El último baile como Nº1 del mundo

Novak Djokovic levanta su quinto título en París-Bercy ante un Shapovalov que pagó su inexperiencia en grandes finales. Mañana el serbio descenderá al Nº2 del ranking.

Novak Djokovic, volando en París- Fuente: Getty
Novak Djokovic, volando en París- Fuente: Getty

En tan 65 minutos de partido, Novak Djokovic confirmó que al Big3 todavía le queda mucha vida por delante. Con un partido impecable ante Denis Shapovalov (6-3, 6-4), el serbio levantó su quinto título en París-Bercy, el número 34 de Masters 1000 en su carrera. Un triunfo que le coloca a la misma altura que John McEnroe y sus 77 trofeos individuales como profesional. Eso sí, la alegría de este domingo se verá frenada mañana cuando vea cómo Rafa Nadal le supera en el ranking mundial. Respecto al canadiense, todavía le queda mucho que trabajar con Mikhail Youzhny si quiere estar a la altura en este tipo de citas.

Escuchando a los dos finalistas en su penúltima rueda de prensa, merece la pena rescatar dos frases de sus discursos para entender una posible lectura del encuentro que nos íbamos a encontrar. “Denis ha empezado a mejorar desde que dejó de hacer tantos errores no forzados”, opinaba el de Belgrado. Minutos después, el canadiense afirmaba que no tenía que perder ante Novak: “Tomaré todos los riesgos que sean necesarios, es mi primera final de Masters 1000 y quiero divertirme”. Esta posición suele ser un error bastante común en los jugadores más jóvenes, jugadores que por primera vez disputan una final de Grand Slam o de un evento de alto nivel. Piensan que el objetivo es salir a pista a conseguir winners, a disfrutar, a lucirse, pero no. Las finales, sean cuando sean, sean ante quien sean, se juegan para ganar, sufriendo si hace falta.

Y para ganar, lo que hay que tener claro es la táctica. Mucho más si el que tienes delante es el mejor del mundo, Novak Djokovic, cuatro veces campeón aquí. Por supuesto que salir con el cuchillo entre los dientes a pagar palos puede ser una solución, si tienes el día. ¿Y si no lo tienes? ¿Y si no es suficiente con eso? El desafío era mayúsculo porque exigía de muchos factores, no solo el valor de pegar saques a 210km/h o dibujar reveses poéticos a una mano. Para salir vivo de una guerra como ésta hacía falta una madurez y una solidez que hoy Shapovalov prefirió cambiar por agresividad y valentía. En apenas diez minutos, con el 3-0 en contra, ya pudimos ver que con esa fórmula no llegaría muy lejos.

Con esto no quiero decir que Djokovic no tuviera agresividad o no saliera a comerse el mundo. “Siento una motivación total para afrontar esta final, estoy ansioso por jugarla”, declaraba ayer el balcánico. Su manera de construir ese ímpetu lo tradujo en una concentración total, alto porcentaje de primeros saques, pocos errores no forzados y una determinación artesanal para llevarse siempre los puntos clave. No le vimos dibujar una sonrisa en todo el duelo, ni un grito nos regaló, hoy la procesión iba por dentro. Con mucha calma cerró el primer parcial por 6-3 con una sensación de que si el partido se jugase al mejor de quince sets, él ganaría los ocho primeros.

Tenía que verlo muy claro el serbio, así lo reflejaba en su cuenta de Instagram, donde colgó un vídeo jugando una partido al UNO apenas una hora antes del comienzo de la final. Muy superior, tanto tenística como mentalmente. No le hizo falta apretar demasiado, viendo la mejora que todavía necesita Denis al resto, sabía que con un break por cada set era suficiente. Un patido con poca historia en la cancha, pero mucho relato fuera de ella. Se trata del quinto título de Djokovic en París-Bercy (récord), su 34ª conquista de Masters 1000 (a uno de Nadal) y el quinto trofeo que levanta esta temporada (empatando con Thiem). Todo buenas noticias que, sin embargo, no le sirvan para retener mañana el Nº1 del mundo. Esa pelea, queda reservada para dentro de unas semanas en Londres.

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