Monfils no muestra piedad ante Andújar

En un partido especial para Pablo, el francés mostró un tenis inmaculado desde el fondo, sin lagunas mentales, para conseguir su billete hacia los cuartos

Monfils celebra durante su partido. Fuente: Getty
Monfils celebra durante su partido. Fuente: Getty

Llegaba Gaël Monfils a la cuarta ronda del Us Open con un objetivo claro: poder economizar esfuerzos, relativizar la paliza que se dio ante Shapovalov y cumplir con su condición de favorito. Del otro lado, la ilusión, la esperanza y la historia de fantasía de un Pablo Andújar que se encontraba ante un nuevo territorio: la segunda semana de un Grand Slam, en una superficie que no es su favorita y ante un rival de jerarquía en este tipo de circunstancias. Por desgracia, todo este cóctel acabó por explotar y la aventura del conquense acabó en un visto y no visto, en tan solo 1 hora y 26 minutos por un contundente 6-1, 6-2 y 6-2.

Monfils hincó primero el diente en el saque de Andújar; después de salvar dos turnos de saque donde estuvo 0-30 abajo, el francés se sacudió el polvo y puso la maquinaria en marcha, dominando desde el fondo con la derecha de dentro a fuera y elevando su efectividad al saque. Ese break enfrió el ambiente para Andújar, que se veía 4-1 abajo casi sin comerlo ni beberlo. El combo 1-2 de saque y derecha le daba réditos sobrados a Gaël, que volvió a hacer break para poner un 6-1 en el marcador. Era el reflejo de un primer set desangelado y muy desnivelado que, en consecuencia, duró tan solo 20 minutos. Quizás algo confundido por lo que parecía el letargo inicial de Monfils, a Pablo le faltaba esa marcha más para poder dar pelea; durante el primer set no pudo conectar ni un solo winner por sus siete errores no forzados. Mucho tenía que cambiar el guion de cara al segundo set...

Y Andújar recibió un pequeño envión de confianza salvando los dos primeros break points del segundo set. Sin embargo, el ritmo que el francés imponía al servicio era demasiado para el conquense. Monfils se gustaba, incluso dejando uno de sus 'tomahawks' característicos en forma de remate. Con un globo tremendo y una derecha de transición aún mejor, Monfils generó su tercera bola de break del segundo set que capitalizó con otro punto aún mejor: un passing shot de revés con giro incluido. El galo brillaba y ni tan siquiera los cambios de ritmo de Pablo (dejadas, globos y alturas) podían producir algún cambio en los derroteros del encuentro. Su rival parecía, simple y llanamente, mucho mejor. Tras un intercambio de revés a revés en el que Pablo decidió subir a la red, Monfils lo superó con suma facilidad para volver a sumar otro doble break.

El inicio del tercer set fue otra daga colocada en la espalda de Pablo. La cabeza del tenista español estaba totalmente fuera del partido, totalmente a merced de los grandes palos que conectaba Monfils. Gaël no mostraba visos de desconexión mental ni signos de cansancio. Estaba simplemente a otro nivel. El break en contra, sin embargo, espoleó a Andújar, que se quitó cualquier tipo de presión y empezó a variar mucho más su juego, con varias dejadas y golpes cortados que incomodaron a Monfils. Sin embargo, la incapacidad del español para conseguir puntos gratis al saque no acompañaba para nada, dejando la puerta abierta a Monfils para poder pasar al ataque desde su primer golpe, y fruto de ello un nuevo doble break en lo que sería el acta de defunción del conquense. Hubo un gesto que lo resumió todo: con 4-1 y 15-0 a favor, el francés colocó un globo impresionante cerca de la línea. Andújar no pudo hacer otra cosa que sonreír, hacer el gesto de darle la mano y reconocer que lo suyo estaba siendo tenis de otro planeta.

Las estadísticas dan una perspectiva muy gráfica de lo que fue el encuentro: 33 winners por 22 errores no forzados y un 81% de puntos ganados con el segundo saque para Monfils, mientras que Andújar acabó con solo 6 winners por 25 errores no forzados. A ritmo de su celebración a lo Black Panther, Monfils vuelve 3 años después a los cuartos de final de un Grand Slam, donde tendrá licencia para soñar ante Matteo Berrettini. Para Andújar, este sueño es solo un nuevo comienzo y ha de irse muy satisfecho de un Us Open donde el tenis le ha vuelto a sonreír.

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