Tommy Paul, un tapado que va a por más

Mientras el mundo del tenis se fija en Tiafoe, Opelka o Fritz, hay otro estadounidense que quiere alcanzar a sus compañeros más pronto que tarde

Tommy Paul, durante el torneo de Washington. Fuente: Getty
Tommy Paul, durante el torneo de Washington. Fuente: Getty

Tommy Paul ha vivido una carrera llena de altibajos, de momentos cumbre y de bajos incontrolables. A día de hoy quizás a no todo el mundo le suene el nombre de un tipo de aspecto risueño, jovial, ideal para esas películas estadounidenses de adolescentes que hemos visto hasta la saciedad. A fecha de esta semana, Tommy es 128 del mundo, su mejor ranking histórico.

Paul es uno de los miembros de esa generación estadounidense que poco a poco ha empezado a asomar la cabeza últimamente. Encabezada por Frances Tiafoe, un cabeza de cartel cuya historia de superación robó todos los titulares durante sus semanas en Australia, la plaza de lugartenientes parecía reservada a otros dos jóvenes que ya han hecho ruido a nivel ATP: Taylor Fritz y Reilly Opelka, dos gigantes que ya tienen un título en sus vitrinas. Poca gente tenía en cuenta hasta hace poco a un Tommy que sabe perfectamente de lo que son capaces sus compañeros: ha crecido con ellos.

Y sabe cómo ganarles desde el primer momento; no obstante, Paul derrotó a Fritz en la final de Roland Garros junior de 2015. Varios meses más tarde, Taylor se tomaría la revancha en suelo patrio, ganando el título en Flushing Meadows. Había dos americanos en la cresta de la ola, con una proyección enorme y con ganas de dar el salto al profesionalismo. Pero como bien indica el nombre, el hecho de ser profesional es clave. El cuerpo de Paul siempre ha sido frágil y sufría roturas constantes. No eran ni mucho menos graves, pero siempre existía una pequeña torcedura por aquí, algo roto por allá, que no permitía tener la continuidad deseada tanto dentro como fuera de la pista. Tommy tampoco tenía las mejores rutinas de trabajo posibles, descuidando la carga física y bastante reacio a acudir al gimnasio.

Tommy había hecho algunos resultados a nivel ATP, como unos cuartos de final en Washington, pero su ranking iba y venía sin ningún tipo de regularidad. El año pasado, Paul decidió dar un cambio drástico a sus rutinas. Si quería alcanzar su verdadero potencial, era el momento de no solo cuidar el nivel tenístico, sino también la parte física, la alimentación y todo ese trabajo oscuro que muchos no ven y no valoran. Una dolencia en la rodilla que le estuvo molestando durante casi todo el año pasado fue el detonante final. "Tuve un par de lesiones bastante molestas que me dejaron fuera seis meses, una por una. Tomé una decisión: hacer todo lo que estuviese en mi mano para prevenir las lesiones y mantener flexible a mi cuerpo. Esa es una parte del por qué tengo al entrenador viajando conmigo y trabajo con fisioterapeutas cuando estoy fuera", declara Tommy a la ATP.

Eso que Paul llama "el entrenador" no es más que un preparador que le ayuda con lo que no hacía antes: la carga física. Si Tommy no quiere ir al gimnasio, ya hay alguien que le obliga a hacerlo. Sin embargo, la responsabilidad que ha adquirido a sus 22 años hace que ir al gym es algo que nazca de él: "Definitivamente, ir al gimnasio no ha sido la norma de mi carrera. Mi preparador me ha estado ayudando mucho, aunque no puedo olvidarme que lo único que hace es beber mate. Lo odio (risas). Pero lo superaremos. Es bueno, ahora trato con cuidado a mi cuerpo incluso después de las derrotas, lo único que hago es volver al gimnasio y cuidar mi cuerpo. Ahora mismo lo estoy pasando muy bien. Cuando juegas bien, siempre es así, pero cuando vas al gimnasio, no siempre es divertido", señala un Paul que está disfrutando de una de las mejores semanas de su vida en Montreal.

Tras pasar la previa con comodidad, el jugador de Nueva Jersey derrotó con comodidad a Brayden Schnur en lo que significa su segunda victoria histórica en un Masters 1000. El próximo desafío es Fabio Fognini, todo un premio para un Paul que ha basado su enorme progresión en su solidez en el circuito Challenger (se estrenó en Charlottesville a finales del año pasado y conquistó Sarasota en abril de 2019). Ahora toca dar lo máximo en el siguiente nivel. "Aquí es donde quiero estar. Está claro que estoy contento por jugar estos torneos... aunque hay que decir que el nivel que hay aquí con respecto al circuito Challenger es más cercano de lo que imaginas. Todo el mundo puede jugar bien, también en los Challengers, aunque es evidente que estoy feliz por estar aquí ahora mismo".

A sus 22 años, Paul posee un juego endiablado. Es rapidísimo, tiene un gran juego de pies que le permite estar en todos los lados de la cancha y domina todos los golpes desde el fondo de la pista. A un primer vistazo, puede parecer que Tommy es algo débil y falto de fuerza, pero lo compensa con un timing delicioso a la hora de impactar la bola. El talento fluye en función de su confianza, y tras esta gran racha en el segundo escalón del tenis, el talento sale a la luz en grandes dosis. Uno de los primeros testigos de ello fue Dominic Thiem, que lo enfrentó en su debut en Roland Garros. Empatados a un set, durante la mayor parte del tercero parecía que Paul tenía ganado el control del partido, dominando al austriaco desde el fondo... y llegando a disponer de un 4-0 a favor en el tie-break del tercer set.

"Estaba muy fastidiado. Debí haber ganado ese tercer set. Se me pasaron un montón de cosas por la cabeza tras ese partido, pero una de ellas fue que definitivamente no estoy para nada lejos de estar a ese nivel. Sentí que podía haberle ganado aquel día. De hecho, sentí que debería haberle ganado aquel día".

Paul jugará esta madrugada ante Fognini por los octavos de Montreal en busca de su primer gran batacazo. Quizás es lo único que necesita para que el gran público, también en su país, se fije en él y vuelva a recuperarlo tras una brillante época de juniors. Al acecho del top-100 y de ese gran resultado, el eléctrico estilo de Tommy Paul quiere seguir haciéndose paso en el circuito. Créanme, es más que bienvenido.

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