Filip Polasek, una historia de superación

Campeón en Cincinnati, el eslovaco culmina así su vuelta al tenis tras estar cinco años fuera del circuito debido a una grave lesión de espalda

Ivan Dodig y Filip Polasek, campeones en Cincinnati. Fuente: Getty
Ivan Dodig y Filip Polasek, campeones en Cincinnati. Fuente: Getty

La vida siempre da segundas oportunidades a quienes se lo merecen. El trabajo y el esfuerzo son máximas innegociables para llegar a lo más alto, sea cual sea tu posición o status. En el tenis pasa lo mismo: a veces, más allá de los focos dominados por la élite, se encuentran historias de perseverancia por parte de héroes anónimos que aman al tenis por encima de todo. La de Filip Polasek es una de ellas.

Quizás a muchos les suene este nombre de oídas, pues no en vano el eslovaco ha sido un doblista más que respetado durante muchos años. Once títulos alumbraban su palmarés hasta 2013, y un pico histórico como #20 del mundo daban fé de una trayectoria sólida y del respeto que los grandes de la categoría tenían por él. Sin embargo, el destino tenía reservado un revés de esos capaces de acabar con una carrera profesional.

"Tuve que parar por una lesión de espalda grave. Presionaba a todos mis nervios, tenía discos sueltos en mi columna vertebral. No podía sentir mi pierna izquierda, no podía aterrizar en el suelo, ni tan siquiera saltar, no podía ejercer presión. Decidí parar, había tenido una buena carrera, siendo #20 del mundo ATP, ganando títulos en Zagreb, en Casablanca, y esta no era una situación que pudiese manejar a largo plazo. Intenté tratar la lesión pero no tuvo buenos resultados, aún me resultaba doloroso uno o dos años después. Así que descubrí lo que sí podía hacer: entrenar a los chavales, de 8 a 14 años, y eso lo hice durante tres años", comenta Filip en declaraciones a la radio de la ATP desde Cincinnati.

Durante media década Polasek se dedicó a entrenar a chicos en un retiro ideal, Piestany, la mayor ciudad balnearia de Eslovaquia. No tenía nada que reprocharse a sí mismo: había encontrado la estabilidad y seguía vinculado al tenis. Sin embargo, el destino lo juntaría con una de las mayores leyendas de la disciplina, alguien que, en cierto modo, revivió el fuego interno de Polasek: Mike Bryan. "Él tiene una novia eslovaca ahora. En aquel momento fue bastante gracioso, porque me encontré con él la semana anterior de jugar algunos partidos por equipos en Alemania, que me habían ofrecido. El club por el que iba a jugar me llamó el jueves anterior y me preguntaron si podía entrenar con 'un Bryan' el lunes. Me resultó extraño. "¿Qué Bryan?", pregunté yo, y ellos no tenían ni idea: "uno de ellos, no sé quién". Pensaba que estaban de broma, ¿cómo iba a venir uno de los dos Bryans a Eslovaquia?. Al final Mike apareció y estuvimos juntos, entrenamos durante una semana más o menos, incluso organizamos un partido de dobles con Igor (Zelenay, doblista eslovaco). Mike me dijo que debería volver a jugar, que aún tenía muy buen nivel. Yo me reía y pensaba, "tranquilo, aquí estoy muy bien". Tenía a mi hija, disfrutaba de la vida, no pensaba para nada en el tenis. Pero desde entonces esa sensación empezó a crecer y dos meses más tarde ya estaba jugando".

Filip Polasek y Philipp Oswald tras ganar el Challenger de Lisboa.

