Zverev evita la eliminación en un auténtico thriller

El tenista alemán fue capaz de reponerse psicológicamente a la remontada de Albot y mostró un mejor tenis en los momentos importantes del quinto set

Zverev tira una dejada en su debut. Fuente: Getty
Zverev tira una dejada en su debut. Fuente: Getty

Alexander Zverev consiguió avanzar en su duelo inicial en Flushing Meadows... no sin sufrir de lo lindo ante un Radu Albot que a punto estuvo de remontar dos sets a cero (6-1, 6-3, 3-6, 4-6, 6-2) en un partido que se alargó por tres horas y diez minutos, donde hubo constantes cambios de dinámicas y que puede dar un envión de moral importante al de Hamburgo.

En el primer set solo existía un jugador sobre la Pista 17, un Zverev imperial con su servicio y que capitalizó bien sus oportunides (3/4 en bolas de break). Especialmente carburaba el revés, que arrojó 2 winners desde el fondo además de algunos buenos passing shots. Al fin y al cabo, las stats de Albot lo dicen todo: 0 winners y la friolera de 11 errores no forzados en tan solo siete juegos.

En el segundo set, un pequeño despiste al saque de Zverev hacía presagiar lo peor, pero parecía que el jugador moldavo aún seguía con las mismas dudas sobre el tapete. Lo que era un 0-2 de salida se convirtió en un abrir y cerrar de ojos en un 5-2 de cara a Sascha. ¿La diferencia? Las prestaciones al servicio. Radu enfrentaba un muro prácticamente infranqueable, con un 80% de puntos ganados con el primer saque, mientras que el moldavo apenas podía cerrar las vías de escape que su servicio daba (idénticos porcentajes con primer y segundo servicio: 50%).

Sin embargo, Alexander en Grand Slams es un especialista en complicarse la vida. Ningún escenario imaginable a este punto podía preveer que Albot tuviese posibilidades. Su mayor mérito era añadir errores no forzados a una pila ya de por sí considerable ante un Zverev bastante cómodo. Y, a pesar de todo eso, el tercer set vio como un cambio drástico de dinámicas acaecía en el encuentro. Albot elevó su número de puntos ganados con el primer saque a un 79% y fue el encargado de pegar primero: una bola de break fue necesaria para poner el 6-3 y evitar una derrota en sets corridos.

Cuando te mides a alguien como Zverev, tan desprovisto de confianza en su tenis en los últimos meses, generar dudas en su cabeza puede suponer un cortocircuito. El cuarto set fue una verdadera ruleta rusa donde los estados de forma parecían importar poco, con intercambios de breaks constantes y un Zverev cuyo bajón a nivel mental se hizo palpable en al saque. Donde ganaba todas las estadísticas ahora se veía superado, con un pírrico 57% de puntos ganados con el primer saque. Albot había hecho los ajustes convenientes y la atrapada mental de Sascha, con discusión con el árbitro y Albot en el 4-4 incluida (según él, el moldavo había parado un punto a pesar de jugar un revés cortado a la cruceta tras una bola dudosa) mandó el partido a donde toda la grada de la Pista 17 quería: al quinto set.

Con las espadas en todo lo alto, volvimos a asistir a una tendencia cada vez más dada a ocurrir en la ATP: un desajuste nuevo y total de las dinámicas. Albot entregó un break de salida con una doble falta, entregando las llaves del partido a Zverev. El juego siguiente fue, a todas luces, un auto-break: revés paralelo a la red y doble falta para completar la autodestrucción y restablecer la igualada en el marcador.

En este momento importaba ya poco el tenis desplegado sino quién fallara menos en los momentos de presión. Y fue Albot quien dejó irse primero, con dos errores en pelotas neutrales por el lado del revés que permitían a Sascha hacerse con un nuevo break de ventaja. Puño al aire del alemán y una grada con él, mientras que el moldavo, lejos aún así de su mejor tenis, dejaba caer la raqueta en señal de desapego.

El siguiente juego fue absolutamente dramático. Zverev salvó una bola de break tras mandar una derecha mordida a la línea, y como si ese punto hubiese sido una revelación, aprovechó una bola corta para atacar con su drive por dos ocasiones, subiendo a la red con éxito y cerrando el 5-2. Sascha, ya sea por suerte o por señal divina, supo aprovechar esa línea milagrosa. Con 5-2, se soltó y lanzó un cohete en forma de revés paralelo para poner presión sobre el saque de Albot, que sucumbió a ella y con una doble falta regaló el 0-40. Radu entregó el partido con otro revés paralelo, un 6-2 que no refleja la tensión y la igualdad del quinto set.

Zverev puede irse relativamente contento de la jornada de hoy: esquivó una bala, se sobrepuso a un muy mal tramo de juego y mostró los dientes en el quinto set, jugando mejor que su rival los puntos importantes. En lo negativo, sus lagunas mentales y bajones de confianza siguen dándole disgustos y obligándole a jugar muchísimo más tiempo del requerido en pista. Si esta victoria será balsámica para él o no solo lo sabe el propio Sascha, cuya única meta ha de ser ir partido a partido.

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