Pato Clavet: “Me retiré a los 35 porque me vi solo, la gente se preguntaba por qué seguía jugando”

Entrevistamos a uno de las figuras más emblemáticas del tenis español. “Creo que el nuevo formato de Copa Davis es el correcto, a mí me convence”.

Pato Clavet junto a la Copa Davis. Fuente: Fernando Murciego
Pato Clavet junto a la Copa Davis. Fuente: Fernando Murciego

Si algo bueno tiene esta nueva Copa Davis es que no solo reúne a los mejores tenistas dentro de la pista, también sus gradas se llenan de perfiles célebres relacionados con la competición. Uno que no se pierde un partido es ‘Pato’ Clavet (Madrid, 1968), ex jugador español de los años noventa que llegó a ser Nº18 del mundo. El madrileño ganó a los mejores de su época, cuenta con la victoria más rápida de la Era Open, aguantó en activo hasta los 35, incluso tuvo su thriller particular cuando fue encarcelado en Turquía (2011) cuando volvía de un viaje de caza y confundieron su munición como una posible amenaza. Múltiples historias que rescatar acerca de un hombre que, pese a todo, nunca tuvo mucha presencia en los medios.

Esa falta de popularidad ya la sufrieron otros como Orantes o Bruguera, eclipsados quizá por otros españoles más mediáticos, aunque la timidez y la humildad de cada uno de ellos juega aquí un papel fundamental. Clavet nunca buscó estar en bajo el foco, pero siempre estuvo disponible cuando la prensa le tendió la mano. Punto de Break se sienta con el zurdo de Aranjuez para disfrutar de un análisis al detalle de una de las mejores trayectorias de nuestro tenis. También de una de las mejores personas.

Como espectador, después de ver en directo las dos series de España, ¿qué te parece esta nueva Davis?

El formato es correcto, a mí me convence. Había que modernizarse un poco, darle ese punto de show era necesario. Es la primera edición y seguro que habrá que corregir cosas, como las fechas o el número de países. Luego hay otras competiciones que pueden confundir a la gente, como la Laver Cup o la ATP Cup, se solapan entre ellas. En líneas generales creo que es atractivo para el espectador y más cómodo para los jugadores. Se pone todo el foco de atención en una sola semana, de cara al negocio, patrocinadores y marketing, el impacto es mucho mayor que en el anterior formato.

Pero el tema de los horarios no hay por donde cogerlos.

Todo el mundo no puede estar contento, existen pros y contras. Quizá el número de selecciones es excesivo, habría que hacerlo más pequeño para que los horarios sean más relajados y no terminen tan tarde. Estas cosas pasan también en los Grand Slams, en torneos como el US Open, el Open de Australia o aquí en e Mutua Madrid Open. Hay que poner unos horarios en los que la gente pueda venir. Contra Rusia la serie duró ocho horas, es difícil mantener a la gente ocho horas animando.

Decía Djokovic que echaba de menos jugar en casa.

Puede ser, por supuesto. Pero si te das cuenta, en otros deportes como el fútbol, el Mundial se juega en un país cada cuatro años, se va rotando. Esto es lo que va a pasar con la Copa Davis. Llegará un año en que se juegue en Serbia y contará con el factor público. Había que hacer un cambio urgente, aunque se pierde un poco el glamour de jugar en casa, ese ambiente familiar de personas que estaban tres días, desde el principio hasta el final.

Justo se cumplen 20 años desde que tú debutaste en Copa Davis.

Y me encantó, una de las experiencias más bonitas que he tenido en mi carrera. Jugué solo dos eliminatorias, la de Nueva Zelanda en 1999 donde peleamos por mantener la categoría y luego la primera ronda del 2000 contra Italia, el año que acabamos ganando.

Vamos, que se puede decir que eres campeón.

De hecho tengo en casa mi réplica de la copa, con mucho orgullo.

Todos los jugadores decís que no tiene nada que ver con un torneo normal. ¿Tantísima es la diferencia?

