Beatriz García Vidagany: “Daría todo por volver a jugar”

Las lesiones le obligaron a retirarse con 27 años. Hoy se encarga de dirigir a los mayores talentos del tenis valenciano. “Soy feliz de aportar mi granito de arena”.

Beatriz García Vidagany durante el BBVA Open Ciudad de Valencia 2019. Fuente: Fernando Murciego
Beatriz García Vidagany durante el BBVA Open Ciudad de Valencia 2019. Fuente: Fernando Murciego

Beatriz García Vidagany (Valencia, 1988) todavía se emociona al recordar el año 2015. Después de tres operaciones en la rodilla, finalmente fue un dolor en la muñeca lo que la obligó a colgar la raqueta tras un año y medio de lucha. Tenía 27 años, era una de las referentes del tenis valenciano, pero el destino le empujó por otra vía. Hoy, Beatrice –su apodo en el circuito– se toma la ‘venganza’ ayudando a las más jóvenes del territorio levantino en la Academia de Pancho Alvariño, ayudándolas a cumplir el sueño que ella le arrebataron. Aprovechando la cuarta edición del BBVA Open Ciudad de Valencia, Punto de Break se sienta con la ex jugadora para recordar su historia. Y sí, la pregunta sobre su victoria ante Kim Clijsters en Marbella no podría faltar.

Qué bueno contar con un torneo como éste.

Siempre habíamos tenido un torneo masculino, independientemente de la categoría, pero femenino nunca habíamos tenido nada. La Comunidad Valenciana tiene una tradición muy grande de tenistas, tanto de jugadores como de jugadoras, así que tener un evento de esta magnitud tan cerquita es algo muy bueno.

¿Cómo has visto a tus chicas?

El cuadro cierra durísimo, creo que la ciudad atrae mucho. Con las chicas tampoco esperaba que entraran al ser la Qualy de 32 jugadoras, además ahora no tienen un ranking demasiado bueno para acceder directamente, pero fue un premio. Se apuntaron para ver si había suerte y al final hubo recompensa. Ángela, por ejemplo, venía de ganar un 15K en Melilla y llegó la noche anterior, estaba muy cansada, pero firmo ese cansancio por motivos tan buenos.

Este club ha visto a las mejores.

El tenis en Valencia ha crecido mucho, aunque siempre se dice que Barcelona es la cuna de nuestro tenis, la Comunidad Valenciana también representa una escuela muy grande. En este club se han llegado a juntar Sara Errani, Silvia Soler, Tita Torró, Anabel Medina, Sara Sorribes, Arantxa Parra…

.. y tú.

Yo era la última (risas).

Háblame del trabajo que haces con Pancho en la Academia.

Ahora mismo estoy enfocada en un grupo de cuatro jugadoras: Alba Carrillo, Ángela Fita, Noelia Bouzo y Ángeles Moreno. Cada uno es un punto cardinal totalmente distinto. Alba y Noelia son las que más tiempo llevo entrenando, Ángeles lleva un añito y Ángela venía de una burbuja de cuatro años donde estaba un poco apartada del circuito, ahora se le ve mas liberada.

Lo que no pudiste dar como jugadora, bienvenido sea como entrenadora.

Mi objetivo es que toda jugador/a que entrene llegue a su máximo. Si ese máximo es 300º, pues genial. Que es 150º, maravilloso. Que es top20, ojalá, perfecto. Tienen que explotar su potencial, independientemente de dónde lleguen, que el día de mañana cuelguen la raqueta y no se arrepientan de nada, eso es lo que más felicidad te puede dar.

Tú no pudiste cumplir eso…

(Piensa) Sí y no. Sí porque lo intenté por todos los medios, hasta donde me dejó el cuerpo. Y no porque siempre me quedará la duda de qué hubiera pasado de haber podido jugar un año entero. Ya no te digo cinco o seis años sin lesiones, con uno me hubiera conformado. Nunca lo sabremos, si ahora puedo aportar mi granito de arena a quien entrene ya soy feliz.

Tuviste que retirarte con 27 años, ¿eso cómo se asimila?

Fue un caso curioso. Cuatro meses antes de tener la primer lesión grave en el menisco me encontraba en una crisis existencial de no saber qué hacer, estuve a punto de dejarlo. Llegó un punto en que no quería jugar, me saturé de cabeza. Mi entrenador de ese momento no quería que lo dejara, él confiaba mucho en mí, hasta que entró en juego Miguel Maeso. Aquello fue una motivación. Me puse mejor físicamente, más fuerte, me enredé totalmente. Empecé a competir, me vi mejor que nunca, gané mi primer 10K y justo la semana siguiente decidí jugar el WTA de Barcelona… pero allí me rompí la rodilla. Un jarro de agua fría inmenso.

¿Qué te dijeron?

Entró Cerrato, el médico del torneo, y después de una primera valoración le vi la cara que puso, ya sabía que era malo. Sin embargo, estaba tan motivada que de ninguna de las maneras me iba a dejar el tenis. Si me pasa cuatro meses antes, no estaríamos hablando en este momento.

