Karim Maamoun, el tenista diabético

Con 19 años le diagnosticaron que era diabético. Hoy tiene 28, sigue compitiendo y ya cuenta con la madurez para contarnos su historia.

Karim Maamoun practicando el saque. Fuente The National.
Karim Maamoun practicando el saque. Fuente The National.

La crónica de la final de un Grand Slam siempre será uno de los artículos más leídos del año, pero no siempre asegura una buena historia entre líneas. La historia de Karim-Mohamed Maamoun es de esas que merecen detenerse un segundo y reflexionar, ya sea por la rareza del caso o por el ejemplo que nos deja. Nacido en Giza hace 28 años, este diestro fue diagnosticado de diabetes tipo 1 cuando tenía 19. La noticia cayó como un terremoto en su casa, tanto revuelo generó que la primera opción planteada en el hogar fue que colgara de inmediato la raqueta, tanto por miedo como por desconocimiento.

“Mis padres estaban preocupados por mi salud, no querían que continuara luchando por mi sueño de convertirme en tenista profesional. Querían asegurarse de que, ante todo, estuviera sano”, revela el tenista en un reportaje para The National. “La verdad es que me tomó un par de meses acostumbrarme a todo, con el tiempo empecé a aprender más sobre la dosis de insulina que necesitaba tomar, qué alimentos debía comer y cómo debía entrenarme. Al principio no fue fácil, de hecho, había altas posibilidades de que no pudiera continuar con mi carrera”, recuerda el egipcio.

La sorpresa era mayúscula para Karim, quien no contaba con nadie en la familia que fuera diabético, aunque luego entendió que la herencia aquí no jugaba ningún papel. La diabetes era su nueva compañera de viaje y así la quiso guardar, como algo personal. “Durante los primeros meses no quería contárselo a nadie, estaba un poco avergonzado. Lo entendí de la manera incorrecta, pensaba que estaba enfermo, no que tuviera una situación distinta que simplemente debía tener controlada y tratada. No me sentía cómodo compartiendo estas noticias, así que prefería guardármela”, confiesa el que fuera Nº26 del mundo junior hace ya muchos años.

Pero ese pensamiento se iba a romper en una eliminatoria de Copa Davis en la que un contratiempo le obligó a compartir su secreto con Sherif Sabry, uno de sus compañeros de equipo. “Me sentía realmente enfermo, mi nivel de azúcar en sangre bajó considerablemente. Estaba acostado en la cama, mareado y sudando, pero él no tenía ni idea de lo que estaba pasando. Le pedí que me diera algo dulce y así logré subir un poco mi nivel de azúcar. Mi amigo estaba preocupado, conmocionado, podía verme temblar en la cama pero no sabía lo que estaba sucediendo, así que se lo conté, él fue la primera persona que lo supo fuera de mi familia”, relata la segunda mejor raqueta egipcia en la actualidad, el cuarto mejor árabe del ranking.

La diabetes pasó a ser protagonista en su vida y eso no le impidió seguir ejerciendo su profesión, llegando a ser el número 225º de la ATP hace un par de años, incluso disputando la fase previa del Open de Australia en 2018. “El mayor obstáculo de un tenista diabético es saber controlarlo durante los partidos. Al principio solía controlarlo en cada cambio, administrándome pruebas de punción digital. Me llevó mucho tiempo gestionar el dispositivo, luego hacer la prueba, luego verificar los resultados… además esto me restaba segundos de recuperar el aliento, beber agua o evaluar mi estrategia para los dos siguientes juegos. En esos 90 segundos, no me quedaba tiempo para nada más”, desgrana de su experiencia.

Lo que sí aprendió Maamoun es a pasar hambre durante todo el tiempo, aunque ningún episodio fue comparable al que sufrió el pasado mes de septiembre en una serie de Copa Davis ante Eslovaquia. Seguramente, la peor que recuerda. “Fue una situación extremadamente difícil, me obligó a retirarme mientras representaba a mi país, a Egipto, en un partido tan importante como ese y además jugando en cas. No fue fácil aceptarlo”, expresa con dolor. “La decisión la tomé con mi capitán y el juez de silla, realmente me vi en una situación de riesgo. Mi nivel de glucosa era muy alto y no bajaba durante el partido. Tomaba la dosis, pero no bajaba, por lo que cada vez se volvía más peligroso para mi corazón y el resto de órganos. Fue duro, ojalá no vuelva a suceder. Ahora estoy trabajando con mi médico para que no vuelva a pasar, retirarte de un partido cuando estás jugando para tu país es la peor sensación que recuerdo”, valora el tenista árabe.

Diez años después desde que cambiara su vida, Karim ya habla y afronta cada día con la mayor naturalidad posible. Esta temporada, por ejemplo, levantó seis títulos ITF y se colgó una plata en los Juegos Africanos disputados en verano. Entiende lo que tiene, lo acepta y lo utiliza para ayudar a los demás. “Al principio vi la diabetes como algo realmente imposible de manejar, eso me puso en desventaja con el resto de jugadores. Luego me di cuenta de que si como sano y soy cuidadoso, no me tiene por qué afectar negativamente. El truco es ver la diabetes como mi mejor amiga, no hay que tomarla como una enfermedad”, subraya el jugador.

“Tengo algo que necesita controlarse, aceptando esto se puede llevar una vida normal. Aconsejaría a los demás jugadores que no abandonasen sus carreras por algo así. En cualquier caso, el deporte solo puede ayudarte en este tipo de situación, ya que es una de las cosas más importantes para los diabéticos. No dejes que nada te impida perseguir tus objetivos”, manifiesta con orgullo. Un deportista que apartó las quejas y aprendió a luchar con las armas que le dieron. Un espejo para tantas otras personas que puedan llegar a verse en su situación.

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