Dominic Thiem pide paso en un partido extraordinario

El austriaco Dominic Thiem inclina sobre el alambre a Novak Djokovic después de set y medio majestuoso y un desenlace no apto para cardiacos.

Dominic Thiem. Foto: Getty
Dominic Thiem. Foto: Getty

Hay que jugar muy bien al tenis para superar a Novak Djokovic, el tenista que siempre está por encima de las circunstancias. Y es lo que está haciendo en estas Finales ATP el austriaco Dominic Thiem, quien después de vencer a Federer, necesitado de ello, ha subido el nivel para desarbolar y enmudecer al número 2 del mundo para terminar venciendo un partido que tuvo en la mano, se le escapó y volvió a por él para sellar una de las grandes victorias de su carrera.

En una rueda infinita de sensaciones y alternativas, que explica lo que significa tumbar a Djokovic incluso siendo durante dos tercios del encuentro muy superior a él, el partido lo tuvo todo, incluido un desenlace de infarto, con saque del austriaco para ganar, desaprovechado para después ir a un tie break donde el aire se cortaba con cuchillo y al que Djokovic se aferró con esa mezcla de ojos como platos, mandíbula de granito y piernas de goma para cubrirse de los zarpazos, demoledores, de un tenista que, en trance, es la potencia elevada a su máximo.

El partido comenzó y progresó en su primer set con las cartas ya marcadas en anteriores partidos. Dominic Thiem ha venido decidido a modificar por completo y para siempre su juego en pista dura, en una evolución que de la mano de Nicolas Massú le ha llevado a completar el mejor año de su carrera. Desde un servicio más asentado y seguro, sin perder un ápice de potencia y variedad, hasta un resto y un revés mucho más adelantados, sin tanto espacio para su armado, yendo a por la pelota. Esa iniciativa se comenzó a trasladar en los intercambios de una primera manga que en la muerte súbita, con Thiem acariciando el set, se dio la vuelta para anotarse en el casillero de un Djokovic que no sabía bien todo lo que estaba a punto de suceder, en todo sentido.

Fue con el primer break del segundo set, a favor de Dominic, cuando el austriaco desató todo su arsenal. Conocida su capacidad para pegar a máxima intensidad todos sus golpes durante 4 horas, Thiem pareció dar forma a un nivel desconocido, seguramente el mejor que se le ha visto en pista dura ante un top, incluso por encima de sus victorias ante Federer. Fue tal su nivel de acierto, repartiendo por ambos costados y con constantes golpes paralelos llenos de violencia e inconsciencia lo que dejó a Djokovic a completa merced, sin patrón al que agarrarse y con la única esperanza de que el partido avanzara y en el tramo decisivo arrugara el grip de su rival y lo hiciera dudar.

Dicho y hecho. El juego del austriaco tenía la asignatura pendiente de no dudar. Más que dudar, lo que hizo Thiem fue tambalearse momentáneamente, pero no se cayó. Después de un parcial de 9 juegos 4 (6-3 3-1), Djokovic recuperó el break, igualó a tres juegos y comenzó un partido 'matacrónicas', sin dueño claro. Punto a punto, Thiem rompió en el undécimo juego gracias a una dosis extra de valentía: siguió pegándole con el alma a cada drive paralelo y a cada revés imposible. También por parte de un Djokovic que no tenía el día demasiado inspirado, ayudando a ese 0-40, lo cierto es que el serbio se guardó alguna muesca más de supervivencia y rompió de inmediato hasta el 6-6.

Allí, el balcánico llegó a dominar por 4-2 después de dos primeros puntos en los que Thiem hizo añicos la pista para terminar fallando en la red. Djokovic, puño en alto, parecía haber entrado en la mente de su rival, que lejos de paralizarse, volvió. Recuperó la desventaja, ganó cuatro puntos consecutivos y cerró por 7-5 uno de los partidos más emocionantes del año. En el horizonte, un duelo entre Federer y Djokovic que dejará a uno de los dos, el que pierda, fuera de las semifinales. Imposible pedir más emoción.

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