Paula Badosa, la pasión, el trabajo y el talento todo lo pueden

Repasamos desde un punto de vista muy personal, la progresión de la joven española que ha permitido su irrupción en el top-100.

Paula Badosa alcanza el top-100. Foto: twitter
Paula Badosa alcanza el top-100. Foto: twitter

Hay personas que tienen algo especial. Esencia, aura, carisma. Esos intangibles que se perciben solo cuando se ve a alguien en su hábitat natural. El de Paula Badosa es la pista de tenis. Sin embargo, muchos sabemos que, en nuestra propia casa, en ese microcosmos que tanto cuesta construir y en el que se pueden vivir los momentos de mayor felicidad, también se puede pasar muy malos tragos. Paula es un animal competitivo que se vio despojada de su fiereza, una deportista que ha tenido que hacer un fuerte ejercicio de reinvención tras toparse con un obstáculo habitual en la vida: las expectativas demasiado altas y la frustración que genera no alcanzarlas.

Recuerdo perfectamente el Miami Open 2015. Era la primera vez que veía jugar a Paula; afronté el asunto con contención a sabiendas de lo difícil que es sacar conclusiones de una chica de 17 años que se enfrentaba a su primer gran torneo. Vi muy buenos golpes, actitud ganadora, ambición, pero, sobre todo, vi una mirada especial. Esa mirada que solo poseen los deportistas llamados a hacer cosas importantes, no tanto en forma de resultados, algo que depende de muchos factores, sino en lo que concierne a la conexión con el público. Badosa tiene un don y es el de transmitir con su juego. Era evidente que no estaba madura y eso se confirmó meses después en Madrid, cuando sufrió unos calambres que se repitieron al año siguiente, fruto de los nervios y la presión competitiva.

Los años pasaron y aunque había destellos de una clase magistral (como su título en El Espinar 2017), era evidente que algo no funcionaba. Pude presenciar un partido suyo en el ITF El Espinar 2018 y lo que vi no se asemejaba en nada a lo que esperaba. Me encontré con una mirada nerviosa y esquiva, una chica que golpeaba a la pelota con el ansia de quitársela de encima y que cuando acabó su partido por retirada ante Liudmila Samsonova, quiso aislarse del mundo. Sentada en un bordillo, ajena a todo lo que la rodeaba, era la viva imagen de la derrota moral, de un juguete roto, de una persona carente de objetivos que se derrumbaba por dentro y estaba a punto de hacerlo por fuera. Si en el mundo del tenis había alguien capaz de revertir esa situación era Xavier Budó, otra de esas personas especiales y capaces de cambiar dinámicas.

Su unión ha dado como resultado algo mucho más importante que unas semifinales de un torneo WTA o el acceso al top-100. Ha hecho que Badosa recupere al amor por el tenis, que disfrute jugando y no se obsesione con lo que los demás esperan de ella. Paula vuelve a jugar liberada, ha progresado mucho en lo que a inteligencia emocional se refiere, escoge bien los golpes y se mueve con velocidad. Algunas de sus derrotas esta temporada han sido el claro termómetro de que las cosas se estaban haciendo bien. Cayó en la fase previa de Roland Garros 2019 un partido que tuvo en su mano, pero lejos de perderse en soliloquios intimistas y mostrar frustración, luchó hasta el final y se fue de la pista con la cabeza alta.

El éxito se cosecha con el día a día y lo que vemos en competición es el resultado de lo que se siembra en los entrenamientos. El proceso de recuperación llegó a su fin cuando Badosa tuvo la valentía y la honestidad de reconocer lo mal que lo pasó y poner nombre a su problema: depresión. Son muchas las personas que tienen miedo a reconocerlo, que no saben cómo abordar una enfermedad más grave y peligrosa de lo que se pueda imaginar. Fue un aviso a navegantes, una manera de demostrarse a sí misma y a los demás que estaba preparada para ser feliz y que esa felicidad se plasmara en la pista de manera definitiva. Su ejemplo puede inspirar a gente que se ve perdida, carente de la fuerza necesaria para afrontar cada día sus obligaciones y que vaga por el mundo por inercia. Que una chica de 21 años llamada a la gloria y que se dedica a lo que la apasiona atraviese un problema como éste y haya sido capaz de superarlo y hablar de ello con madurez, supone uno de esos regalos que el deporte hace a la sociedad.

Fue en ese momento cuando la española realmente empezó a alcanzar esas semifinales, a ganarse un puesto entre las 100 mejores y a cimentar las bases del éxito que le espera si sigue en esta dinámica. Habrá altibajos, pero Badosa ha construido un dique de contención que le permitirá alcanzar ese concepto tan ansiado en todos los aspectos de la vida como es la resiliencia. Los golpes que antes la hundían, ahora permiten que sea más fuerte y afronte el futuro con energías renovadas. El tenis español está de enhorabuena. Paula Badosa gana, Paula Badosa transmite y Paula Badosa sonríe. Solo queda disfrutar de lo que pueda venir.

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