Es una sensación totalmente distinta, juegas para tu país, con toda la gente detrás. Recuerdo que jugué tres partidos y los gané los tres, por lo que me llevé un buen récord. A nivel personal, es una mayor responsabilidad, sentí esos partidos con más nervios y un compromiso extra. Es una de las competiciones más bonitas de jugar, aunque también la viví como entrenador de Feliciano cuando se ganó en Barcelona. Ahora espero vivirla como público.

Tuviste una carrera de lo más peculiar. Empezaste siendo un terrícola y acabaste brillando en pistas rápidas.

Te digo más, al final me acabó gustando más jugar en pista rápida. Fue una evolución natural. Al principio, como la mayoría de los españoles, creces en pistas de tierra, pero antes el circuito era distinto. Ahora todos los tenistas se adaptan a todas las superficies, juegan bien en todos lados, recuerdo que antes los sudamericanos empezaban la temporada en marzo. Estaba así organizado, la tierra era mucho más lenta, el cemento más rápido y en hierba la bola no botaba. Había mucha más diferencia, ahora todo se ha homologado. Hasta en indoor se juegan unos intercambios larguísimos, eso ha hecho que los jugadores mejoren.

En tu caso, ¿por qué llegó ese cambio de dinámica?

Fue también producto de mi edad, del físico. Cuando empecé a ser mayor me costaba mucho más luchar en arcilla, batallar durante tres horas, fui evolucionando hacia las pistas rápidas gracias a que tenía un buen toque, porque fuerza nunca tuve mucha. Esto, sumado a que era un jugado fiable, no fallaba mucho, lo aproveché para que mis golpes hicieran más daño en pista rápida que en tierra batida, casi por necesidad.

Llegaste incluso a dominar la hierba (R16 Wimbledon 1998).

Fue una época donde la gente se saltaba la gira de césped, eran condiciones muy rápidas, no botaba la pelota. Recuerdo la primera vez que jugué en hierba, jurar que jamás volvería, la odié y estuve un par de años sin jugar Wimbledon.

Pero volviste, ¿por qué?

Gané un partido, cogí un poquito de ánimo, empecé a jugar bien y al final me acabó encantado. Hubo una vez jugando con Philippoussis que mi objetivo era que no me diese un pelotazo con el saque (risas). Era una bomba, no había peloteo, antes se jugaba más saque-volea. Ahora todos juegan de fondo de pista, la bota sigue botando poco pero no es tan rápida.

Es el mejor momento de mi vida, parece un sueño”. Son palabras tuyas en un momento muy especial.

Cuando gané en Scottsdale (2001).

El último título que ganaste como profesional, el único sobre cemento.

Para mí ese fue el mejor torneo que jugué en mi carrera. Gané en primera ronda a Agassi, en segunda ronda a Cañas, en cuartos a Massú, en semifinales a Hewitt y en la final a Norman.

¡Ese cuadro no existe!

No existe (risas). Es un cuadro de Masters 1000. Scottsdale era una semana intermedia a los torneos de Indian Wells y Miami, entonces siempre estaban Sampras, Agassi, Ferrero, Corretja… un show. En ese torneo me tocó enfrentarme cuatro años seguidos a Agassi, dos veces le gané y dos veces me ganó él.

Tengo apuntadas once victorias ante jugadores que, en algún momento, llegaron a ser Nº1. ¿Alguna que te marcara?

La de Federer, por ejemplo. Mi H2H con Roger es 1-0, lo que pasa que nunca digo cuándo fue el partido (risas). Después de lo que ha sido Federer, poder contar que le gané (Cincinnati 2000) es una maravilla. De hecho, en su día me llamó un periodista suizo para hacerme una entrevista por ese tema. Luego también me hizo mucha ilusión ganar a Agassi, Hewitt, Kuerten, Courier…

¡Eras el azote de los top10!

No te creas, al principio tenía un bloqueo mental que no podía ganarles, mi porcentaje contra los top10 era horroroso. Salía a la pista, pensaba que eran mejores que yo y se me hacía imposible competir. Hasta que logré por fin ganar a uno y aquello fue un click en mi carrera. Ahí me di cuenta que podía ganarles, que no todo era pegarle fuerte o tener mucho talento. Gracias a Dios, el tenis no son matemáticas, no depende de una sola cosa. La clave era llevarlos a mi terreno, aprovechar sus debilidades y explotar mis fortalezas. Al final de mi carrera lo que más motivaba era jugar ante estos top10, si me tocaba jugar con otros la motivación ya no era la misma.

