Nadal se quedó con una verdadera batalla ante Schwartzman

El español supo sufrir durante el primer y segundo set para conseguir el pasaje a las semifinales del US Open donde lo espera el italiano Matteo Berrettini.

El español volvió a meterse en las semifinales de un Grand Slam. Foto: Getty
El español volvió a meterse en las semifinales de un Grand Slam. Foto: Getty

Hay un proverbio chino que dice: “Para derrotar a Rafael Nadal en un Grand Slam es obligatorio terminar con él cuando esté besando el piso”. Y vaya que esa frase estuvo inscripta en alguna pared del estadio Arthur Ashe, donde el español venció a Diego Schwartzman por 6-4 7-5 6-2 en dos horas y 48 minutos en el marco de los cuartos de final del US Open.

Si hay algo que caracteriza al actual número dos del mundo es la manera de encarar los partidos más allá del rival de turno. No subestima a nadie. Es por eso que siempre comienzo a 200 kilómetros por hora. Nunca piensa en regular la máquina para guardar energías con vistas a lo que sigue. Sin embargo, esta noche se lo vio distinto. Como sabiendo que enfrente tenía un adversario más que digno de respetar. Alguien que podía complicarlo y llenarle de preguntas el formulario de ingreso a las semifinales del torneo. Por consiguiente, decidió apretar el acelerador más de lo habitual desde el minuto cero. No quería encontrarse con una sorpresa. Y le propició un contundente 4-0 inicial al argentino.

Le pegaba de un lado y del otro y la defensa del sudamericano –a pesar de ser más que aceptable- no lograba soportar semejante nivel. No obstante, en el quinto game del primer set algo cambió: Schwartzman decidió volver a su táctica de contraataque, no tomar por sobre manera la iniciativa y despacito fue dando vuelta el rumbo del encuentro. En ese sentido, hilvanó cuatro juegos seguidos para dejar a Nadal tambaleando. Casi groggy. Aún más cuando se puso 15/40 con doble chance. Pero en ese momento apareció Nadal. El que se agarra de las cuerdas. El que nunca baja la guardia. Y al que tenés que matar unas cuantas veces antes de darlo por muerto. Salvó los dos break points, ganó su game y luego el de su adversario. 6-4 en 58 minutos. “Grito de Vamos por un lado”, desazón por el otro.

En el segundo set la película pareció una analogía de la primera manga: Rafa sumó cinco de seis juegos y se predispuso a sacar 5-1 para sellar un 2-0 a su favor. A pesar de eso, Schwartzman no se rindió, recuperó dos breaks y se metió en partido nuevamente. Parecía increíble. Todos atónitos en la cancha. Los fanáticos se ponían de pie. Aplausos para ambos. El espectáculo era digno de ser comparado con las grandes finales. “Olé, olé, olé, Diego, Diego”, bramaban los argentinos.

Nadal sentía impotencia desde el fondo. Necesitaba cambiar velocidades y alturas del tiro. Subir más seguido a la red. Una situación pocas veces vista. Sin embargo, figurita repetida. El campeón del US Open en tres ocasiones subió la vara nuevamente y quebró cuando estaba 6-5 para quedarse con una importante ventaja tras dos horas y siete minutos.

Todo amante del tenis no quería que terminara el partido. Salvo algunos estadounidenses que decidieron irse después de haber cumplido el cometido de comer unos nachos, tomar una cerveza y subir una story a Instagram.

Y cuando parecía que el trámite venía para un cierre, Nadal sintió calambres en su brazo derecho. Pidió la entrada del fisioterapeuta y hasta se animó a llamar al médico. De todos modos, al momento de la verdad no pensó en regular y siguió golpeando como si recién comenzaban las acciones, hecho que lo condujo al break necesario para tomar una distancia que fue imposible de descontar para el argentino.

Su próximo rival será el italiano Matteo Berrettini quien dejó en el camino a Gael Monfils en cinco sets.

Nadal llegó este año a las semis de todos los GS, dato que refleja su nivel y lo bien que está físicamente. Y ahora nos preguntamos: ¿llegó la hora del 19° Grand Slam?

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