La venganza se sirve bajo techo

Roger Federer vence a Djokovic cuatro años después y se clasifica para semifinales de las ATP Finals. La derrota del serbio deja a Nadal como Nº1 del mundo.

Roger Federer y una mirada que lo dice todo. Fuente: Getty
Roger Federer y una mirada que lo dice todo. Fuente: Getty

En un partido con todos los ingredientes posibles en juego, Roger Federer volvió a vestirse de Roger Federer. El suizo, impecable en una velada de 73 minutos de duración, desconectó a Novak Djokovic por 6-4 y 6-3, dejando atrás una racha de cuatro temporadas sin poder vencerle. El de Basilea se quitó la espinita de amarguras pasadas, eliminando al hombre que perseguía sus seis títulos aquí, al mismo tiempo que le otorgaba a Rafa Nadal el Nº1 de este final de temporada. Un juego a tres bandas en estas ATP Finals del que solamente un miembro del Big3 salió perdiendo. El suizo, directo al sábado; el español, a entrenar para mañana; el serbio, a coger un vuelo dirección Madrid.

Roger Federer entró a la pista central del O2 Arena sabiendo que por delante tenía uno de los retos más complicados del mundo del tenis. Ante sus ojos, el rival que más veces le ha derrotado en su carrera (26), dos más que Rafa Nadal. Un hombre al que no superaba desde 2015, precisamente en este mismo torneo, también en el Round Robin. Cuatro años donde solamente se vieron las caras en cuatro ocasiones y donde todas tuvieron el mismo resultado. ¿Recuerdan el 40-15 de la final de Wimbledon? Esa herida, la más profunda de todas, todavía escocía en la cabeza del suizo. Quizá por eso saltó de esa manera a la batalla, con un cuchillo entre los dientes desde la primera bola que tocó. A estas alturas, no pasa nada por reconocer que el helvético, como cualquier otro, se motiva más si al otro lado de la red hay cuentas pendientes. En este caso, la lista ocupaba varios cuadernos.

El primer set se resuelve en 35 minutos y es un obra de arte del jugador de 38 años. Con el saque, el golpe más determinante en la última etapa de su carrera, perdió solo tres puntos. En la red, esa que todavía le espera en noches como ésta, no tuvo tanta presencia como viene siendo habitual, pero es que no hizo falta. Roger se encontraba cómodo en la pelea desde el fondo de la pista, tan bien se vio que decidió quedarse y esa postura no le restó oportunidades. Un error no forzado en toda la primera manga, rápido de piernas para sufrir en peloteos largos, fino con el revés cuando había que morder, determinante con el servicio cuando tocaba cerrar. Una sorpresa, para qué engañarnos, teniendo en cuenta el fantasma que el helvético arrastraba en su mente cada vez que aparecía Nole en su camino.

¿Y Djokovic? El balcánico soportaba el chaparrón como podía. No estaba tan lejos, cuántos partidos en su carrera habrá ganado sabiendo esperar su momento, pero es que aquí el momento no se presentó por ningún lado. Mientras Federer siguiera sacando como un camión, tocaba meditar. El problema es que el tiempo pasaba, el marcador avanzaba y el tren estaba cada vez más lejos. Una bola de quiebre se paseó con el 2-1 a favor del jugador de Belgrado, pero fue solo un espejismo, insuficiente, un caramelo que ya no volvería. La grada jugó su papel y Novak se hartó, aunque su auténtico problema estaba abajo, en el cemento. El espíritu del Nº3 del mundo no se amilanó nunca y así fue cómo acabó sus deberes, recuperando esa magia que tanto echábamos de menos en las grandes citas.

El serbio terminó prácticamente desubicado al no ver portería en su objetivo, pensando en la Copa Davis de Madrid, o pensando en cómo era posible que Federer terminara un duelo de este calibre con tan solo cinco errores no forzados. Pero lo hizo y por eso le veremos en semifinales de Londres con sus 38 años, esperando rival para el próximo sábado. Dentro de sus modales y sus buenas caras, era notorio que Roger buscaba hoy una vendetta personal, ya no solo con Novak, sino con todos aquellos partidos importantes en los que no logró dar la talla ante el serbio. Dicen que las venganzas se sirven frías y nada más frío que la cubierta del O2 Arena. Curiosamente, una de las plazas donde más calor recibe el de Basilea.

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