Bianca Andreescu y un tenis impropio de su irrupción

El tenis de Bianca Andreescu, a sus 19 años, parece una mezcla de Simona Halep y Kim Clijsters. Algo absolutamente impropio para su edad.

Bianca Andreescu. Foto: Getty
Bianca Andreescu. Foto: Getty

El US Open 2019 en su versión femenina tuvo en el encuentro de octavos de final entre Bianca Andreescu y Taylor Townsend dos soplos de aire enormemente fresco para un circuito que, si bien tiene jugadoras muy diferentes, no dispone de 'desafíos' como el que en sí mismo supone la estadounidense, una jugadora que ha sacudido el escenario con un juego de saque-red que no tenía mayor herencia que el de un pasado excesivamente lejano. Junto a ella, la victoria de Bianca Andreescu, que no es sino el triunfo de Canadá como la escuela tenística más productiva y prometedora de la década que ya termina, la segunda del siglo XXI.

Y felicitándonos por la posibilidad de que Taylor Townsend abandere un juego absolutamente extinto en la disciplina femenina, más si cabe hay que sorprenderse con lo que ha hecho la canadiense en este US Open, pues no es si no el fruto de un talento absolutamente inusual y puntual en la historia del tenis femenino. No porque sea difícil de encontrar talento precoz de primer nivel, cuando precisamente esto es el día a día del tenis femenino, sino por la extraña sensación de madurez que desprende el juego de Bianca con 19 años. No hablamos de madurez competitiva o de tener la cabeza en su sitio, sino el impecable equilibrio y naturalidad que proyectan sus golpes y sus juegos, que no es lo mismo, estando ambos en una sincronía prácticamente perfecta.

Como si fuera una pareja de baile, los golpes y el juego de Bianca Andreescu corresponden a una cadencia mucho más propia del paso del tiempo. Es común observar en la precocidad de quien aparece y sorprende la potencia en su juego (Osaka), una enorme calidad en sus golpes (Anisimova), una energía y un derroche vibrantes (Gauff), una personalidad espectacular, pero no es nada normal que una jugadora que acaba de comenzar destaque, entre todas las cosas, por la sintonía con la que la calidad de su juego se alinea con la calidad de sus golpes.

Bianca Andreescu tiene 19 años y por la manera que tiene de construir los puntos y finalizarlos, con inteligencia y calma pero también con capacidad para decidir cuando ponerles punto y final, parece haber nacido con la continuidad que anhelaría cualquier entrenador del mundo para una chica de 26 años. Como si hubieran mezclado a Simona Halep y a Kim Clijsters, ambas ya con varias temporadas en el circuito. La canadiense parece ese tipo de jugadora que pone sobre el tablero el ritmo, la longitud del punto y la potencia necesarios para adaptarse a lo que tiene enfrente.

Por eso, su triunfo no parece tan puntual o intermitente como el de Muguruza, Ostapenko o Stephens, sino el de una jugadora que parece más que preparada para estar siempre a la vanguardia, para ser una tenista táctica y tenísticamente atemporal a quien le sale de manera fluida y sencilla jugar un tenis con todas las cartas de la baraja disponibles.

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