Kuznetsova: "Sam Sumyk controla a sus jugadoras, para él es una estrategia"

La tenista rusa se sincera en una entrevista donde repasa su infancia, la amistad en el circuito, sus dos Grand Slams o su relación con su padre

Svetlana Kuznetsova. Fuente: Getty
Svetlana Kuznetsova. Fuente: Getty

El paso de Svetlana Kuznetsova por el Us Open no fue el esperado. Tras alcanzar la final en Cincinnati, donde cayó ante Madison Keys, la tenista rusa buscaba un buen resultado allí donde, hace ya 15 años, alcanzó por primera vez la gloria en un Grand Slam. Sin embargo, la tenista rusa aprovechó su paso por la Gran Manzana para dar una profunda y extensa entrevista con Eurosport Rusia (recogida por una tuitera en el siguiente hilo) en la que reflexionó sobre varios aspectos de su carrera que han acabado siendo decisivos en su trayectoria.

Sveta es una mente inquieta, que se muestra abierta, tal y como es, y que esconde historias que ya quisieran para sí muchas de las mejores tenistas del mundo. Dentro de la pista es una auténtica guerrera, pero fuera de ella no se queda corta. Su carácter de hierro es formado a través de una infancia y adolescencia duras, teniendo que ejercer un movimiento que atemoriza a tantos y tantas chavalas que miran al futuro: dejar tu país por uno que te dé más oportunidades. En el caso de Kuznetsova, fue España.

"Mudarme a España fue un paso muy importante porque antes de eso no era consciente de nada. Mi madre lo quería más que yo, lloraba cuando perdía. Eso me impresionó, todo lo que hacía lo empecé a hacer por ella. La gente me decía que no sería nadie en el deporte y mi madre discutía todo, había nuevos entrenadores siempre. Elegir a dónde ir fue un proceso largo, había dos opciones: España o América. Mi padre tenía un campo de entrenamiento para ciclistas entre Barcelona y Valencia así que nos decantamos por España. Cuando llegamos allí me sentí agradecida, es gracias a ellos por lo que amo este deporte, por lo que empecé a disfrutarlo, incluso cuando los entrenamientos eran de 9 a 1 y de 4 a 6, y a los 16 años ya era la mejor Sub-18".

Esa relación con sus padres, los causantes de que Svetlana persiguiese su sueño en España, tiene un profundo impacto en Sveta. Su padre, Aleksander Kuznetsov, fue entrenador de cinco campeones olímpicos, haciendo que el deporte corra en las venas de la familia. Sin embargo, ese trabajo también tiene su parte mala: "Me encantaría que mi padre se sentase en mi banquillo algún día. Nunca ha estado porque siempre está ocupado, tiene mucho trabajo. Esto lo sabe nuestra familia, y es muy difícil salir fuera, todos juntos. Yo me voy de vacaciones una vez al año, y una vez le sugerí a mi madre visitar las Maldivas. Ella me dijo, "¿no has contado con papá?". Ni tan siquiera se me pasó por la cabeza porque mi padre no había ido de vacaciones en su vida, es inaceptable para él. Había comprado tickets para dos, pero lo hablé con él y decidió ir. No me lo creía. Compré el último ticket que había. Mi madre y yo nos quedamos tres días más que él, porque él tenía que volver para estar con su equipo. Cuando se fue, mi madre no podía encontrarlo, no respondía. Mi hermano me dijo que estaba quitando la nieve del tejado del hotel. Quizás esa sea la razón por la que ha tenido tanto éxito en todo lo que ha hecho".

La filosofía del esfuerzo es también algo distintivo de la familia, una filosofía que se traduce en la actitud en pista de Kuznetsova. Guerrera, trabajadora, especial: todos adjetivos que podrían definirla. Eso la ha llevado a dos títulos Grand Slam: Us Open 2004 y Roland Garros 2009, dos torneos que aún recuerda. El primero de ellos, de hecho, está marcado por el éxito de Rusia aquel año, con la victoria de Myskina en Roland Garros 2004. Sveta tiene una historia sobre aquello: "Perdí contra Myskina en Roland Garros después de tener bola de partido, y el dueño de mi academia, Emilio, me obligó a sentarme y ver la final. Para mí eso era un suicidio. Darme cuenta de que tuve la oportunidad, que podía haber ganado a Nastia y haber avanzado. Antes era mucho más sensible, ahora no tanto, pero aquello me encendió. Fue un movimiento psicológico: la próxima vez que tuviese match points, no perdería mis oportunidades. No se me pasaba por la cabeza ganar el Us Open aquel año, la verdad.

24 horas después de ganar el Us Open ya estaba viajando hacia Bali y gané allí, dos torneos seguidos. Después de pasar por China empecé a ir cuesta abajo, estaba acabada físicamente. Entrenaba muchísimo, estuve entre las 8 mejores en las finales de la WTA en Los Ángeles, volví a Moscú para la final de la Fed Cup. Después de un año tan increíble, el siguiente año fue de declive para mí porque el cuerpo tiene un límite, No tuve ni tiempo para celebar el Us Open, no hubo celebración. Vivía en España y hablaba con 3 o 4 personas, ya está. La gente en San Petersburgo no me quería, incluso siento que se enfadaban si ganaba algo. Recuerdo a niños después de la Fed Cup que me decían, "buen trabajo Sveta". Nada más. Sin celebraciones".

Después llegó el título en Roland Garros que daría más amplitud a una carrera que de por sí ya es increíble. Su mentalidad durante estos Grand Slams es casi inexistente; cuanto menos piensa, mejor para ella. "Nunca ha habido un Grand Slam que pensase que podía ganar. Nunca. Creo que es imprudente. Conociéndome, cuanto menos piense, mejor para mí". Esa auto-exigencia prácticamente militar se traduce en la relación que Kuznetsova establece con sus compañeras de circuito, marcando las distancias y dejando un par de frases bastante explosivas: "En el circuito no hay amistad. Amistad es una cosa radicalmente diferente. Tengo un puñado de amigos, de hecho. Pero comunicarnos diplomáticamente, ser respetuoso cuando se debe... creo que es imposible no hablarnos de forma amable, no quieres parecer arrogante. Por ejemplo, Muguruza y todas las jugadoras que fueron entrenadas por Sam Sumyk dejaron de hablar al resto. Es su estrategia, él controla a sus jugadoras. Pero no soy ese tipo de persona, al menos necesito socializarme".

Esto se hace extensible a la actitud que muestran las nuevas generaciones, las más jóvenes, a la hora de afrontar el tenis. Para Svetlana, la actitud y los valores de la nueva generación quedan reflejados en la pista... y no de la mejor forma posible. "Cuando estamos con el teléfono, estamos todo el rato tap, tap. Años atrás me sabía todos los modelos de teléfonos, ahora cada vez que sale una actualización pienso... dios mío, me quedo con la antigua. Nos hacemos mayores. Si hablamos de tenistas jóvenes, no están enseñados para respetar. A nosotros nos enseñaron respetar. Cuando tienes éxito sigues siendo igual al resto, sigues con tu misma educación. Las jóvenes que han salido últimamente te miran por encima del hombro. Cuando practico con algunas personas, a veces me siento como si fuese una recogepelotas. Entiendes que una persona con una actitud tan arrogante no va a tener tanto éxito".

Es momento para que Sveta siga creando un ejemplo para todos aquellos que tengan grandes objetivos en su vida. Su filosofía y sus reflexiones te hacen aprender y cuestionarte todo. Y tú, ¿qué opinas de sus palabras?

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