Julián Alonso: "El entrenador español transmite bien porque a nosotros nos transmitieron bien en su día"

Tras un año entrenando a Arantxa Rus, la holandesa destaca como la jugadora con más victorias de la temporada (63). “El objetivo es acabar el año en el top80”.

Julián Alonso y Arantxa Rus, una pareja de éxito en 2019. Fuente: Instagram
Julián Alonso y Arantxa Rus, una pareja de éxito en 2019. Fuente: Instagram

Hace un año que conocí a Julián Alonso (Canet de Mar, 1977) aprovechando su visita al BBVA Open Ciudad de Valencia y el destino ha querido que, doce meses después, el mismo torneo nos vuelva a juntar. Pero esta vez no para hablar de su carrera, sino de su trabajo como entrenador. Tras casi un año ayudando a Arantxa Rus desde el banquillo, la tenista holandesa marca 63 victorias en 2019, más que ninguna otra raqueta. Sus siete títulos conquistados la han devuelto al top100, pero el secreto de su éxito comenzó mucho mucho antes de entrar a la pista. El técnico español nos cuenta cómo revolucionó el día a día de una Rus que hoy camina, golpea y respira de forma diferente. El regreso de una mujer que todavía no había dicho su última palabra.

De septiembre a septiembre, cómo ha cambiado la película.

Un poquito sí. Al poco tiempo de aquella entrevista terminé de trabajar con Renata (Zarazúa) y empecé con Arantxa. Llevamos un año juntos y aquí estamos.

En aquella época estabas en plena mudanza de vuelta a España. ¿Qué tal ha sido el regreso?

Volver a casa siempre es bien, que tu hijos puedan disfrutar de tus padres es una maravilla. En otras épocas me costó más adaptarme por la comparativa, siempre te persigue esa duda de si has hecho bien, de si volveré algún día, pero tengo muy presente que a la larga volveré a Estados Unidos. No sé cuándo, pero volveré.

¿Por qué Arantxa Rus?

Cuando salió esta oportunidad, el proyecto me gustó. Arantxa es una jugadora que ya estuvo 60º del mundo, era un reto volver a meterla ahí cinco años después. Por circunstancias de su vida llevaba mucho tiempo estancada.

Sé que los inicios no fueron fáciles.

Cuando una jugadora lleva tantos años metida entre la 100 y la 180 del mundo, jugando solo torneos grandes, luego tiene miedo de volver a jugar los pequeños, pierdes la confianza. Cuando empezamos yo le dije lo que esperaba de ella, dónde quería verla a final de año, y así empezó nuestra pelea. Al principio era un pulso constante, a ver quién tiraba más, pero luego empezó a creer en lo que yo le decía. Le pedí otra manera de enfocar los entrenamientos, el físico, los partidos, incluso el calendario, era un cambio radical y el plan tardó seis meses en funcionar. Hubo un tiro y afloja continuo. Lo entendía un día, pero tres no.

¿Qué te pedía ella?

Su ilusión era volver al top100. Yo creo que por físico y por juego puede estar sin problemas, es muy buena, pero el factor cabeza es el que marca el rumbo. Con mucho trabajo ha vuelto a creer que las cosas se pueden conseguir. Hubo un momento donde mi idea era ponerle las cosas muy difíciles, situaciones incómodas.

¿Por ejemplo?

Sacarla del hotel oficial de un torneo y llevarla a un motel de baja calidad. O directamente ella decir A y yo decir B, solo por llevarla la contraria, sacarla de su zona de confort. Ese fue el punto de inflexión, en el mes de marzo, a partir de ahí empezaron a llegar los frutos.

Desde que empezó el año suma 63 victorias y siete títulos.

En ningún momento pensé que iba a ganar siete torneos. Mi objetivo era hacerle sentir de nuevo que podía ganar, cuantas más veces mejor, que fuera a la red a dar la mano con la sensación de haber ganado. Cuando tú eres top50 y juegas torneos grandes, estás acostumbrada a eso. El problema está en las jugadoras que están del 50 al 150, si no mezclan con torneos ITF van perdiendo ese hábito. Un par de malos torneos y te caes.

La cuestión es que ella con 21 años ya estaba en el top60 y era la mejor holandesa del ranking.

No le costó esfuerzo meterse arriba, pero ahora ya es una mujer adulta, tiene casi 29 años. Por eso esta vez había que volver de otra manera, siendo más sólida y más humilde. Que con este trabajo ella luego pueda agarrarse a esos números para mantenerse en la élite muchos años.

Seguramente sienta la presión de volver al lugar donde ya estuvo.

Esa presión la tuvo todos estos años. Cuando empezamos a trabajar yo le dije las cosas muy claras, a veces hasta fui un poco cruel. “Nadie espera nada de ti, absolutamente nadie te está mirando, no hay presión, no hay expectativas. Lo único que hay es el trabajo diario, no dar nada por hecho y respetar a todas las rivales, sobre todo en torneos inferiores”. Al tener ella un mejor ranking que el resto, el objetivo muchas veces es tumbarla a ella. Poco a poco fue entendiéndolo, luchando en partidos de tres y cuatro horas, esto es la jungla y nadie te regala nada. Día tras día sacaba su mejor versión, solo así puedes irte a dormir con la conciencia tranquila.

