Andrea Jaeger, historia de una niña prodigio

Antes de Coco Gauff ya existían fenómenos precoces. Uno de ellos fue una joven de Chicago que acabó dedicándose a la filantropía. Esta es la historia de Andrea Jaeger

Andrea Jaeger, junto a Martina Navratilova tras la final de Wimbledon 1983. Fuente: Getty
Andrea Jaeger, junto a Martina Navratilova tras la final de Wimbledon 1983. Fuente: Getty

Mientras Coco Gauff vuelve a las pistas para seguir asombrando al mundo con su juego y madurez, Andrea Jaeger ve su evolución, tranquila, desde su residencia en Santa Rosa, USA. Nadie mejor que ella para saber qué significa ser una estrella antes de cumplir los 16, para saber qué significa que los focos recaigan sobre ti de manera repentina. Con 14 años ya era profesional, con 15 había ganado su primer título WTA y con 16 ya era la número 2 del mundo. Una de las primeras 'niñas prodigio' se sentó con la WTA para reflexionar sobre su carrera y las similitudes de la misma con respecto a la de Gauff.

"Me volví profesional a los 14 años, haciéndome camino desde los eventos de pre-qualy, hasta las previas y de ahí a los cuadros principales, y cada experiencia era nueva y emocionante". Jaeger era solo una niña en el momento de dar el salto, pero su mochila ya llevaba un bagaje imponente: 13 títulos en USA como junior, incluyendo la Orange Bowl y el torneo de Boca Ratón. "Creo que cuando eres una niña y amas lo que estás haciendo todo te resulta fascinante, y eso es probablemente lo que esté pasando por su cabeza. Cada vez que entre en la pista va a romper récords. Como jugadora profesional está haciendo cosas que muchos otros nunca van a poder hacer, es muy positivo para el tenis femenino. Tiene un porte imponente y su juego es extraordinario también". A la hora de hablar de Coco, Andrea también destaca que, más allá de estar haciendo las cosas increíblemente bien, la estadounidense es una privilegiada: "Está claro que hay ciertas ventajas que ha tenido, como entrenar en una academia o tener una invitación para jugar la previa de Wimbledon. Hay gente que trabaja toda su vida para meterse en la previa de Wimbledon y nunca lo consigue. Eso significa que está haciendo las cosas muy bien, todo sea dicho. Está claro que va a ser un ejemplo y una fuerza destacada en el circuito femenino. He visto algunas entrevistas con sus padres y parecen bastante centrados. Sé que mis padres desearían haber tenido un manual que diga cómo criar a una niña prodigio".

Jaeger tiene una historia desgarradora acerca de su padre, Roland, antiguo boxeador y figura autoritaria con la que no siempre se llevó bien. Esa historia acontece en 1983, pero retrocedamos un poco en la carrera de Andrea: por aquel entonces, el circuito femenino tenía dos grandes protagonistas: Chris Evert y Martina Navratilova. Para ganar un grande, en ocasiones había no solo que derrotar a una, sino a las dos; que se lo digan a la jugadora de Chicago, que apalizó a Evert en las semifinales de Roland Garros 1982 (6-3, 6-1)... para caer contra Martina en la final con prácticamente la misma autoridad (6-7(6), 1-6). Aún así, era la primera final de Grand Slam con apenas 16 años para alguien a quienes se le auguraban muchas más. Jaeger era, junto a Tracy Austin, el futuro de la WTA.

Pero volvamos a 1983. Con 18 años, Jaeger estaba en la verdadera cresta de la ola. Ubiquémonos en Londres, en plena disputa de un Wimbledon en el que había jubilado a Billie Jean King en las semifinales con un contundente doble 6-1 (la derrota más dura de BJK en todas sus participaciones en Wimbledon y su último partido allí). En la final esperaba Martina Navratilova, una revancha anticipada por lo que pasó en Roland Garros. Lo que acabaría ocurriendo durante aquella final encuentra su razón de ser en los eventos de la noche anterior, narrados por la propia Jaeger en 2003. "Antes de que empezase aquel Wimbledon tuve un esguince grave en mi dedo gordo porque me encantaba tirarme en la hierba, pensaba que era divertido. La lesión, que no conté a nadie, significaba que tenía que ajustar mi grip para el torneo, algo que no es fácil. El día antes de la final mi padre insistió en que entrenase. Yo no quería porque mi dedo estaba bastante mal por entonces. Tuvimos... digamos que tuvimos una discusión acalorada y supongo que no se dio cuenta del alcance de mi lesión".

