Barty pone la guinda a un año inolvidable

La número 1 del mundo levanta el título en Shenzen en su primera presencia en unas WTA Finals. Derrotó en dos mangas a Svitolina, vigente campeona.

Ashleigh Barty reina en Shenzen. Fuente: Getty
Ashleigh Barty reina en Shenzen. Fuente: Getty

En su primera participación en unas WTA Finals, Ashleigh Barty demostró que no necesita de más intentos para convertirse en maestra. La australiana se puso la corona de campeona derrotando a la actual defensora del título, Elina Svitolina (6-4, 6-3). El triunfo representa la sexta campeona diferente en los seis últimos años, además de dejar atrás una racha de 43 años sin ver a una australiana conquistando el último evento de la temporada. Un dulce final de la temporada para la mujer que más y mejor ha competido en este 2019.

Era el último partido de la temporada individual (todavía tenemos una cuenta pendiente con la Copa Federación) y ambas jugadoras ya habían dejado claras sus intenciones. Iban a darlo todo, entregarte completamente a una final que repartía el título de maestra por primera vez en Shenzen. Suena a tópico, pero no siempre ocurre, así que es un verdadero placer ver cómo las dos guerreras cumplieron su palabra desde la primera bola que se puso en juego. La concentración era máxima, la solidez desde el fondo emocionaba, tanta era la igualdad que la gente se olvidó de pronósticos y quinielas para enfocarse únicamente en disfrutar del espectáculo.

Pero ya saben como es el tenis, alguien siempre tiene que perder. Hasta el 4-4 no hubo manera de romper el saque de ninguna, ni siquiera de ver aparecer una bola de break, pero esto iba a cambiar en los dos siguientes juegos. Primero avisó la ucrania, con un 30-40 que invitaba a ponerla en un contexto ideal para anotarse el primer set, pero esa opción se la arrebató rápidamente su rival. Ya con el 5-4 asegurado, esta vez fue la australiana la que le tocaba morder, y así consiguió meterse en la mente de una Svitolina que empezó a sufrir mucho con los segundos saques. Hasta que en uno de estos, Barty colocó un drive de película para sentenciar el primer acto. La número 1 del mundo ya dominaba la función, pero todavía quedaba mucho camino por recorrer.

De esto solo nos dimos cuenta en la reanudación, cuando Elina apretó los dientes y entendió que debía dar un paso más, tenía que hacer lo que fuera para apartar a Ashleigh de ese sillón tan cómodo en el que se había aposentado. Estas intenciones, traducidas al lenguaje tenístico, es tan básico como hacer un break. Así lo hizo, nada más comenzar la segunda manga, un golpe sobre la mesa que al menos rebaja la emoción de su oponente. Tanto empeño le puso en esa ruptura que desconectó por un momento de esa agresividad que no siempre aparece en su raqueta. Quizá Elina pecó de ver ese parcial ya hecho, momento en el que todo se desmoronó a favor de la oceánica.

Es precisamente en estos momentos donde Barty se ha hecho fuerte esta temporada, mostrando una mente a prueba de balas en situaciones comprometidas. Con el 1-2 abajo y 30-30, la jugadora de Ipswich entendió que irse a un tercer set era una empresa que no le terminaba de convencer, mejor pelear por este asalto que todavía no tenía dueña. Contrabreak y juego en blanco. La respuesta había sido tan brillante que Svitolina ya empezaba a tambalearse, aunque nunca llegó a tirar la toalla. Era su trono y lo iba a defender hasta el último suspiro. EL problema llegó cuando el 5-3 la dejó sin aire y tuvo que aceptar la realidad. Cuarto título de la temporada para la mejor tenista del año, la mejor del mundo, la mujer que todos querrán batir en 2020. Una maestra debutante con muchas horas de clase encima.

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