Kamau Murray, un intelectual dentro del tenis

El actual entrenador de Monica Puig ofreció una rueda de prensa en Cincinnati para hablar de sus orígenes, sus inquietudes y la esencia de un deporte como el tenis.

Kamau Murray habló con la prensa en Cincinnati. Fuente: Getty
Kamau Murray habló con la prensa en Cincinnati. Fuente: Getty

Para los que trabajamos en el tenis de manera continuada, hace tiempo que nos dimos cuenta que la WTA funciona bastante diferente a la ATP en cuanto a nivel comunicativo se refiere. Ya no solo en los torneos de cara al periodista, sino también en cuanto a versatilidad e ideas revolucionarias. Como por ejemplo, la de hacer pasar a los entrenadores de las jugadoras por la mesa de prensa. Esto lo llevan haciendo ya en varios eventos de la temporada y Cincinnati no iba a ser una excepción. Esta vez, rescatamos el discurso que nos dejó Kamau Murray, técnico de Monica Puig en la actualidad. El de 39 años, conocido en el mundo entero por llevar a Stephens a conquistar su primer título de Grand Slam, expuso su librillo y su filosofía a través de varios temas.

Sus inicios. “Todos los campamentos de verano estaban llenos porque nos inscribimos tarde, el único que todavía aceptaba personas era un campamento de tenis, pero en mi vecindario nadie quería jugar a tenis, les rogaban a la gente que fueran. Mis padres eran ingenuos al tenis, nunca jugaron, nunca lo vieron y no sabían nada al respecto. Aun así me permitieron ir, nos costó 12$ todo el verano. Al final del verano, el entrenador alertó a mi madre sobre la opción de cursar un programa escolar completo durante un año, me había visto talento. Ahí empezó todo, la gente incluso decía que me parecía a Artur Ashe por ser flaco y tener la cabeza grande. De broma me solían llamar Artur Ashe Junior”.

Empezar a competir, el gran cambio. “Tardé cuatro años en divertirme. De los 7 a los 11 fue una tortura de actividad, además todavía seguía jugando al baloncesto. Pero a los 11 comencé a competir, a jugar torneos y a salir de los suburbios de Chicago. Vi que no era malo, así que fue una sensación genial, sobre todo al ver todo lo que mis padres estaban invirtiendo. Competir revela mucho de tu personalidad, en mi caso era muy cerebral. Ese proceso competitivo es realmente intelectual, lo disfruté mucho, disfruto midiendo la dureza de mi cabeza”.

¿Es el tenis un deporte intelectual? “Cambia mucho dentro de un partido. Dentro del mismo hay parte que se vuelve muy académicas, pero también otras que se vuelven más duras, de valentía. El tenis es todo eso junto, múltiples momentos difíciles a lo largo de todo el día, por eso tenemos un entorno tan complicado. Tenemos la mejor combinación de atletas y pensadores, no hay mucha gente tonta en este deporte, sino gente valiente, inteligente y atlética. Es una gran herramienta de enseñanza para que los niños aprendan a cómo pensar en cada momento y adaptarse, porque el Plan A rara vez funciona en un partido completo. Siempre hay un ajuste y un contra-ajuste, por eso tienes que estar presente, pensando, absorbente y flexible”.

Entrenador, un giro en el guion. “Comencé con un par de niños de mi barrio, tenía tiempo libre y quería mantenerme ocupado. Entonces se volvieron bueno y ahí empecé a tener algo de éxito, por lo que vinieron nuevos niños. Se me presentó la oportunidad de trabajar con nombres como Donald Young o Taylor Townsend a tiempo completo, aunque todavía era una transición de juniors a profesionales. La principal acabó siendo Taylor, a quien entrené junto a Zina Garrison. Lo hizo bien, llegó al 80 del mundo. Una vez terminé con ella, saltó la oportunidad de trabajar con Sloane”.

La mejor parte de su trabajo. “Este viaje merece la pena porque ayudas a las personas, ya tengan 5 años o 25 años. Resulta muy gratificante y también muy desafiante intelectualmente, muy estimulante. Disfruto de tener un impacto local en mi ciudad y un impacto global al mismo tiempo, de ayudar a los jugadores a hacer crecer su perfil y cambiar sus vidas a través del deporte. Creo que es importante que las minorías estén presentes en el deporte. Por ejemplo, hace tres años apenas había entrenadores afroamericanos entrenando en el top100. Por suerte, esto está empezando a cambiar, aunque todavía falta mucho camino”.

Una filosofía marcada en cuatro ideas. “Hay principios indiscutibles que cualquiera debe tener. El compromiso es el número uno. La disciplina es el número 2. La flexibilidad es el número 3. El temperamento es el número 4. Esos cuatro deberían estar presentes en cualquier filosofía, estilo de juego o enfoque que vayas a tomar como jugador. El nivel de compromiso del jugador y el entrenador deben estar alienados, ser el mismo. La clave es descubrir en qué momento se encuentra cada jugador y estudiar cómo puede encajar. Es muy interesante, parece un trabajo distinto cada día”.

Mantener el equilibrio del jugador. “Los más importante es que los jugadores acepten las circunstancias de cada semana y no intenten duplicar las de la semana pasada. ¿Cuántas veces pierdes en primera ronda después de haber ganado un torneo? Todo cambia de una semana a otra, si uno no reinicia hay riesgo de bloqueo, se quemará intentado replicar algo que no puede. Es necesario contar con una persona madura para poder hablar, pero los tenistas pasan tanto tiempo solos que no son muy proactivos a la comunicación, así que nos toca buscar atajos para llegar hasta ellos. Si vas directamente hacia ellos se asustan”.

Malos días en la oficina. “Un mal día es cuando sabes que no lograste llegar hasta tu jugador. Cuando les ves salir de la cancha sintiéndose mal por lo que acaban de hacer. Ahí ves que tu comunicación no fue la correcta, que no te entendió como debería. Un buen día es cuando tu jugador sale de la cancha y te dice que fue genial, que ahora lo entiende todo. Se siente bien, siente que ha progresado, ese es el objetivo. Hacerles sentir que son más de lo que son”.

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