Garbiñe Muguruza, una temporada para olvidar

Analizamos los entresijos de un año muy complicado para la española, que no ha conseguido encontrar continuidad y confianza en su juego.

Garbiñe Muguruza, decepcionante temporada en 2019. Foto: gettyimages
Garbiñe Muguruza, decepcionante temporada en 2019. Foto: gettyimages

Si algo puede salir mal, saldrá mal. Con esta frase hecha no exenta de razón en los contextos más pesimistas, se podría definir el año aciago de Garbiñe Muguruza. ¿Quién es esa jugadora presa de su inseguridad que se desplaza por la pista con la mirada gacha? Si había una cosa que asombró siempre es su tremenda determinación en la cancha. Una mirada asesina que comenzaba a ganar partidos antes de que la bola se pusiera en marcha. Esa mirada ha tornado en otra esquiva, carente de confianza. Para que Garbiñe gane partidos primero tendrá que vencer a sus miedos, sus inseguridades y los múltiples imprevistos que han ido surgiendo a lo largo de este año.

El 2019 debía ser una temporada de reconstrucción, pero pocos cimientos pueden ponerse si en el primer torneo del año, en Sidney, aparece ya una lesión. La nacida en Caracas llegó algo mermada a Melbourne, donde ofreció la primera de sus escaramuzas prometedores de las varias que ofreció durante el año en forma de destellos. Fue en segunda ronda, ante Konta, donde se pudo reconocer a esa tenista indómita capaz de atacar la pelota con bravura y tirar de coraje en los momentos cumbre. Su derrota contundente ante Karolina Pliskova fue percibida por todos como la señal de que el proceso que se había iniciado aún tenía etapas por recorrer, pero se estaba en el camino adecuado.

Dayana Yastremska, Elina Svitolina y Bianca Andreescu fueron las siguientes derrotas de una Garbiñe que no acababa de responder, aunque lo más grave era lo abultado de esas derrotas. La española se vio incapaz de dictar el juego, de ser la dominadora en los puntos y desbordar a sus rivales sin asumir excesivos riesgos. Esto fue la gran tara durante todo el año; si no se puede acelerar como se quiere y tus ataques son neutralizados con cierta suficiencia por parte de las rivales, todo esquema de juego tiende desmoronarse. El título en Monterrey fue un oasis en el desierto y generó más alivio que satisfacción, impidiendo que se afrontara la gira sobre tierra con la confianza esperada.

Y de nuevo llegó una lesión en el momento más inoportuno. Fue en Roma, condicionando la puesta a punto para Roland Garros. En todo caso, fue el torneo galo lo más positivo en la temporada de la española, ya que consiguió jugar con más soltura y se vio con opciones de competir frente a una inspirada Sloane Stephens. El proceso parecía volver a acelerarse y ver la luz al final del túnel, pero una derrota muy dolorosa a las primeras de cambio en Wimbledon volvió a sumir la mente de Garbiñe en la más absoluta oscuridad. Expectativas no cumplidas, nerviosismo por no encontrar la manera de cambiar el rumbo y dudas permanentes. Esto acabó derivando en el despido de Sam Sumyck para contratar a una Anabel Medina cuyo trabajo debía ser a largo plazo.

Se dio por sacrificada ya la temporada y mucho más tras perder un partido ante Madison Keys en el que Muguruza jugó a un nivel muy alto pero terminó perdiendo. Puntilla moral para una mujer que encontraría un nuevo golpe en Nueva York, perdiendo ante Alison Riske en la primera ronda a pesar de ofrecer un gran nivel. Acaba la temporada con un balance de 23 victorias y 13 derrotas, al borde de salir del top-30 y la posibilidad clara de llegar al Open de Australia 2020 sin ser cabeza de serie. Pero de nada sirve lamentarse.

Todo aficionado al tenis estará decepcionado con esta deriva de Garbiñe, pero debe mostrar su apoyo a la deportista que tantas alegrías dio hace pocos años. ¿Qué es lo que ocurre, qué necesita Garbiñe? Son las grandes preguntas que, posiblemente, solo ella conozca. Esto no va de resultados o de juego, es una crisis experiencial de la que solo puede salir con cariño, tacto, paciencia y, sobre todo, trabajo. La gran incógnita es si Muguruza sigue teniendo esa hambre competitiva que va a necesitar para reconstruir su carrera deportiva, pero quien la conoce un poco no tiene dudas. Su mejor combustible son los grandes retos y tiene uno enorme por delante.

La experiencia de Anabel Medina y su cercana relación con Garbiñe puede ser determinante para que ese infinito potencial vuelva a fluir libre y sin ataduras. Nadie duda de su capacidad para conseguirlo y quizá tocar fondo sea el revulsivo para que todo vuelva a encajar. Resiliencia. Ese es el concepto al que se debe acoger la española para, poco a poco, sentirse a gusto con su juego y ser feliz en la pista. De nada sirve pensar en lo que pudo ser y no haber sido, o en los grandes momentos que vivía hace apenas unos años. Solo se puede mirar hacia delante. Garbiñe Muguruza buscará retornar a su mejor nivel en 2020.

LA APUESTA del día

Comentarios recientes