¿Recuerdas cómo fue la caída?

Había llovido por la mañana y las pistas estaban más húmedas de lo normal. Yo siempre pensé que no estaban en condiciones para jugar un torneo profesional. Un juego antes del accidente le dije a mi entrenador que no tenía un buen feeling con la pista, casi premonitorio. El momento llega cuando pegando una derecha me doblo el pie. Al estar blandita la tierra, la rodilla se me fue para dentro. Me caí de espaldas a la pista.

Se acabó el partido.

Íbamos 1-1 y 15-15. Entró el médico con la fisioterapeuta de la WTA y me sacaron en brazos. Ya no caminé más. Cuando me operaron vieron que el menisco estaba roto y que el cartílago también había sufrido un golpe importante. Me operaron del cruzado, suturaron el menisco y me limaron el cartílago. Fueron seis meses de rehabilitación, hasta que en enero del año siguiente volví.

¿Cómo evolucionó tu rodilla?

La primera operación fue 2008 y la segunda en 2010. Estuve dos años compitiendo bien, logré mi mejor ranking (146º) después de la lesión, desde que empecé a entrenar con Pancho. El problema era que no sentía la rodilla estable, entonces recaí y es donde entra la segunda operación. Recuerdo tener que retirarme en la final de un torneo de exhibición en Gijón, me supo fatal, pero notaba que se me salía la rodilla. Eso era un sábado y el jueves siguiente me iba a jugar el US Open, la primera vez que lo jugaba. Tenía el billete ya comprado, pero no pude ir, me tocó quedarme en casa.

Ahí empezó el calvario.

Después de esa operación sentí que la rodilla no había quedado del todo bien, no estaba al 100%. Me operé y a los tres meses sentí molestias de nuevo. Estuve un año con dolor, haciéndome mil pruebas, el traumatólogo me decía que era un dolor normal, pero yo no lo aguantaba. Decidí operarme de nuevo a finales de 2011 y ahí ya quedé perfecta.

¿Puede la mala suerte acabar con una carrera?

Fueron lesiones complicadas, no eran las típicas molestias que te duran un par de días. Un año en pretemporada, teniendo asegurada la pase previa del Open de Australia, estaba entrenando con Anabel e intentando llegar a una dejada me bloqueé la espalda y me quedé sin poder ir, otra vez con los billetes comprados.

Han pasado cuatro años desde tu retirada, ¿no has pensado en volver?

Todavía arrastro dolores, pero lo que me hizo retirarme no fue ni la rodilla, ni la espalda, ni el pie, donde también me rompí el ligamento. Yo me retiro debido a la muñeca. Un día jugando en Bogotá terminé el entrenamiento con dolor, pero no le di importancia. De ahí me fui al US Open y perdí en la Qualy, 7-6 el tercero con Siegemund, que al año siguiente acabó top20. A partir de ahí empecé a notar un dolor increíble, no podía ni coger la raqueta. Me fui a Barcelona a entrenar con Karim Perona y Óscar Serrano, pero llegué ya con ese dolor. Pensé que sería pasajero, pero me acompaña hasta el día de hoy.

Una maldición eterna.

Nunca me recuperé del todo, es para siempre. Con las chicas puedo pelotear, por supuesto, pero igual si es una semana seguida, cuando llega el viernes ya no puedo jugar. Es una lástima.

En 2014 tuviste victorias ante Rus, Parmentier, Gasparyan, Rus, Martic o Sasnovich. Todas conviviendo ahora mismo en el top100.

Tiene su parte buena, porque ves que has estado ahí y que la gente te recuerda. Me he cruzado con varias aquí en el club y todas te recuerdan lo bien que jugabas. La parte mala es que me da una punzada en el estómago pensarlo, me encantaría haber seguido jugando. Siento que di todo, pero sé que si no me hubiera lesionado hubiera dado todavía más.

El tenista llega donde su confianza le deja. ¿Llegaste a soñar alto?

Hubo una época, en el famoso torneo donde gané a Clijsters, donde sí empecé a ver las cosas muy distintas. Fueron varias victorias muy buenas (Compostizo, Molik, Niculescu, Barrois, Clijsters), y en cuartos de final recuerdo perder en tres sets con Sara Errani, que por aquel entonces ya estaba en el top40. No fue solo esa victoria con Kim, sino que me veía capaz de ofrecer ese nivel durante mucho más tiempo. Cuando ves que además de competir, también las puedes ganar, vas ganándote un respeto y perdiendo el miedo.

Clijsters vuelve el año que viene.

Ese día me escribió Irene Burillo, jugadora que entrené durante un par de añitos. “Mira Beatrice, vuelve Clijsters”. Cuando lo vi pensaba que volvía, pero como entrenadora (risas).

Esa victoria en Marbella también te acompañará toda la vida, no todo es dolor en la maleta.