La solución de Roland fue drástica: dejó a su hija fuera del apartamento como castigo. Andrea se encontraba en la calle la noche antes del partido más importante de su vida debido al carácter irascible de su padre. "No sabía qué hacer o dónde ir. Era una niña, no conocía a casi nadie, así que fui al único sitio donde conocía a alguien: la casa de Martina (Navratilova), ya que la había alquilado prácticamente en la misma calle que la mía. Solo Dios sabe lo que pudo pensar cuando una adolescente se presentó, llorando, en la puerta de su casa, pidiendo poder utilizar un teléfono, la noche antes de verse las caras en la final". Jaeger no dio más detalles de lo que pasó a continuación. Lo que sí sabemos fue lo que ocurrió al día siguiente: Navratilova la derrotó por un 6-0 y 6-3 que levantó algunas ampollas. Muchos cuestionaron la profesionalidad de la joven adolescente. "¿Cómo puedes ir a un partido y ganar a una persona que se ha comportado como una amiga? Quizás si hubiese mantenido un carácter competitivo hubiese ganado, quién sabe. No fui al partido con la mentalidad con la que debía. No quiero quitarle crédito a Martina ni hacer ver que no di lo máximo, pero la vida es más importante que un partido de tenis". Andrea nunca volvió a hablar de aquella final con Martina.

Su carrera nunca volvió a ser la misma. En 1984 se operó por primera vez del hombro; solo tres años después, con 22 años, anunciaría su retirada. Por aquel entonces, Andrea ya no pensaba en el tenis. Volvió a la universidad, fuera de los focos competitivos del circuito, y decidió estudiar teología, dar a su vida un enfoque totalmente diferente. Como una especie de "bendición", las lesiones cambiaron su vida por completo; decidió destinar las ganancias que había obtenido en la creación de The Silver Lining Foundation, una organización que se dedicó a trasladar a pacientes de cáncer durante una semana a la ciudad de Aspen, en Estados Unidos, donde realizaban diversas actividades lúdicas. Ahora tiene su propia fundación, The Little Star Foundation, cuya función tiene muy clara: "Vivimos en un mundo muy diferente que necesita bondad. Necesitamos que la gente que está sufriendo o teniendo problemas tenga a otras personas mandándote energía, amor, esperanza y amabilidad".

"A través de todo mi dinero en premios y el de otra gente que nos ayuda, estamos ayudando a niños por todo el mundo. Aún así, necesitamos más patrocinadores. Hay 220 grandes hospitales en Estados Unidos, así que queremos cubrir esos hospitales, orfanatos, escuelas". Andrea tiene muy claro donde está el foco: en crear un legado importante a través de su obra filantrópica. "Para mí, devolver a la gente fue siempre mi prioridad. Si hubiese podido jugar al tenis profesionalmente y llevar a cabo obras de caridad a la misma vez, lo habría hecho. Las tenistas no tienen pretemporada, es una época intensa y ocupada. Yo fui a un instituto normal, así que llevaba mis deberes cada vez que viajaba. La clave estaba en en cómo devolver el bien que algunas comunidades me hacían. Espero que la gente reflexione sobre esto, porque son los aficionados quienes mueven el deporte".

"Para mí todo esto, quizás, era algo más natural porque siempre he querido ayudar al resto. Creo que tenía un don para servir, más que para ser una deportista profesional. Así que creo que fue difícil tener ese 'instinto killer' que se necesitaba en este deporte". Nadie sabe cómo llevará la presión Coco Gauff ni qué derroteros tomará su carrera. Lo que sí sabemos es que, de las muchas niñas prodigio que existieron y existirán, no todas cumplen con las etiquetas que cargan sobre su espalda. No son menos buenas por ello: algunas encuentran una nueva vocación con la que, al fin y al cabo, llenar de felicidad su vida. Andrea la encontró poniendo su grano de arena en la vida de los demás tras sufrir lesiones y malas influencias en la propia. Y eso, sin ningún género de duda, tiene mucho más mérito que llegar a ser número uno del mundo.

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