WTA: Tercer año consecutivo con cuatro campeonas diferentes de Grand Slam

Repasamos en profundidad el momento actual del circuito WTA, con la ausencia de una dominadora clara y un panorama muy abierto para muchas.

Simona Halep, campeona Wimbledon 2019. Foto: gettyimages
Simona Halep, campeona Wimbledon 2019. Foto: gettyimages

Todas contra todas, sin filtros, sin ambages, sin jugadoras cuyo estatus sea claramente superior y ostenten la habilidad innata para empezar a ganar partidos tan solo con su mera presencia en pista. Así es como se desarrolla el circuito WTA en los últimos años, y esa situación se ha hecho más patente en un 2019 simplemente apasionante. Serena Williams no es la que era, sus apariciones son cada vez más intermitentes y el ansia por sumar un nuevo título de Grand Slam se está convirtiendo en su peor enemigo. La estadounidense debe exprimirse para ganar cada partido y parece complicado que pueda ganar otro gran título si continúa pretendiendo hacerlo sin estar al 100% a nivel físico y mental.

El hecho de encadenar ya tres temporadas en las que ninguna jugadora ha repetido como ganadora de Grand Slam en el mismo año es el fiel reflejo de la "democratización" del tenis, de la igualdad en los estratos superiores y el tremendo potencial que atesoran muchas jugadoras para que en unas semanas de inspiración, puedan hacer saltar la banca. Naomi Osaka y Simona Halep ampliaron su currículum con el que es su segundo gran título en torneos de esta envergadura, mientras que el mundo asistió impávido al surgimiento de dos estrellas tan diferentes entre sí como talentosas en sus respectivos estilos. Ashleigh Barty y Bianca Andreescu inscribieron su nombre con letras de oro en la historia del tenis y lo hicieron transmitiendo la sensación de tener capacidad para ampliar su leyenda en los próximos lustros.

La eclosión de Naomi Osaka en el tramo final de 2018 tuvo continuidad en el Open de Australia 2019. La japonesa transmitió la sensación de poder iniciar un auténtico imperio y suceder así a Serena como una jugadora totalmente dominadora. Muchos se relamían con la posibilidad de disfrutar de un panorama en el que existiera una clara jugadora a batir, pero la resaca del éxito atenazó a Naomi en el tramo medio de la temporada y no recuperaría su mejor versión hasta los compases finales. En Melbourne, ninguna de las otras tres campeonas de Grand Slam del año llegaría a cuartos de final, lo que muestra la igualdad imperante y cómo tenistas como Anastasia Pavlyuchenkova o Danielle Collins, consiguieron filtrarse entre las mejores.

El circuito llegó a Roland Garros 2019 con la sensación de que todo podría ocurrir. Simona Halep, defensora del título y consumada especialista en tierra batida, no había hecho gala de las mejores sensaciones posibles en los torneos precedentes, donde habían surgido tenistas como Kiki Bertens o Belinda Bencic que parecían candidatas a lo máximo. Sin embargo, la imposibilidad de hacer pronósticos volvió a hacerse evidente, con un torneo absolutamente loco en el que dos jóvenes promesas como Marketa Vondrousova y Amanda Anisimova, así como dos tenistas que presumiblemente donde mejor desarrollan su tenis sería en hierba, como Johanna Konta y Ashleigh Barty, hicieron saltar por los aires cualquier previsión. Acabó llevándose el título la australiana con todo merecimiento, demostrando que se puede jugar con agresividad y eficacia en polvo de ladrillo y que su mano prodigiosa y capacidad innata para cortar de revés y cambiar el ritmo con dejadas y subidas a la red, es tremendamente eficiente en esta superficie.

Tuvo continuidad en Wimbledon 2019 la dinámica de sorpresas constantes. Tanto es así que, de las ocho primeras cabezas de serie, tan solo dos se metieron en los cuartos de final, y fueron precisamente la séptima y la octava: Simona Halep y Elina Svitolina. Jugadoras poco acostumbradas a rondas finales de estos torneos, como Alison Riske, Barbora Strycova, Karolina Muchova y Shuai Zhang. Tenis de alto voltaje con una rival a batir por todas: Serena Williams. La estadounidense se las prometía muy felices, pero se topó con la mejor versión posible de Halep en la final, absolutamente iluminada. Su tenis pluscuamperfecto destapó las vergüenzas de una Serena presa de sus nervios y presió autoimpuesta, que se vio sacudida como si de un muñeco de trapo se tratara.

Mientras todo esto ocurría, Bianca Andreescu luchaba por recuperarse de los problemas físicos que habían frenado una trayectoria tremendamente ilusionante a inicios de año, con su título en Indian Wells. Reapareció en plenas condiciones físicas en Canadá, y lo hizo para ganar. Fue un aviso a navegantes de lo que se avecinaba en el US Open 2019, donde su carisma caló hondo entre los aficionados estadounidenses, amantes del show y las jugadoras capaces de hacer vibrar con su tenis y actitud. Triunfo de enorme mérito que, tal y como ocurría con Osaka en 2018, hace pensar a los aficionados en el inicio de una etapa marcada por su dominio, siempre y cuando su ambición juvenil no se vea batida por la falta de experiencia para soportar la presión de saberse favorita a todo. La final fue un duro varapalo para Serena Williams, nuevamente superada con todo merecimiento.

Cuatro triunfadoras, cuatro mujeres que han acariciado la gloria y que no encuentran la manera de imponer su ley con continuidad. Algunos lo achacan a la falta de una jugadora realmente notable, pero también puede percibirse como un momento en el que han confluido tremendos y variados portentos de la raqueta, cuya competitividad e igualdad entre sí es manifiesta y dificultan sobremanera la posibilidad de que se establezca un imperio. ¿Continuará esta dinámica en 2020?

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