Cuando parecía imposible, Polasek se embarcó de vuelta en un viaje cuyo destino final nadie conocía. ¿Cómo iba a aguantar su maltrecha espalda el ritmo competitivo? ¿De verdad no se iban a notar cinco años de parón? Cualquiera diría que aquel eslovaco de 33 años no era un conocido miembro del circuito: 3 títulos de Futures (más una final) y otro título de Challenger (más otras tres finales), con diferentes parejas a lo largo de 2018, evidenciaban que el talento y la calidad estaban ahí. Lo más importante de todo no era eso: el cuerpo aguantaba el desafío y las ganas de jugar aún estaban ahí. "Me encanta hacer cosas imposibles. Sabía lo que tenía que hacer para volver a estar entre los mejores. Nunca pensé, "Oh, tengo que jugar Futures y Challengers cuando he estado top-20, qué pena". Siempre me dije a mí mismo que me merecía ese tratamiento, estar ahí. Cuando volví, quería competir con jugadores en torno al #100 del mundo. A medida que subía en el ranking iba cambiando mi objetivo. Sabía cómo iba a ser el proceso, porque los resultados no vienen de la nada, pero me lo tomé partido a partido", declara rememorando el año pasado en Baseline.

Un año después de su vuelta, el proceso estaba casi completado. En 2019, cinco coronas de Challenger más habían catapultado al eslovaco de vuelta al top-100, con el ranking suficiente para empezar a jugar torneos ATP. El compañero ideal estaba esperándole: Ivan Dodig, otro habitual en las finales de esta disciplina durante la última década. ¿Su primer resultado? Una final en el torneo de Antalya, carta de presentación casi inmejorable. Una semana después, la hierba de Wimbledon lo vio llegar a las semifinales, superando su mejor resultado histórico en un Grand Slam. Parecía un guiño del destino: todo lo que más de seis años en el circuito no habían podido conseguir, apenas 12 meses fueron capaces de hacerlo.

"Todo empezó en Antalya. Fue mi primer torneo con Ivan y nos dio un chute de energía muy importante. En Wimbledon nos tocó a Jamie Murray/Skupski en primera ronda: era un cuadro difícil, pero al mismo tiempo me sentí feliz. Quería jugar contra estos jugadores, ver dónde está mi nivel. Ganar o no no iba a cambiar mi vida. Un set a dos abajo el partido se suspendió por lluvia, y al día siguiente jugamos increíble. Remontamos y a partir de ahí arrasamos, no perdimos un set hasta las semifinales. Fue brutal, pero pensábamos en ir partido a partido. En semifinales perdimos pero fue un gran partido. No podía pedir más".

Lo que no sabía Polasek es que el ciclo se cerraría solo unos meses después. Tras hacer una gran gira de verano, llegando a las finales en Gstaad y Kitzbühel (ganó la segunda) y caer en primera ronda ante los campeones en Montreal, el camino de la pareja croata-eslovaca en Cincinnati ha sido un microcosmos del viaje de Polasek: derrotó a su buen amigo Mike Bryan en segunda ronda (sin su ayuda quizás nunca esto habría pasado) y arrasaron a Jamie Murray y Skupski en semifinales (¿hubiese tenido tanta confianza en sí mismo Filip si no se hubiese suspendido su duelo en Wimbledon?). La final contra Cabal/Farah, decidida en el super tie-break, fue una explosión de júbilo y de alegría que certificaba una de las historias más bonitas del año. Mostrando un tenis vistoso, eléctrico, merecedor de estar en las cuentas atrás de "highlights", Polasek se acababa de coronar campeón de Masters 1000 por primera vez en su carrera.

"Para mí esto no es una vuelta al tenis, es una segunda carrera. No tiene nada que ver con mi primer periodo, solo estoy usando la experiencia de aquella época. En este momento estoy más hambriento que nunca por un resultado importante. Quiero llegar lo más lejos posible". Ahora, los ojos están puestos en Flushing Meadows. Un Grand Slam, por improbable que pueda parecer, sería una gota de romanticismo en un deporte ávido de ella, el triunfo del esfuerzo y el no rendirse y la constatación de que las historias bonitas también tienen cabida en el tenis. El circuito está más que avisado: si ni una espalda rota ni cinco años pudieron parar a Polasek, que se preparen el resto de parejas.

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