Las segundas partes nunca fueron buenas… ¿o tal vez sí?

En el mundo del tenis, especialmente en el circuito femenino, ha habido numerosos casos de regresos exitosos. ¿Lo conseguirá Serena Williams?

Serena Williams. Foto: Getty Images
Serena Williams. Foto: Getty Images

Un embarazo obligó a la estadounidense Serena Williams a colgar la raqueta por un tiempo. Eso sí, en cuanto dio a luz volvió a ponerse el mono de trabajo. Pero no solo de embarazos sorpresa viven las retiradas. De hecho, el hastío, la falta de ilusión y las lesiones suelen ser la principal razón por la que una jugadora decide abandonar el tenis profesional. Ahora bien, algunas acaban replanteándose su decisión y dándose una segunda oportunidad. Incluso, triunfando más que antes.

La suiza Martina Hingis, por ejemplo, tenía 25 años y llevaba tiempo lidiando con una lesión en ambos tobillos cuando decidió retirarse del tenis profesional a finales de 2002. Niña prodigio del tenis contemporáneo y con un carácter bastante rebelde, Hingis había ganado 5 títulos de Grand Slam y fue la mejor tenista del planeta durante más de 200 semanas. Tres años después, eso sí, le volvió a picar el gusanillo de la competición y anunció su regreso al circuito.

No le fue nada mal en su regreso a la suiza. En 2006, de hecho, ganó las finales del torneo de Roma (ante Dinara Safina) y Calcuta (ante Olga Puchkova). Y en 2007 se adjudicó el torneo de Tokyo (derrotando en la final a Ana Ivanovic). Sin embargo, el público se quedó helado poco después, cuando se hizo público que la jugadora había sido acusada de consumo de cocaína -algo que la llevaría a anunciar una nueva retirada a finales de 2007-.

Testaruda como ella sola, la suiza debió pensar que no hay dos sin tres, y retomó su carrera profesional en el verano de 2013, aunque ya solo se dedicaría a jugar en dobles. La decisión resultó acertada, pues Hingis llegó a convertirse en la mejor doblista del planeta - acabaría su carrera con 64 títulos de dobles, 13 de ellos de Grand Slam - y terminó forrándose, antes de colgar para siempre la raqueta a los 37 años.

También fue bastante exitoso el regreso a la competición de Kim Clijsters, ganadora de cuatro títulos de Grand Slam - obtuvo tres de ellos después de retirarse en 2007 y del nacimiento de su hija Jada en 2008 -. Clijsters era una de las tenistas más populares y temidas del circuito cuando, en mayo de 2007, anunció que lo dejaba. Comentó entonces que andaba falta de motivación y que le apetecía hacer otras cosas. Casarse y tener niños, entre ellas. A fin de cuentas, sentía entonces que ya había triunfado lo suficiente en el duro mundo del tenis profesional —en el que llevaba inmersa desde los catorce añitos—. Y ya había experimentado lo que se sentía al ser número uno del mundo y hacerse con 34 trofeos individuales (y 11 de dobles).

Pero Clijsters sintió que aún tenía algo que ofrecerle al mundo tenístico, y quiso volver a competir. Tardó muy poco en desengrasar ese tenis tan potente y veloz que le llevó a ser la primera tenista belga en alcanzar la cima del ranking WTA. En su regreso, de hecho, se llevó la final del Us Open 2009 (ante Caroline Wozniacki). Y al año siguiente, se metió en el bolsillo el título en el Tour Championships (también ante la danesa), el Us Open (ante Vera Zvonareva) el torneo de Cincinnati (ante Sharapova), el de Miami (ante Venus Williams) y el de Brisbane (ante Henin). Como guinda al pastel, ganó el Abierto de Australia 2011 (derrotando a Na Li). La belga se retiró para siempre en 2012, dispuesta a dedicarse a su familia y a la academia de tenis que tiene en Bélgica.

Y poco después de esa especie de inicio de segunda juventud de Clijsters, fue su compatriota Justine Henin - ganadora de siete títulos de GS - la que anunció su regreso al circuito, a los 27 años. La de Lieja, tetracampeona de Roland Garros, se retiró por primera vez en mayo de 2008, alegando la pérdida de la ilusión por competir.

Y tampoco le fueron mal las cosas. Empezó 2010 perdiendo la final de Brisbane, precisamente ante Clijsters. Pero brilló en los torneos de s-Hertogenbosch (donde ganó a Andrea Petkovic en la final) y Stuttgart (ganando la final a Samantha Stosur). Aunque alcanzar la final del Abierto de Australia (donde cedió en tres disputadas mangas ante Serena Williams) supuso el punto álgido de su retorno. Una lesión en el codo hizo que, poco después de perder ante Svetlana Kuznetsova en la tercera ronda del Abierto de Australia 2011, anunciase que se retiraba de forma definitiva.

La vuelta a las pistas de la japonesa Kimiko Date - que jugó de forma regular entre 1989 y 1996, y llegó a ser la cuarta raqueta mundial - fue más significativa que las citadas anteriormente, porque se produjo bastantes años después de dejarlo - concretamente en abril de 2008—, cuando la tenista tenía ya 37 años. “El tenis femenino ha cambiado desde los años 90, y para mí fue muy difícil ajustarme a la potencia y al tenis. Sin embargo, puedo disfrutar más mi desafío”, confesó entonces.

La peleona y escurridiza jugadora sorprendió a propios y extraños al conquistar el torneo de Seúl en 2009 - y jugar la final de Osaka en 2010 -. Precisamente en agosto de ese año, la nipona batió un récord al convertirse en la top-50 de más edad - desde que Billie Jean King lo lograse a los cuarenta años en marzo de 1984-. Sin embargo, una lesión de rodilla le impidió jugar de forma regular en las siguientes temporadas, y Date - ganadora a lo largo de su carrera de ocho títulos individuales y seis de dobles- tuvo que pasar por quirófano a principios de 2017.

Sea como fuere, y visto lo visto, ¿quién dijo aquello de que las segundas partes nunca fueron buenas?

Comentarios recientes