecho Tsitsipas.

Pienso en el clásico W/O en los cuadros de dobles cuando el singlista cae eliminado en el individual.

Gracias a Dios, nunca me ha pasado. He tenido suerte, o he sabido elegir a los compañeros. De hecho, muchas veces le he llegado a decir a Fernando: “Mira, mañana no jugamos, no importa, tú céntrate en el singles”. Pero él siempre fue muy honesto, nunca me falló.

Honestamente, ¿qué cosas te llevarás el día que dejes el tenis?

(Piensa) Sobre todo, los valores que he podido adquirir como deportista. La educación, la disciplina, las pocas amistades que pude hacer. El cariño de la gente que me ayudó y me motivó cada día, los que estuvieron en los malos días, los que estuvieron siempre a mi lado de manera incondicional…

¿Y qué huella piensas que dejarás tú en el tenis?

¿Sinceramente? No mucha (risas)

¿Cómo te gustaría ser recordado?

Como una persona que tuvo unos valores y unos principios correctos. Un ejemplo a seguir para las futuras generaciones, un deportista que estando en la pista dio lo máximo que tenía.

Y la más difícil, ¿volveremos a ver algún días a dos españoles ganar el Masters?

Hombre, fácil no va a ser, pero espero que no pasen muchos años. Carreño, por ejemplo, está demostrado que juega muy bien individual y dobles. Veremos.

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