Ernesto Escobedo, moldeando el talento

Tras pasar por un periodo difícil a nivel mental, quien fuese una vez #67 ATP quiere volver a dar que hablar con una gran actuación en el Us Open

Ernesto Escobedo en su última participación en el Us Open. Fuente: Getty
Ernesto Escobedo en su última participación en el Us Open. Fuente: Getty

Ernesto Escobedo se acerca poco a poco a ese punto de maduración que todo tenista quiere alcanzar. Durante el año 2017, el estadounidense se encontraba dentro de aquella terna de contingentes americanos con nombres como Taylor Fritz, Frances Tiafoe o Reilly Opelka. Era #67 del mundo, una posición sólida desde la que poco a poco entraba en cuadros ATP, conseguía victorias y se empezaba a hacer un nombre habitual en el circuito ATP. El futuro parecía claro y brillante.

Sin embargo, en ocasiones es necesario dar varios pasos atrás para afrontar el futuro con garantías. Las molestias físicas y las lesiones hicieron aparición en la vida del tenista de ascendencia mexicana. Su historia es algo peculiar: como adolescente entrenó en las pistas públicas de Los Ángeles, fuera del sacrificio que supondría ir a una academia privada, y Ernesto aprendió del tenis en el patio trasero de su casa de Jerez, en el estado de Zacatecas; allí, su padre, Ernesto Sr y la hermana de este, Xóchitl, entrenaban día tras día. Xóchitl representó a México en los JJOO de 1988 tras practicar en una pista cuya red no era más que un alambre. La historia de los Escobedo es, pues, una de superación, de demostración que el tenis también puede cubrir a todas las esferas y capas sociales.

Volviendo a ese periodo de lesiones, Ernesto empezó a dudar hasta de sí mismo. Cayó en el ranking estrepitosamente, cerca del top-300. Sus armas dejaron de funcionar: incluyendo una derecha monstruosa, la principal razón por la que su ascenso en el ranking había sido tan espectacular. Su combo saque-derecha, ese 1-2 punch que tanto se valora en el tenis actual, podía ser devastador, tirando pelotas con peso que siempre le hacían estar en control del punto. Con toda la confianza en su juego perdida, apareció un hombre que lo salvó: Jan-Michael Gambill, antiguo #14 del mundo, que cogió las riendas de Ernesto para moldear su juego. "Trabajar con Jan ha sido lo máximo para mí. Hay pocos entrenadores en el mundo del tenis que no estén trabajando, pero tuve la suerte de que Jan dejase de trabajar con Jared (Donaldson) por su lesión el año pasado. Siento que hemos hecho click desde el día uno. Ha sido un gran paso hacia adelante el invertir en un entrenador privado. Simplemente, sabe cómo entrenarme, cómo hablarme. Es muy humilde. Siento que no tenía claro mis objetivos tenísticos hasta que conocí a Jan", reconoce Ernesto en declaraciones para TENNIS.

Para un tenista como Escobedo, lo principal es ordenar la mente, alejar pensamientos negativos para poder continuar con patrones y rutinas. En una época dura, Gambill recuerda cómo ha conseguido obrar ese subidón de autoestima: "Ernesto se acercó a mí con poca confianza pero con muchísimo talento por pulir. Está todo ahí, solo necesita ser refinado. Sabía que desde el principio podía marcar la diferencia en su juego, pero partimos desde la casilla de salida. Le mantuve lejos de los torneos durante seis semanas para poder trabajar en sus fundamentos y simplificar un par de cosas en su juego, especialmente en la zona del revés, que era un debilidad y ahora puede ser un arma. También hemos trabajado en su selección de tiro. Es un placer trabajar con él. Si le dijese que atravesase una pared de ladrillos, lo haría, es ese tipo de persona".

Tras estar seis semanas en las pistas de entrenamiento, el ranking de Escobedo cayó al #290 del mundo. Ningún problema: era todo parte del proceso. "Quería que las cosas fuesen en una dirección positiva. Mi objetivo era que Ernesto jugase la qualy del Us Open, pero ganó el Wild-Card Challenge, algo increíble". ¿Qué es eso del Wild Card Challenge? Una especie de competición entre los tenistas americanos durante varias semanas en las que quien consiguiese más puntos a nivel de Challenger sería agraciado con una invitación para el Us Open.

Ernesto la ganó de forma convincente, volviendo a saborear las mieles de la victoria con un título en Granby y unas semifinales en Aptos. En este último torneo, algo hizo click durante su batalla ante su compatriota Bjorn Fratangelo: "Salvé dos bolas de partido. Me dije, ve a por ello. ¿A quién le importa si fallo? Así que jugué mis golpes y me salió bien. Eso me hizo conseguir la invitación definitivamente, superar a Bjorn. Fue increíble seguir la racha con una victoria ante Damir (Dzumhur).

Ahora, el trabajo de todos esos meses y esa especie de pretemporada se ve recompensado con una nueva aparición en el Us Open. No será el americano más aplaudido, teniendo en cuenta su ascendencia mexicana, pero el premio sigue estando ahí. Sin embargo, Gambill aún ve que Ernesto puede progresar en varios aspectos: "Ernesto tiene todas las herramientas. Tiene una de las mejores derechas del circuito y golpes potentes en general. Necesita creer un poco más en sí mismo. En su corazón, es una de las mejores personas que he conocido nunca. Pero como jugador de tenis profesional, tienes que salir a pista con el cuchillo entre los dientes, juegas ante alguien que te quiere barrer de la pista. Le he dicho a Ernesto que sea él mismo, pero está aprendiendo a ser un poco más duro, más "canchero". Está ocurriendo poco a poco, lo veo en sus ojos".

"Está empezando a darse cuenta de todo lo que puede hacer con su juego. Estoy emocionado por ver su camino". Un qualy lo espera en su primer duelo en Flushing Meadows. En el horizonte, si superase a Verdasco, un posible duelo ante Nadal en tercera ronda. ¿Conseguirá Ernesto llegar al mayor desafío de su carrera? Lo descubriremos pronto.

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