Tsitsipas se salta el guion

El griego rompe la invencibilidad de Djokovic y se mete en semifinales de Shanghai. Stefanos ha vencido esta temporada a todos los miembros del Big3.

Tsitsipas apartó a Djokovic de su trono en Shanghái. Fuente: Getty
Tsitsipas apartó a Djokovic de su trono en Shanghái. Fuente: Getty

Sorpresa mayúscula la que hemos vivido este viernes en el Masters 1000 de Shanghái con la derrota del vigente campeón, Novak Djokovic. Pero seamos justos, hoy el titular debería ser la victoria de Stefanos Tsitsipas (3-6, 7-5, 6-3), semifinalista con todas las de la ley después de remontar una guerra que parecía perdida tras el primer set. No se rindió el griego, quien fue mejorando cada parcela según iba tomando temperatura, al mismo tiempo que el balcánico se iba desvaneciendo. El número 7 del mundo dio un paso de gigante y mañana se medirá a Daniil Medvedev, confirmando un día más que la NextGen ya aspira a competir en todos los torneos de la categoría.

No miento si digo que el tenis de Novak Djokovic, ahora mismo, andaba cerca de la perfección. Ya en Tokyo jugó muy bien, aunque algunos señalaron que ante un cuadro tan amable no era el momento de sacar conclusiones. Pero dos días después aterrizó en Shanghái, rodeado de los mejores, y su nivel no solo se mantuvo, sino que subió otro peldaño más. Hoy en el primer set ante Tsitsipas pudimos ver una verdadera lección de cómo jugar en pistas rápidas. Lo primero, sacando como un camión, tanto en número de aces (4) como en porcentaje de puntos ganados (78%). Luego, restándolo absolutamente todo, sin regalar un solo punto. Y si ya se terciaba un intercambio, disparado hacia la red a cerrar los puntos. Todo ello acompañado de una agresividad que solo se puede desprender cuando uno cuenta el depósito de confianza completo. Hasta aquí todo en orden, lo esperado.

El de Belgrado marcaba distancia desde el inicio, poniendo tierra de por medio con una ventaja (3-0) que ya no perdería. Solo hubo un momento de duda, con el 4-2 y 30-40. ¿Saben ese momento donde va todo perfecto en un partido y la mente se agobia al ver una mínima imperfección? La exigencia de Novak a punto estuvo de pasarle factura, pero entendió que enfrente estaba el Nº7 del mundo y podía permitirse algún momento de desconcierto. Inmediatamente despertó y no paró de empujar hasta hacer realidad un 6-3 que amenazó con repartir el guión antes de tiempo. Quizá no era la pista, el rival, ni el día de Tsitsipas. O quizá fuera todo un escenario frágil, capaz de venirse abajo en cualquier momento.

El griego no veía puerta y eso que había salido a pista ultra motivado. Apenas unos minutos antes recibía la noticia de su clasificación matemática para las Nitto ATP Finals, por lo que su objetivo del año a largo plazo ya estaba bien atado. Eso no quitaba que hoy no quisiera ganara, ¿pero cómo? Esperando una oportunidad, como la que ya tuvo en el primer parcial. Esa puerta se abrió con el 2-3 y 15-40, invitación colosal a darle un giro de 180º al partido, pero de nuevo se encontró con la mejor versión del número 1 del mundo. Así es Djokovic, juega muy bien durante todo el encuentro excepto en los momentos críticos, donde juega perfecto.

Los juegos pasaban y, pese a que todas las miradas estaban puestas en Djokovic, el tenis de Stefanos crecía a cada juego. Impecable con su primer servicio, el ateniense sumaba sin preguntar, hasta que se aseguró el tiebreak. Nadie esperaba un bajón de Djokovic, pero la presión de ir todo el set a remolque terminó saliendo a flote. Primero con un 0-30, luego con varios deuce y, finalmente, con una bola de set al resto que terminaría provocando el puñito de Tsitsipas al público. Hacía muchos minutos que el serbio no dominaba, ya no estaba tan cómodo en pista, sin embargo, todo teníamos escrito ya la última frase de la crónica.

Esperad un poco’, debió pensar el heleno, radiante tras frenar una racha de quince sets consecutivos de su rival. Al menos hoy se marcharía sabiendo que fue capaz de hacerle más daño que sus ocho últimos rivales, aunque una vez llegados a este punto, con la meta tan cerca, el objetivo ya era pelear por la victoria. Verse arriba le dio alas a un Tsitsipas que se atrevía incuso con el revés paralelo, prueba ejemplar de que lo más difícil ya estaba hecho: creer que podía ganar. Un pensamiento que no todos alcanzan, por eso muchos entran ya derrotados al tablero. En el caso del griego, fue de menos a más, hasta que ya nada le pudo parar. Ni el mejor del mundo. Triunfo más que merecido para romper todas las quinielas y celebrar a lo grande su clasificación a Londres. Mañana, le espera Medvedev.

LA APUESTA del día

Comentarios recientes