Tú conoces los peligros que conlleva subir demasiado rápido.

Por supuesto, le hablo desde la experiencia propia. En mi caso, si me hubiera costado más trabajo meterme arriba, seguro que hubiera durado más años. Ahora mi consejo trata sobre mis errores, le hablo con autoridad porque sé lo que hay.

¿Qué es lo más difícil de resetear a una persona?

La paciencia. Marcarse un objetivo, cumplirlo y marcar el siguiente. Tuve que sentarla y hablarle muy claro. Para ser una jugadora que se mueve entre la 100 y la 130, no necesitas ir con entrenador, después de once años en el circuito ya cuentas con la experiencia suficiente para viajar sola, con tu amiga o con tu vecina. Te mantendrás arriba porque la calidad ya es alta. Ahora, si vas a invertir en mí, quiero un cambio. A final de año volveremos a hablar y, si nos gusta lo que vemos, pues seguiremos una temporada más.

Hablas de objetivos, me sorprende. Es la palabra que más evitan los entrenadores.

Mira, cada semana le escribo en un papel los puntos que puede ganar por cada ronda que pasa. A la vieja usanza. Un jugador es una empresa y una empresa se mueve por objetivos. Hay que ser realista, aquí estamos para intentar ganar los máximos partidos y dinero posible, cuantos más años mejor. Soy partidario de marcar siempre los objetivos.

¿Cuál fue tu objetivo al empezar con ella?

Acabar el año entre la 80º y la 85º. Ahora mismo está 97º, le quedarán unos cien puntos. ¿Se puede conseguir? Sí. ¿Se puede no conseguir? También. Pero cada mañana me levanto con ese número en la cabeza, y así se lo he hecho creer. Un día le pregunté por qué había estado tantos años ahí y me dijo que estaba jugando por jugar, sin ningún tipo de objetivo. Si no hay nada que te mueva, cuando las cosas salen mal no hay motivo para levantarte.

Imagino que esa idea no entra de primeras tan fácil.

Al principio le costó entenderlo, pero yo fui muy claro. “Si no puedes jugar con presión, lo mejor es que dejes el tenis. Le harás un favor al tenis, gente como tú no merece estar jugando”. Así de claro se lo dije. El tenis es una lección para la vida, si eres incapaz de marcarte objetivos entonces no servirás ni para el día de mañana. Cada mañana hay que levantarse con el cuchillo entre los dientes e ir a por ello. El que quiera evadir esto, que lo evada, pero la realidad para mí es otra.

¿Hasta dónde le ves potencial?

Los objetivos tienen que ser siempre alcanzables y tocables. A una chica que ha estado cinco años fuera del top100 no puedo decirle: “El año que viene vas a mejorar tu marca personal”, que es 61 del mundo. Mi objetivo es acabar entre 80-85 del ranking, para luego intentar asaltar el top50 el año que viene. Ahí ya juegas otro tipo de torneos, con más puntos por ronda. Pienso que ella puede mejorar esa marca, esté yo con ella o esté otra persona.

Entre 2012 y 2013 llegó a perder 17 partidos seguidos, ¿habéis hablado de esto?

¿En serio?

Es marca histórica.

Pues mira, para muestra un botón, todo está en la confianza. Ahora llevaba doce victorias seguidas y hace dos meses ganó catorce seguidos. Todo está en la cabeza, cuando un jugador entra en esa espiral de negatividad puede perder hasta con el pistero.

¿Cómo llevas el volver a viajar cada semana?

A nivel personal lo llevo bien porque la chica responde, es trabajadora, es seria, es humilde, el día a día es tranquilo. Cuando tú vas con un jugador que te escucha e intenta aplicar lo que le dices, todo es más agradable. Estamos aquí para trabajar, si no cojo a mi familia y me voy de vacaciones. Hasta que no se consigue el objetivo no paramos, eso sí, sabiendo que no vas a ganar cada semana. Cuando pierdes hay que darle la vuelta lo más rápido posible. Si tú eres capaz de darle la vuelta al jugador y que, el día después de perder se levante con una sonrisa, entonces todo merece la pena.

Te veo muy comprometido.

Ahora mismo estoy a full con Arantxa, es buena chica y la quiero ayudar, es muy buena gente, quiero que se olvide de estos cinco años y sea mejor de lo que fue en su día. Esto ya me pasó con Mirjana (Lucic-Baroni) y es una sensación muy gratificante, ayudar a una persona más allá de que le pegue mejor con la derecha o de revés. Lo que no quería es que quedara traumatizada pensando en que ya no era tan buena como antes y que ya no valía para nada, que pueda vivir una vida feliz.

La carta del entrenador español nunca falla, ¿qué tenéis?

El entrenador español transmite bien porque a nosotros nos transmitieron bien en su día. Esto va pasando de generación en generación. Ahora veo a muchos entrenadores y entrenadoras por aquí, compañeros míos en su momento, que lo hacen fenomenal. El entrenador español está cada vez más de moda, somos trabajadores y eso la gente lo ve. Nos involucramos en el proyecto, buscamos ayudar a la persona, más allá del tenista.

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