Explícame ahora cómo ganaste en 2001 un partido en 25 minutos.

(Risas) Eso me lo preguntan siempre. Fue en Shanghai, lo que es ahora el Masters 1000, pero en aquel momento era un ATP 250. Me tocó con Shan Jiang, un WC chino que ni siquiera tenía ranking, no hubo color. No fui consciente del récord hasta que pasaron los años y todo el mundo me lo recodaba. Además, mis partidos si se caracterizaban por algo era por ser largos, duros y luchados.

Ese récord te lo llevas a la tumba.

Hoy en día es imposible. Además, el tenis chino ha mejorado mucho, tienen buenos jugadores y van a salir más, pero aquella vez debió ser el primero que pasaba por allí (risas).

Luego tocaste el top20 justo el año que no ganaste ningún título.

Es verdad, me acuerdo que llegué al Nº18 después de perder con Bruguera la final de Gstaad, creo que también había hecho semifinales en Indian Wells ese año, así que fue esa regularidad la que me llevó tan arriba.

Una carrera brillante y, sin embargo, un perfil bastante alejado de los focos. ¿Notas que se te valoró como merecías?

Es un tema complicado. No me siento maltratado, yo llevo toda la vida en el Chamartín, con gente que conozco desde hace muchos años, y no te tratan como alguien que ha sido Nº18… pero yo lo prefiero. Que haya un trato natural, no como una estrella. Aquí somos todos iguales, no hay nadie que sea más que otro.

Ya, pero algo, algún homenaje…

Siempre gusta que haya alguno, a nivel del club, de la RFET, alguien que te reconozca tu carrera. En ese sentido no me quejo, nunca sentí que estuviera maltratado, creo que siempre se portaron bien conmigo. Lo que también hay que valorar es que España ha tenido una cantidad de jugadores bestial.

Te tocó sufrir a otros españoles mejores.

Sí, pero es que ahora es peor todavía. Los Ferrer, Bautista o Verdasco han quedado tapados por la grandeza de Rafa. Con la cantidad de jugadores que hemos tenido es más difícil, siempre hay algunos que atraen más la atención mediática. Ahora con David, por ejemplo, creo que lo han hecho muy bien, se lo merece. Así debería ser con Bautista también. Con Almagro, otro gran top10, creo que se ha despedido y no ha tenido un adiós como se merecía. Esas cosas hay que cuidarlas siempre.

Tú colgaste la raqueta con 35 años, fuiste un adelantado.

Me retiré porque me quedé solo, los de mi generación se habían retirado todos, me vi solo ante el peligro (risas). Ya venían los jóvenes con Moyá y Ferrero, me daba hasta morriña, era el momento de despedirse. En esa época, con 35 años, la gente te miraba con cara rara, se preguntaban qué hacía todavía jugando. Fíjate, ahora es lo normal jugar a esas edades.

Tú último torneo fue en El Espinar (2003) y jugaste con dos tenistas que hoy todavía siguen en activo.

Me acuerdo perfectamente. A Jean-Julien Rojer no le conocía, tuve que pedir referencias, en aquella época no era ni doblista todavía. Con Nicolas Mahut sí me acuerdo, era mucho más joven, una de las jóvenes promesas francesas, perdí con él 6-4 el tercero.

¿Cómo se afronta un torneo sabiendo que es el último?

Tranquilo, la verdad. No recuerdo estar excesivamente nervioso. Mi intención era retirarme aquí, en el Masters de Madrid 2002, pero perdí en primera ronda con Nalbandian y decidió alargarlo medio año más, hasta El Espinar. No fue ningún drama, de hecho, una vez que me retiré seguí jugando la Bundesliga alemana algún tiempo. Fue algo progresivo

Una pregunta complicada. ¿Por qué no salen más jugadores de la Comunidad de Madrid? En Barcelona o Valencia la producción es constante.