Correcto (risas). Evidentemente, un triunfo así te pone en el punto de mira de mucha gente que no sabía ni que existías. En el momento que le di la mano no me lo creía, me dijo ‘Enhorabuena’ y yo no daba crédito. ¿En serio había ganado a Kim Clijsters? Cogí el móvil y tenía 80 llamadas perdidas. Cuando pienso en la gente que ahora en los Grand Slams hace un buen resultado, no me quiero imaginar cómo les arderá el móvil. A partir de esa victoria la gente me puso en el mapa, siempre me la nombraban. Era una de mis ídolos, casi le pido un autógrafo en el momento del sorteo de la pista.

¿Cómo fue el resultado?

7-5, 4-6 y 6-4. Iba 5-3 perdiendo en el primero, ella tuvo set point. Curiosamente, cerré el partido con mi saque, que eso era para mí era un poema (risas). Lo recuerdo perfectamente, eso no se olvida.

En 2015 decidiste tirar la toalla y lo haces despidiéndote mediante una carta. Una carta que publicamos aquí, en Punto de Break.

Llevaba meses pensándolo, ya estaba incluso matriculada en la universidad, pero es que no veía soluciones. Decidí publicarla, aunque la gente de mi entorno ya lo sabía.

La he leído esta mañana y he pasado un mal rato, una historia cruel.

Desde el primer momento en el que escribo la primera letra no pude parar de llorar. Ahora la leo y todavía me emociono, el maldito Facebook me la recuerda de vez en cuando (risas).

¿Cuánto tiempo de lucha te llevó el último intento?

Un año y medio.

Con lo divertido que está ahora el circuito WTA, aunque no a todo el mundo le convence.

A mí me encanta. Cuando Serena lo ganaba todo, mal. Ahora que cada semana gana una, mal. La cuestión es criticar y no entiendo muy bien por qué.

Esa manía de querer estar siempre por encima.

No entiendo la necesidad de comparar un circuito con otro. Tenemos un circuito masculino donde están los tres mejores jugadores de la historia juntos, pues vamos a disfrutarlos hasta que se retiren. Y en el circuito femenino tenemos a Serena Williams, que lleva 20 años ganando Grand Slams, y es una gozada verla jugar, además de jugadoras jóvenes como Andreescu u Osaka, que siendo súper jóvenes también ganan Grand Slams y que cuentan con personalidad muy diferentes. Se critica que no haya una Nº1 afianzada, pero no lo entiendo.

Vivimos una época con numerosas distracciones y obstáculos para los jóvenes. ¿De qué manera te afecta como entrenadora?

A mí cuando me enseñaban de pequeña era todo muy estricto y muy militar. Era todo derecha, derecha, revés, revés y ya está. Era un poco aburrido entre comillas, aunque siempre supe que quería jugar a tenis. Ahora, a edades tempranas, entiendo que el entrenamiento tenga que ser divertido, hay que crear adherencia, pero una vez te especializas con 16-17 años el entrenamiento no puede ser tan divertido. Tú tienes que estar ahí siendo consciente de que estás trabajando, de que toca sufrir y que no todo son momentos de alegría. Luego en un partido, con 4-4 tercer set, no te lo estás pasando tan bien. Hay que buscar un disfrute dentro de ese sufrimiento, pero sin estar ahí viva la vida. Esto es lo que les intento transmitir, que haya siempre una disciplina y una seriedad durante el entrenamiento, un orden permanente. Que sepan cuál es su patrón, que al final es lo que les va a dar seguridad en momentos de nervios y de presión.

El estilo español también ha sufrido mutaciones. ¿Se enseña diferente?

Es algo que nos caracteriza, la tradición te marca el camino. Basar tu juego en un patrón sólido es lo que luego te dará la clave para mejorar. David Ferrer no jugaba tan agresivo en sus inicios como cuando terminó, o Rafa. Pero ya se veía que cada vez iba jugando más agresivo, tocando más la derecha y haciendo winners desde cualquier punto de la pista. O Carla, por ejemplo, antes jugaba más atrás, con más peso y altura, ahora la ves jugando de tú a tú con Williams, Pliskova y todas estas.

Por tu discurso, te veo algún día liderando al equipo de FedCup.

Sería un honor increíble, por supuesto. Lo que pasa es que hay mucha gente valiosa por delante de mí para ese puesto. Ojalá algún día ocurra, que llegue lo que tenga que llegar, yo estaría encantada.

¿Y viajar por todo el mundo con una solo jugadora?

Básicamente es lo que hago ahora, pero con cuatro a la vez (risas). A veces no es fácil gestionar caracteres tan diferentes al mismo tiempo, aunque tenemos muy buen rollo y se genera un ambiente espectacular. Nos llevamos todas genial y me tratan muy bien, pero sí es verdad que no es lo mismo llevar a cuatro que llevar a una.

¿Qué darías por volver a jugar?

Daría todo por volver […] También te digo que todo lo que conlleva estar en forma y competir no sé si sería capaz de soportarlo otra vez, lo hice tantas veces… es muy sacrificado. Pero si me dices de volver a tener 25 años, sin tener ningún dolor, ¿lo dejaría todo? Te digo un sí súper rotundo.

Y con una wildcard para este torneo.

Y si no, la compro yo (risas).

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