Allí hay Academias… pero privadas. En Madrid no tenemos ni una Academia privada. Por ahí están Ferrero (Villena), Ferrer (Jávea), Altur (Valencia), Galo Blanco y Fernando Vicente (Gavà), Emilio y Sergio (Barcelona), el propio Rafa (Manaor)… de ahí salen un montón de jugadores, es lo que marca la diferencia. Algunos salen de la Federación, pero no es donde más salen. Ahora mismo la mayor parte de la producción sale de Academias privadas.

¿Pero hay nuevos talentos en la capital?

Hay un par de jugadores, pero todavía son muy jóvenes. El hijo de Avendaño juega bien, otro chico que se llama Marcus que ha ido al Masters de Londres este año, otro chaval del Chamartín que es de los mejores de su edad… pero todavía son cadetes. Dentro de su edad son de los mejores, pero son muy jóvenes todavía.

Quizá sea momento de apostar por una Academia privada.

Se pensó, pero no es fácil. No hay esa cultura, no hay donde montarla, o llegas a un acuerdo con un club para que te dejen las pistas, o no hay manera. Es una pena porque hay varios ex jugadores que lo hemos pensado y nos gustaría montar algo así, pero no se pueden comprar unos terrenos a la ligera, hay que contar con un respaldo y un apoyo económico. El problema no es el nivel, ahora estoy entrenando a un chaval joven de 19 años y me doy cuenta de lo desperdigado que está todo, no hay un centro neurálgico que reúna a esa gente que esté dispuesta a trabajar y dar el salto, que puedan entrenar todos juntos con una serie de entrenadores que puedan viajar con ellos a los torneos. Cada uno va por su cuenta.

¿Te ves volviendo al circuito ATP como entrenador?

Me gustaría, pero ahora mismo por circunstancias personales no podría hacerlo a tiempo completo. Me gusta entrenar, me gusta el ambiente, estar en contacto con jugadores, pero tendría que ser una colaboración adaptada a 12-15 semanas.

¿Nunca se te propuso ser capitán de Copa Davis o FedCup?

Nunca. Este cargo es como el premio o el reconocimiento a una carrera, lo que decíamos antes, pero delante de mí hay unos cuantos. Está Bruguera, luego vendrá Ferrero, Moyá ya estuvo, luego estará Ferrer, etc. También es un tema muy político, lo deciden las personas que están al mando de las Federaciones, no es fácil. A mí me encantaría, sería una gran ilusión. Jugar la Copa Davis fue algo muy especial, ser capitán sería la guinda.

Una última. ¿Volviste alguna vez a Turquía?

(Risas)

Tenía que preguntártelo.

No he vuelto, no he vuelto. Y eso que hay torneos. Prometí no volver nunca más más con el calentón, allí me dijeron que era un año de deportación y que al año siguiente podría volver. Con los años se quedó como una anécdota que incluso me gusta recordar, queda bien en el currículum. Mira, me gustaría volver algún día, creo que es un país excepcional, con una capital preciosa. Si Dios quiere volveré algún día, pero iré con mucho más cuidado.

¿De las peores experiencias de tu vida?

La peor, sin ninguna duda. En el momento me creó un trauma, mentalmente fue duro. En esa época estaba entrenando a Feliciano y estaba pensando que, cuando saliera, le llamo y le digo que no viajo más, que se olvidara de mí.

Le cogiste miedo a volar.

Le cogí miedo a todo, me cambiaron las prioridades. Fue una gran incertidumbre, se me pasaron muchas cosas por la cabeza, estuve casi dos días encerrado en una especia de celda rodeado de ocho delincuentes más. Acojonado completamente.

Ese cuadro fue más duro que el de Scottsdale.

Totalmente, salí de ahí traumatizado. Cuando llegué a España no me lo creía. Cuando me soltaron, hubo una persona que me acompañó hasta el asiento del avión para ver que me iba. Llegué a Madrid y había dos policías nacionales esperándome. En el momento de entrar en casa se me cayeron dos lagrimones al ver que todo había pasado.

LA APUESTA del día

Comentarios recientes